Para leer en vacaciones: «La felicidad vive en el Conurbano»

La felicidad fue y es un tema que le ha quitado el sueño a más de uno. Se han hecho frases alrededor de ella para explicarla y siempre fue un tema de debate plagado de subjetividades y puntos de vista. Cada ismo plantea una idea de felicidad basada en sus creencias o prácticas; en el budismo, por ejemplo, se dice que la felicidad es “abandonar todo valor asociado con el yo y asociarlo con valores relacionados con el prójimo”; los hindúes hablaban sobre la aceptación del destino. Aceptar que las cosas fluyan como tienen que fluir y no centrar los actos en la mente, sino en el corazón, ya que consideran al ego y la razón “los peores enemigos de la felicidad”. Por el lado de la ciencia, la neurología dice que la sensación de felicidad “es una actividad incrementada del módulo cerebral especializado en reprimir sentimientos, pensamientos negativos y preocupaciones” y finalmente el hombre de a pie que intenta definirla de alguna manera dice que “la felicidad son momentos”. Inevitablemente surgen algunas preguntas, ¿Se puede estudiar la felicidad? ¿Es medible la felicidad? La respuesta, obviamente, también es debatible.

“La felicidad vive en el Conurbano”, el libro de Bautista Beto Casella, no responde esas preguntas, tampoco es un ensayo romántico sobre la austeridad, pero sí trata de demostrar con estadísticas y estudios realizados por entidades de renombre como la ONU, científicos como Richard Easterlin, la Universidad de Harvard o el mismísimo Maslow con su pirámide y un compendio de datos y testimonios de profesionales de distintas áreas (sociólogos, psicólogos, economistas, etc.), lo que muchos abuelos predicaban mientras tomaban un mate bajo la sombra de un árbol: “el dinero no hace la felicidad”.

Un libro que hasta podría resultar redundante para una persona que goza de vivir “liviano de equipaje” como predica el Pepe Mujica pero que no deja de ser un aporte con aval científico y testimonial para tantos que viven inmersos en —lo que parece inevitable— sociedades capitalistas como la nuestra, en la que el status lo da el consumo y las adquisiciones materiales. Para ellos y para cualquiera que quiera ojear un tema distinto, “La felicidad vive en el Conurbano” invita a reflexionar y a la vez proporciona datos para argumentar lo que Antoine de Saint-Exupéry dijo en El Principito, que “lo esencial es invisible a los ojos”.

César Emiliano Gaetán

«1984» y «Un mundo feliz», una mirada sobre dos obras esenciales

Ficción realista o realidad hecha ficción, el orden de los factores no altera el producto, en ambos casos estas piezas de la literatura muestran una aterradora vigencia si se piensa que sus salidas a la luz fueron en 1949 (1984) y 1932 (Un mundo feliz). La parodia de la sociedad actual que muestran en sus líneas resultan una invitación ineludible a ser leídos por cualquier persona que se tope con alguno de ellos pero, sobre todo, forman parte de la “bibliografía obligatoria” para aquellos que sudan un mar de dudas y cuestionamientos por sus poros.

El futuro llegó hace rato

Enfocados netamente en las historias, uno de los puntos de contacto entre las obras es el escenario futurista sobre el que transcurren. Esta herramienta utilizada por los autores les permitió en esa época solapar sus denuncias y premoniciones bajo un contexto distópico.

En el caso de 1984, Orwell volcó todo el bagaje que traía por haber formado parte de un ejército de resistencia que luchó contra el general Franco en la guerra civil española, cuando formaba parte de un pequeño movimiento marxista llamado POUM. Esa breve pero intensa visión en primera persona, sumada a toda la información y testimonios recolectados del régimen totalitario que se vivió en esos años, fueron el andamio en el que se apoyó para armar lo que según él no era una profecía sino una “exageración satírica de la historia reciente”.

El régimen estalinista fue una de sus grandes musas, naturalmente el nazismo fue otro ismo que hizo grandes aportes a su pluma. Cada uno con sus matices, las ideas totalitaristas no distan mucho más allá del artífice de turno.

