«Querían que se conociera quién era el padre de la bestia»

Matías Gueilburt y su experiencia como director de «Los ladrones: la verdadera historia del robo del siglo».

LOSLADRONES
El documental está disponible en la plataforma Netflix.

La Real Academia Española (RAE) brinda dos definiciones sobre el término robar, ambas hacen referencia a “realizar el hecho con violencia, con fuerza o del modo que sea”, por lo tanto, podría pensarse que si un grupo de personas entra a una entidad bancaria con armas de juguetes y con total amabilidad vacían las cajas de seguridad, no estarían cometiendo un ilícito; sin embargo, otra coincidencia entre las definiciones es “tomar para sí lo ajeno”, pero ¿qué pasaría si ese grupo de personas considera que robando un banco todos ganan?

El 13 de enero de 2006 tuvo lugar en nuestro país un hecho delictivo que fue catalogado como “el robo del siglo” y el director de cine argentino Matías Gueilburt nos cuenta qué fue lo que intentó expresar con el documental “Los ladrones: la verdadera historia del robo del siglo”, disponible en la plataforma Netflix: “Lo que intentamos plasmar en el documental básicamente es darle dimensión a la construcción de, en primer lugar, una historia contada desde el punto de vista de ellos, que fue el primer objetivo, encontrar un punto de vista, cosa que nos pareció sumamente rico porque era un grupo muy heterogéneo y en donde cada uno había ocupado un rol muy diferenciado, dentro de lo que tenía que ver con la planificación, el hecho en sí mismo y cada una de las actividades dentro del robo. Después fue también tratar de darle dimensión o poder construir de alguna forma un relato que tuviese el delirio de cada uno de estos personajes, poder meternos un poco en la mente de cada uno de ellos y visualizar la cantidad de cosas y complejidades que habían tenido que atravesar para poder hacer un hecho de estas características, que había impactado tanto a la sociedad. Nos parecía también importante no perder de vista nunca que esto había sido un robo y que obviamente un robo conlleva ciertas consecuencias, que en este caso no habían sido dramáticas o no había víctimas fatales, sí había víctimas económicas pero no había tenido muertos, con lo cual el tono que podía tener el documental no era el de una tragedia ni acercarse a lo que era un true crime, que sería el género de lo que uno ve en otro tipos de historias. Eso a mí me atrajo mucho desde el primer momento, saber que podía correrme un poco en el lenguaje visual y narrativo, en la estructura de la historia, de lo que podría haber sido con un acto delictivo con consecuencias mucho más graves. También intentar plasmar un hecho que había tenido síntomas de una época y de un plan con una construcción llevada al mundo artístico. Nos parecía que la película tenía que tener también eso, tenía que tener el vuelo necesario para adentrarnos en ese universo con esa libertad, pudiendo homenajear a un montón de películas que están ahí adentro.”

Matias Gueilburt
Matías Gueilburt, director del documental.

Algo en lo que el director hace foco es en las cosas que tuvieron que atravesar los delincuentes para planificar un hecho de estas características, y esto es porque el documental nos traslada a vivir el paso a paso de la planificación que comenzó en septiembre de 2004 a cargo del ideólogo, quien intentó estar hasta en el más mínimo detalle para que el robo sea lo más perfecto posible. Por ejemplo, como la intención era huir por los desagües de la ciudad, realizaron estudios topográficos de la zona para cavar el túnel que desembocaría exactamente en el recinto donde se encontraban las cajas de seguridad, y para lograr huir velozmente, elevaron el nivel del agua dentro del desagüe para poder utilizar gomones motorizados. Gueilburt también nos cuenta que el robo está considerado como uno de los diez más importante de la historia y además agrega: “Creo que realmente pensaron en todo, sobre todo Fernando que fue la mente detrás de todo esto y un tipo con una gran capacidad de inteligencia. Creo que a cada pregunta tenía respuesta y esto de repensar como dice él 500 veces el robo y repasarlo, son cosas que uno hace cuando hace una película o un documental, que los revisa y los revisa, ese mismo oficio que uno lleva para una obra, él lo hizo con el robo porque lo vivió de esa forma. Creo que hay algo también interesante que es que gracias a que ellos fueron detenidos, que cayeron muy rápido y no pensaban que iban a caer tan rápido, porque sí tenían claro, sobre todo Fernando, que no hay un robo perfecto y que en algún momento iban a caer porque una forma de la condición humana hace que alguno pueda comprarse un auto más caro, o lo que sucedió, alguna mujer, novia o esposa o amigo que pueda terminar delatando o contando demás, por lo que en algún momento iban a caer pero hasta ahí habían tomado los recaudos más grandes para minimizar de alguna forma el tipo de condenas que les podían tocar frente a este hecho. Eso también me llamó la atención, la idea de que ya sabían que no iba a ser un robo perfecto de alguna forma. Creo también que la posibilidad de que el robo haya tenido condenas permite que esta historia se pueda contar a esos niveles de detalles, porque si no en otras historias el ocultamiento y la autocensura de los personajes no permitiría contar ciertas cosas de la realidad, y, de alguna forma, para que sea como él quiso, una obra, la obra se tiene que plasmar y se tiene que ver. Si no hubiese sido un robo que no hubiese tenido identidad y yo creo que de alguna forma ellos, sobre todo Araujo, querían que se conociera quién era el padre de la bestia de alguna forma y eso sucedió así.”