Como suelen prevenir muchas series o películas en su inicios con un mensaje rápido que afirma que “cualquier similitud con la realidad es mera coincidencia”, Orwell hace honor a esa premisa y, a través de otros nombres o actos, homenajea ciertos pasajes que tuvo la historia, como por ejemplo el caso de Pavlik Morozov, el «niño héroe» soviético de 13 años que presuntamente fue asesinado en 1932 por su familia al traicionar a su padre y denunciarlo con la policía secreta. Con el paso de los años se supo que la historia de Pavlik fue una especie de mito creado por la propaganda soviética para demostrar que la lealtad al Estado era incluso más importante que la lealtad a la propia familia. Cierto o no, fue una historia que Orwell bien supo capitalizar y la adaptó a su libro.

                     «Decir la verdad en tiempos de engaño universal es un acto revolucionario»

                                                                                                                                         George Orwell

En el recorrido de toda la obra, Orwell maneja un nivel de detalle y precisión que impactó a esos ciudadanos del bloque soviético que leyeron alguna edición clandestina de 1984. Les resultaba inentendible como un autor británico que no había pisado ese suelo podía describir tan fielmente la sociedad en la que ellos vivían.

Pero como toda obra maestra 1984 tiene un as bajo la manga. Como si fuera poco con retratar y denunciar todas las heridas que genera un régimen totalitario, Orwell usa toda esa historia para poner al lector en una situación más que incomoda en lo que para muchos es el punto cumbre de la obra. Pero no hay chances de que eso se diga en estas líneas, sólo nos limitaremos a nombrar “la habitación 101”, el resto es parte del trance de la lectura.

«Sabes muy bien lo que hay en la habitación 101, aunque nunca lo digas en voz alta»

Así como Orwell jugó el rol de denunciante con 1984, Aldous Huxley fue una especie de Nostradamus con las premoniciones que anunció en “Un mundo feliz”, es más, dadas las incongruencias que tuvieron ciertas predicciones del alquimista francés del siglo XVI se podría decir que Huxley lo ha superado ampliamente con la precisión de sus presagios en “Un mundo feliz”.

Una ficción sorprendentemente realista, que muestra como una dictadura no siempre necesita de un tirano uniformado que siembre el terror y forje el respeto en base al miedo, sino que, muy por el contrario, puede ser una democracia plagada de entretenimiento y estímulos que no le permitan a cada persona detenerse un minuto a pensar y reflexionar. Pero lo más aterrador de ello sería que los ciudadanos se sentirían libres y amarían ese régimen democrático. Nuevamente, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia.

 

Temas como el consumismo y la comodidad o la idea de “fabricar humanos” en una especie de línea de producción son tratados con una contemporaneidad impactante que le dan a Huxley -como mínimo- el premio de visionario. Si bien hoy una persona que lea “Un mundo feliz” puede tener la sensación de que es un relato ficticio de lo que hoy sucede en ciertas partes del globo, es necesario recordar y entender que esa novela fue escrita 3 años después de la crisis económica del ’29. ¿Un viajero en el tiempo, un visionario, un genio? Quien sabe, lo importante es que lo volcó en un papel para la eternidad.

“Comunidad, Identidad, Estabilidad” reza el lema de esa sociedad futurista. Sociedad en la que el arte y la cultura son de las pocas cosas que están prohibidas pero, naturalmente, es para beneficio de los individuos ya que corrompen el orden porque hacen cuestionamientos y obligan de manera tácita a que los individuos se hagan preguntas o tengan otros sentimientos distintos a la felicidad. Por suerte para eso existe el Soma que “con un solo gramo cura diez sentimientos melancólicos”. Entretener y distraer, la mejor receta para gobernar.

Pero no todo se trata del relato futurista de una sociedad feliz, Huxley también se toma su momento para llevar al lector contra las cuerdas y lanza una serie de preguntas derecho al mentón: ¿Una sociedad de seres humanos o de seres perfectos? No más preguntas su señoría.

            “No deseamos cambios. Todo cambio constituye una amenaza para la Estabilidad.”

                                                                                                                                        Un mundo feliz

 

Ya sea a través del terror, la censura y el odio por el enemigo visible o el entretenimiento constante y la felicidad vacía de pensamiento como único norte, estos dos autores han sabido retratar dos modelos de mundos. Los mismos hechos de la historia reciente son los que no les permiten acumular polvo en las bibliotecas dada su vigencia arrolladora. Libros de consulta para unos o de cabecera para otros, estos dos clásicos de la literatura son de esos títulos que más de uno no quiere que los jóvenes lean.

 

César Emiliano Gaetán

Rock para cerrar y arrancar el año

Se confirmó el Line up del festival Lollapalooza 2022 con un tendal de artistas para cada una de sus tres jornadas y con la presencia de Miley Cyrus, The Strokes y Foo Fighters como número principal de cada una de las fechas respectivamente. El festival se realizará entre el 18, 19 y 20 de marzo en el Hipódromo de San Isidro y las entradas saldrán a la venta el 16 de noviembre.

Como es costumbre en cada una de sus ediciones, las jornadas serán un abanico de Pop, Rock y una fuerte presencia de artistas de la escena del Rap, Trap y Reggaeton, como Duki, Wos, Bizarrap, Sael o Nicki Nicole. La sorpresa de la lista de esta edición –como otros años fueron Pablo Lezcano con Damas Gratis o La Mona Jiménez- se podría decir que fue el nombre de L-Gante, el joven que está en boca de muchos formará parte de la tercera jornada, día que tocarán Babasónicos, Jane’s Addiction o Emmanuel Horvilleur entre otros.

En la escena local, los fanáticos del Indio Solari celebraron el anuncio de su ídolo en redes sociales de las presentaciones de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, en el Estadio Único de La Plata el 11 de diciembre y en el Hipódromo de Rosario el 19 de febrero. Tras precisar las fechas, Solari informó que ambos shows contarán con su presencia de manera virtual; se cree que sería algo muy similar a la última presentación de Los Fundamentalistas en Villa Epecuén, en abril.

Imagen

Otro que decide cerrar el año como acostumbraba hacer con Almafuerte, es el señor Ricardo Iorio, que confirmó fecha para el 30 de diciembre en el Estadio Obras a las 21. Según informa su afiche el show estará sujeto al protocolo sanitario vigente, motivo por el que el campo fue dividido en 3 partes. Las entradas se pueden adquirir en www.tuentrada.com

Evento - IORIO

César Emiliano Gaetán

Parque Rivadavia: del rock barrial a la cuna del trap

La cita era para el sábado a las 15 horas. Corrían tiempos en que palabras como portabilidad no eran de uso diario, por lo que los compromisos se asumían con 48 o 72 horas de anticipación y no había forma de cancelarlos; pero este no era el caso, ambos querían verse y lo sellaron a través del teléfono fijo que estaba en el comedor, al lado del tubo de rayo catódicos de 21 pulgadas. El punto de encuentro sería la plazoleta de Ramos Mejía, un lugar fácil de ubicar y reconocer, hasta para los adolescentes a los que el mundo se les empieza a abrir o iluminar como en un juego de estrategia.

Una vez colgado el tubo, el desafío era planear dónde ir ese día. Escarbando en su memoria, recordó haber escuchado nombrar más de una vez al Parque Rivadavia. Tenía poca información al respecto, pero sabía que quedaba en Caballito lo que le dio un poco de confianza, ya que Primera Junta o la estación del Sarmiento estaban dentro de la pequeña base de conocimiento de un pibe del conurbano, al que cruzar la General Paz le significaba un evento. Por medio de su hermano mayor, sabía que en ese parque hubo recitales de las bandas que le gustaban y también escuchó que había una feria con libros y otras piezas de colección. “En el ’96 se hizo un festival en memoria a Walter Bulacio, tocó La Renga, 2 minutos, Los Piojos, los Caballeros de la Quema, Todos Tus Muertos y unas cuantas bandas más, pero se pudrió todo en un momento y hasta hubo un muerto”, le contó su hermano refiriéndose al festival que organizó la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) para recordar al joven de 17 años que murió en manos de la Policía Federal cuando iba a un recital de Los Redonditos de Ricota el 19 de abril de 1991, y que se vio empañado por enfrentamientos entre ‘tribus urbanas’. “Está buena la plaza, los recitales ya no se hacen más pero está muy bueno para ir a pasear, con un colectivo de acá estás a unas cuadras”, lo tranquilizó su hermano para que no renuncie a la idea de ir.