Cuando el director se refiere a Fernando y a Araujo, está hablando de la misma persona, apodado “el artista” fue el progenitor de la bestia. En el documental nos cuenta cómo era su vida antes de realizar el robo y explica que una de las razones que lo llevaron a tener la idea fue pensar en la “trascendencia de la muerte” y la “finitud de la vida”, dado que una de las formas que él considera que existe para trascender es la artística, ya sea pintando un cuadro, escribiendo un libro, construyendo una pirámide o ¿por qué no? robando un banco y que el hecho trascienda y penetre en la sociedad durante años.

Cuando Fernando tuvo la idea de robar un banco en un atelier de unos 50 metros cuadrados, entendió que no podía conformar un grupo con gente al azar, por lo que emprendió la búsqueda de personas que llevarían a cabo las tareas específicas que él estaba planificando. Y esto es lo que Matías nos cuenta sobre trabajar con ellos: “Uno en este trabajo, del documental sobre todo, se adentra en universos de personas que capaz que uno no conoce o ámbitos en los cuales uno no se mueve, y conocerlo a Fernando, conocerlo a Vitette, a Sebastián y a Beto la verdad que fue una experiencia sumamente interesante y sorprendente, también al darme cuenta de lo claro que tenían muchas cosas del recorrido de la historia, algo que ellos habían atravesado con mucho foco. Sobre todo con Fernando, darme cuenta de eso, del nivel de foco que había tenido para poder pergeñar esta historia. Darme cuenta también que son seres humanos, más allá de que hayan cometido un delito, y pensar también un poco la idea de que, bueno, ellos pagaron su condena, algunos más y otros menos por sus antecedentes, pero que también el concepto de la cárcel como un lugar de rehabilitación, que si uno lo piensa de esa forma, de tratar que la gente salga mejor, en el caso de ellos a partir del robo dejaron de delinquir, cada uno escribió un libro, se hizo una película, después se hizo esta película documental, por lo que me parece que en ese sentido había también algo interesante en eso, que la gente pueda humanizar a los personajes detrás de esta historia, que no deja de ser un delito pero que habían tomado todos los recaudos para tratar de minimizar el impacto y que solamente sea un hecho, casi te diría, económico el de las víctimas”

A la banda se sumaron el uruguayo Luis Mario Vitette Sellanes “el actor”, encargado de ser el negociador con el Grupo Halcón, por lo que durante la preparación del robo tomó clases de teatro; Sebastián García Bolster “el ingeniero”, quien en el documental cuenta que él nunca había delinquido pero que la idea de robar un banco luego de la crisis que había atravesado nuestro país y que había perjudicado a su familia lo convenció, él tenía un taller de motos de agua y estuvo a cargo de la fabricación de la maquinaria que utilizaron para la apertura de las cajas fuertes, por lo que cuenta que se lo tomó como un trabajo; Rubén Alberto de La Torre “el hampón” que vestido de médico fue el primero en ingresar al banco y luego fue el primer capturado tras haber sido delatado por su ex mujer; y a ellos se le sumaron dos cómplices más que se encargaron de manejar el vehículo que los esperaba al salir del desagüe.

Robo del siglo.
La entidad bancaria disponía de dos plantas más un subsuelo.

Así es como el documental nos cuenta la historia en detalle de un grupo de personas que ingresó por la puerta principal del banco Río de Acassuso y luego de largas horas simulando una toma de rehenes huyeron por los desagües con un botín de millones de dólares, sin esgrimir violencia y utilizando armas de juguetes, y graficando lo que fue el hecho con un cartel que dejaron dentro de la bóveda y que así rezaba: “EN BARRIO DE RICACHONES SIN ARMAS NI RENCORES ES SÓLO PLATA Y NO AMORES”.

Para el director Matías Gueilburt, el documental fue posiblemente el proyecto con mayor popularidad en su actual trayectoria y así lo define: “Fue el cuarto documental más visto del mundo durante una de las semanas que estuvo ahí, en Argentina obviamente fue número uno entre películas y documentales y en varios otros países también. O sea, que casi lo vieron 40 millones de personas en el planeta, es un número muy grande y eso a mí me dio mucho placer, y también me dio placer que la gente lo reciba tan bien y sin prejuicios. Era una historia que podía llevar hacia diferentes lados en la opinión pública y en general no hubo mucha controversia en relación a la historia, la gente no se enganchó con la idea ética o moral de la historia, así que eso me pone contento. Después es un documental más o una película más de todas las que hago. A cada uno de los proyectos uno le pone muchísimo tiempo, este nos llevó tres años hacerlo y en plena pandemia, pero a cada uno de los proyectos uno le pone mucho el corazón, esfuerzo, mucho trabajo, mucha dedicación, con todo el equipo trabajando juntos… yo soy la cabeza del proyecto como director pero hay un montón de gente trabajando en diferentes áreas que complementan todo el trabajo que uno va haciendo y somos muchos pensando hacia el mismo lugar, cosa muy importante del trabajo en equipo que es el cine. Así que estoy contento con la etapa del robo del siglo, ahora emprendiendo nuevos proyectos y dejando ir a la criatura”.

Kevin Letcher