Ya estaba decidido, cuando se encontraran en Ramos le iba a preguntar si lo acompañaba al Parque, ya que quería ver si encontraba unos muñecos de los Simpson para una colección que fantaseaba tener. Ella aceptó con gusto y al llegar ingresaron por Avenida Rivadavia; inevitablemente lo primero que hicieron fue caminar por los puestos de libros. Historietas, libros antiguos, usados, amarillos, que despertaban curiosidad de solo verlos. Discos, videos, casetes y algunos muñecos de colección formaban parte del recorrido, y a pesar que el Homero que quería no estaba, a esa altura poco importaba ya. Entre la discografía inédita —pirata para algunos, rarezas para otros— encontró lo que validaba la versión de su hermano: “Homenaje a Bulacio Pqe. Riv. 96”. Era la caja de un VHS con una etiqueta escrita a mano que parecía más un adorno del puestero que un producto a la venta. “Tenía 3 DVD, pibe, pero ya volaron, calculo que para la semana que viene me harán más copias, tengo pedido ese y unos recitales inéditos de Los Redondos, si querés pasate que seguro algo habrá”, le dijo el puestero sin que él emita palabra, aunque su mirada fija al casete delató su interés.

La caminata continuó por los caminos que guían a una vuelta completa al Parque, unas mesas con un tablero de ajedrez impreso llamaron su atención por ser algo que en las plazas que frecuentaba no había. Pasaron un monumento imponente dedicado a Simón Bolívar y una especie de anfiteatro, donde había gente bailando rock con un bafle y un maestro de ceremonia que invitaba a sumarse a cualquier transeúnte. La vuelta finalizó en un típico banco de plaza con el maridaje de un bombón helado y una charla eterna de vaya a saber qué; lo único perceptible era que los nervios no le permitían quedarse callado.

El tiempo pasó y él va en su auto escuchando con cierta nostalgia las mismas bandas que tocaron en ese recital del ’96, su hijo desde el asiento trasero pone cara de fastidio y se distrae con el teléfono celular. “¿Pa, puedo ir al Quinto el sábado?, solicitó permiso el niño. “Recién vi que este sábado se hace”, continuó. “¿El quinto, qué es eso?”, buscó entender a lo que se refería su hijo. “El Quinto Escalón, pa. Es una competencia de freestyle gigante, por lo que están diciendo en las redes es de las últimas que hacen ya, por eso quiero ir. No pasa nada, puedo ir con los chicos, con un colectivo de acá estamos a unas cuadras”, afirmó el niño con tono tranquilizador. Esa justificación con tintes a deja vu no pasó por alto para él. “¿Así que un colectivo los deja, dónde es?”, preguntó presumiendo –o deseando- la respuesta. “En el Parque Rivadavia, en Caballito”, informó el niño que vio por el retrovisor como se dibujaba una leve sonrisa en la cara de su padre. “Hagamos esto, yo te dejo ir pero con la condición de que yo también voy, no voy a estar encima de ustedes, pero quiero aprovechar para ver cómo es toda la movida esa y de paso recorrer el Parque que hace mucho que no voy, ¿qué decís?”, dijo con más entusiasmo en sus ojos que el propio hijo. “¿O sea que vamos en el auto?, ¡Buenísimo pa le aviso a los chicos!”, cerró el niño con la alegría de obtener el permiso y la garantía del traslado ida y vuelta.

En esa tarde que se convirtió en noche, el creador del evento, Alejo –que luego sería conocido en la escena urbana como YSY A-, presentó a nombres como Duki, Wos, Trueno, Klan, Replik, Ecko y tantos otros adolescentes, que con unos pocos años de vida empezaron a gestar lo que después fue una revolución en la cultura argentina; y él, en su rol de espectador/padre disfrutaba de esa atmósfera rebelde, contestataria, idealista y mancomunada; la misma que de púber leyó en la revista “Soy Rock” o en el suplemento “Sí” y luego corroboró en los recitales que asistió, la misma que pone play en el auto cuando va solo y se regala esos momentos de sana insurgencia, una dosis de juventud que el rock de hoy no le da.

Joven, esa es la palabra. Jóvenes eran los que en 1943 intercambiaban monedas o estampillas en la primera feria de numismática y filatelia de Buenos Aires, como también eran jóvenes los que gritaron que Walter no se murió y jóvenes son los que hoy le trajeron una bocanada de vida a la música local. Quizás por tradición, quizás por su ubicación estratégica en la Ciudad o alguna energía cósmica generada por la vasta bibliografía que atesoran los puestos, el perímetro delimitado por Rivadavia, Doblas, Chaco, Rosario y Beauchef, fue y sigue siendo ese punto neurálgico para la expresión cultural y el intercambio de ideas.

Esa noche llegaron a su casa y al otro día actualizó la música de su auto.

César Emiliano Gaetán

Al diablo con las noticias: cuando el entretenimiento fue noticia

¿En qué momento la información se convirtió en entretenimiento? ¿De quién fue la idea de decirle al público lo que quiere y no lo que necesita oír? Esas y otras preguntas son respondidas a través de esta disparatada parodia remontada en los ’80, cuando los canales de 24 horas de noticias empezaban a surgir en los Estados Unidos.

Así como Tarantino le da un revés a la historia y relata una muerte alternativa para Adolf Hitler en “Bastardos sin gloria”, Will Ferrell usa este film de 109 minutos para hacerse dueño de una manera de contar las noticias, utilizada aún en estos días. Para ello -como es costumbre en sus comedias- hace uso de la ironía y de una forma de hacer humor muy característico en él y que escasea en el cine. Temas sensibles como el sexismo en el trabajo o el racismo son tratados de una forma que sólo puede ser aceptada y hasta resultar graciosa si es manejada por el mismo Will, aunque también es real que a algunas personas les puede resultar chocante.

Su precuela, “El periodista: La historia de Ron Burgundy” (2004), relata otro momento icónico en los programas de noticias como fue la inclusión de mujeres en la conducción, con Veronica Corningstone (Christina Applegate) como estandarte. En “Al diablo con las noticias”, Ron unirá a su grupo de noticias integrado por sus compañeros y amigos Champ Kind (David Koechner), Brick Tamland (Steve Carell) y Brian Fantana (Paul Rudd) para recuperar el lugar perdido en el medio, mientras se enfrenta a su némesis Jack Lime (James Marsden) en una guerra por rating y popularidad.

“Al diablo con las noticias” es una de las mejores comedias de Will Ferrell porque combina su clásico humor absurdo con la ironía y, sumado a un elenco que predisponen de buena manera al espectador, arman un combo ideal para poner el piloto y dejarse llevar por las risas, aunque sea por un rato.

César Emiliano Gaetán

Carlos «La Mona» Jiménez: bailar aunque el alma llore

Una hoja en blanco y cientos de palabras que pelean por salir formando un cuello de botella que, irónicamente, no dejan salir siquiera una letra. La música de fondo invita a mover el pie debajo de la mesa al ritmo del “tunga tunga” y en la voz él, que canta las penas y alegrías de una minoría que cada vez es más grande.

“Cuando era humano, solía llamarse Juan Carlos Jiménez Rufino, pero desde los 16 años fue bautizado como ‘La Mona’ Jiménez”, así lo presenta el sitio oficial www.cmj.com.ar en su biografía; y lo más fácil sería pensar en la similitud que puede tener con los primates pero, ¿realmente a lo que se refieren esas líneas es al parecido físico? ¿O simplemente es un juego de palabras para decir que Jiménez trascendió los límites de la carne y pasó al terreno de los inmortales? Depende a quién se le pregunte. Una gran mayoría sonreirá por la absurdidad de la pregunta, pero a otra gran minoría los dejará pensando en silencio y un brillo se empezará a ver en sus ojos. Es en ese preciso momento en que el silencio meditabundo se inunda de recuerdos, letras, frases, historias y se materializa en pequeñas gotas que recorren la mejilla. “Lo más grande que hay para mí es la Mona, mi hija se llama Jimena por la Mona. Yo lloro por la Mona y mi hija llora por la Mona”, dijo Antonio con lágrimas en los ojos mientras era entrevistado en la puerta del Luna Park. Dentro, Jiménez soltaba un repertorio plagado de himnos populares que poco tienen que ver con “Beso a Beso” o “El Bum-Bum”, clásicos que lo posicionaron en la escena porteña pero que no sirven para explicar el fenómeno, y Antonio, haciendo honor al tango, pegaba la ñata contra el vidrio sufriendo por no tener el dinero para estar allí.

“Él era un federal, chapa en mano combatía el mal, sólo una marca en el pasado, a su propio hijo había abandonado. Él era un chico de la calle, que haciendo changas mantenía a su madre, y en la flor de su inocencia tuvo un romance con la delincuencia”, arrancó entonando acompañado por un golpe que marcaba el tempo y el grito desgarrador del público. Mientras la canción relata como un policía mató a su hijo sin saberlo que era él, la gente entra en un trance que va de la felicidad por escuchar un clásico a la melancolía propia, tal vez, del recuerdo de un ser querido que murió de la misma manera.

Con 90 discos publicados y más de 50 años en la música, se ha encargado de pasar por todos los temas que afectan a ese sector social que tan devotamente lo sigue. En una sociedad que fomenta la desigualdad y profundiza los males que la aquejan, no es casual que el Mandamás —como es conocido en el mundo del cuarteto— haya calado tan hondo en el corazón del pueblo. Jóvenes en prisión, chicos de la calle, madres jóvenes, madres solteras, desempleados, excluidos, locos, bohemios, renegados, desamorados, adictos, trabajadoras sexuales, traidores y traicionados, todos tienen un lugar en la vasta discografía del cordobés. Para ellos, La Mona no es un cantante, es quien relata sus pesares y, al ritmo del piano, bajo y acordeón, los hace bailar aunque sus almas lloren.

Así como una membresía a un club o un vehículo alemán implican pertenencia, La Mona se encargó de que todos se sintieran representados en sus shows, por lo que a sus canciones testimoniales sumó un alfabeto propio que sirve para que cualquier integrante del público le pueda hacer saber desde donde viene peregrinando; sin contar los sorteos enfocados netamente a los que gastan los calzados para “parar la olla”. Motos, taxis con licencias, dinero en efectivo son solo algunos de los premios que solía entregar en tiempos de prepandemia.

A través del cuarteto se convirtió en un fenómeno que desnuda la falta de empatía que se respira en estos tiempos. Aquellos que no lo comprenden en muchos casos son también dueños de un par de oídos apáticos que reducen la magia musical a términos como tenor, soprano o barítono y omiten que la música puede ser el vehículo que conecta a los seres humanos con los sentimientos más profundos. En tanto, sin apelar a metáforas que carecen de sentido ni a mensajes indescifrables, Carlitos “La Mona” Jiménez le dio voz a aquellos que son golpeados diariamente por la vida y sólo son atendidos cuando el oportunismo dice presente. Con una sonrisa tatuada y un ritmo sin igual, lleva medio siglo siendo el refugio de ese estrato que —como dice la canción— huele a “colonia barata”.

 

El festival Lollapalooza también pudo disfrutar del fenómeno Jiménez

 

César Emiliano Gaetán

Unabomber: la muerte viaja por correo

Para aquellos que son amantes de las series basadas en hechos reales y surcan los aburridos caminos de los contenidos populares y tendencias de reproducción, tienen que saber que existe una miniserie que colma las expectativas de los más exigentes. Se trata de una producción de Discovery Communications que recrea la investigación del FBI y la vida del hombre que entre 1978 y 1995 envió 16 paquetes bomba por todo Estados Unidos, que acabaron con la vida de 3 personas e hirieron a 23.

“Quiero que pienses en el correo por un momento. Un trozo de papel puede cruzar un continente como quien se pasa notitas en clase. Solo funciona porque todos los eslabones de la cadena se portan como autómatas descerebrados. Yo escribo una dirección y ellos sencillamente, obedecen. Sin hacer preguntas, ni hacer cambios. Sin pararse a contemplar la eternidad, la belleza o la muerte”.

Así, Ted Kaczynski (Paul Bettany) recibe al espectador que se posiciona sobre el título para saber de qué se trata la historia, mientras un hombre rompe el embalaje de un paquete que acaba de recibir. Luego, la explosión frente a la ocasional víctima sin motivo aparente deja una sola opción para quién está en su sillón: presionar play.

Su pseudónimo de Unabomber proviene de las siglas del inglés Terrorista de Universidades y Aerolíneas (University and Airline Bomber) y si bien se trató de uno de los terroristas más temido de los Estados Unidos, la miniserie de 8 capítulos, de menos de una hora cada uno, se encarga de dejar al televidente en un silencio meditabundo propio de alguien que se hace preguntas que atentan contra la moral y el sentido común. A ese mismo desafío se vio sometido el analista de conductas James “Fitz” Fitzgerald (Sam Worthington), que fue el elegido por el FBI para dar por fin con Kaczynski. Como es común ver en series de este estilo –al punto que da a imaginar que en la vida real debe suceder también- el cazador intenta adentrarse de tal manera en la mente de la presa, que por momentos se funden en una misma visión del mundo.

Aunque pueda llegar a tener algunos puntos de contactos con series como Mindhunter, por el uso de métodos alternativos de investigación como psicología o análisis lingüísticos, la historia del Unabomber es un plato ideal para comer de un bocado un fin de semana lluvioso.

César Emiliano Gaetán

William Blake: el poeta que inspiró a Jim Morrison

         Místico, loco, genio, incomprendido. Adjetivos que podrían definir a distintas personas pero, si se trata de William Blake, pueden ser sólo algunas cualidades que describen a este artista británico del siglo XVIII. Como ha sucedido con muchas mentes brillantes a lo largo de la historia de la h

umanidad, fue relegado a las sombras porque sus postulados sugerían cosas incomprensibles para la época. Pero no hay que caer en la comodidad del contexto, ya que muchos años después las ideas de Blake continuaron generando incomodidad en aquellos que, como él mismo definía, ven el mundo a través de las hendijas de su caverna. Otros, como el caso de Aldous Huxley –personaje digno de un artículo exclusivo a su obra- lejos de sentirse molesto, tomaron la posta de Blake e intentaron experimentar, con las herramientas que un mundo más contemporáneo podía facilitarles, lo que el profético poeta había afirmado siglos atrás y sin la necesidad de ningún aditivo alucinógeno. A esa lista se sumó Jim Morrison, a quien siempre le calzó mejor el oficio de poeta que de cantante, que no sólo inspiró el nombre de la banda en un proverbio de Blake sino que también impregnó su pluma de las ideas blakeanas. Pero, ¿quién fue o qué decía este poeta para haber generado tanto impacto en otros artistas dos siglos después y aún en estos días es objeto de estudios para científicos que tratan de entender la diferencia entre mucha imaginación y locura?

“Si las puertas de la percepción quedaran depuradas, todo se habría de mostrar al hombre tal cual es: infinito. Porque el hombre se ha encerrado hasta que ve todas las cosas a través de las estrechas grietas de su caverna”.

William Blake (1757-1827) nació en Londres, hijo de un calcetero de escasos recursos, por lo que no recibió educación formal, aunque parece haberse familiarizado desde muy joven con las obras de Shakespeare entre otros, pero muy principalmente con la Biblia. A los 14 años arrancó como aprendiz de grabador y llegó a dominar a la perfección este arte, al punto tal que en el transcurso de su vida fue más recordado como ilustrador que como poeta. Salvo en dos de sus obras, él mismo grabó e imprimió toda su producción literaria, por supuesto que de tirada reducida, por lo que el público lector de la época no tuvo la posibilidad de acceder de manera masiva a sus poemas. Además, debido al carácter innovador y espontáneo de su obra, sin precedentes en la poesía inglesa, fue relegado a los suburbios del mundo literario. A causa de su formación religiosa, profundamente emparentada con el gnosticismo, fue siempre crítico del sistema de creencias que predominaba en la Inglaterra de su tiempo, y se convirtió en un poeta profético que exigía cambios sociales para lograr una forma de vida más acorde con Dios y más alejada del Mal absoluto. Planteaba una idea de religión que se despegara de la ortodoxia de la iglesia y que fuera algo mucho más personal y terrenal. Un claro ejemplo fue la creación de la imagen del tigre para reemplazar al cordero como ese hijo de Dios del que tanto habla la Biblia.

El símbolo de la vida no es el dócil cordero sino el tigre o el león sanguinario, ese terror que prueba que en la Creación no todo es bueno.

La creatividad plasmada en sus ideas no se asemejaba a nada de lo que circulaba en la época, motivo por el que su obra se vio sujeta a múltiples lecturas y búsquedas de significados aún en tiempos actuales. Durante toda su vida Blake se debatió por encontrar un modo de expresión simbólica para su filosofía mística; no es casual que muchos especialistas han  definido su trabajo como filosofía hecha poemas. Otros también lo tildaron como uno de los que sentó las bases del anarquismo moderno; y finalmente la música, con especial foco en el rock, fue un portavoz de sus ideas. Jim Morrison fue el caso más relevante, pero artistas como Enrique Bunbury también se han visto seducidos por la irreverencia de Blake, y si se hace el ejercicio de contrastar ciertos postulados suyos con lo que la cultura rock predicó en su apogeo, estarán en una impactante sintonía. Más de una vez se ha escuchado a músicos recitar sus poemas y, por sobre todo, los Proverbios del infierno que podrían ser considerados una declaración de principios para muchos. 

Tal vez el uso de términos como Infierno ubicó a este poeta en un lugar poco agradable para el ojo conservador, pero al adentrarse en su obra se comprueba que nada es más alejado de la realidad que considerar a Blake como un apologista del mal sino que, muy por el contrario, era un idealista que soñaba con ver al cordero dormir sobre el lomo del león sin riesgo alguno por su vida.   

La vigencia de Blake siempre estuvo ligada a su creatividad arrolladora

César Emiliano Gaetan

 

Toni Kroos: el reloj alemán se despide de su selección

Cuando un jugador de fútbol comienza su carrera profesional, uno de los objetivos o sueños que tiene es llegar a representar a su país siendo convocado para la selección. Una vez que lo logra, intenta hacer el mejor papel y seguir luchando en su equipo para continuar siendo convocado, ya que siente que es un gran privilegio estar ahí, aunque también sabe que significa una gran responsabilidad.

Ni hablemos de la importancia que tiene para un jugador participar de un Mundial o algún torneo internacional con su selección. Muchos de ellos dejan una huella muy importante en ese periodo por lo que hacen dentro de la cancha o por los resultados obtenidos. Claro que después de lograr diferentes objetivos o cumplir un cierto tiempo, algunos jugadores prefieren poner un punto final en la selección. Tal es el caso de Toni Kroos, que después de 11 años de formar parte del combinado alemán, ha anunciado su retirada.

Con presente en Real Madrid, informó su decisión después de la derrota en los octavos de final de la Eurocopa contra Inglaterra.

El mediocampista de 31 años quiere centrarse en los objetivos con el equipo merengue durante los próximos años, teniendo en claro que no pretende integrar la delegación que viajará a Qatar 2022.

Kroos inició su carrera en Bayer Leverkusen, luego jugó en Bayern Munich para desembarcar en La Casa Blanca. El título más importante con la selección fue en el Mundial de Brasil 2014, cuando conquistó la Copa tras vencer a la Argentina en la final por 1-0 con gol de Mario Gotze.

En marzo del 2010, con apenas veinte años, debutó en la mayor frente a la albiceleste disputando los últimos minutos del encuentro. Sus buenas actuaciones lo convirtieron en uno de los titulares indiscutibles. Disputó tres Mundiales, tres Eurocopas y una Copa Confederaciones. En total, tuvo 106 presencias y anotó 17 goles.

En Brasil 2014 fue uno de los jugadores más importantes para que Alemania consiguiera el tetracampeonato. En su recuerdo queda su participación en el recordado 7-1 contra el anfitrión donde, además de dar la asistencia del primer gol, rompería el récord del «Doblete más rápido en la historia de los mundiales» al anotar dos goles en 69 segundos.

 

 

Desde que debutó con la selección, ha demostrado que sin su presencia, Alemania pierde a un gran jugador y, sobre todo, al timonel de su barco en la última década; el que da sentido al juego alemán y, de alguna manera, continuaba esa forma de entender el fútbol a través del toque y la precisión.

En 2018, a pesar de haber sido eliminado en la primera ronda en el Mundial de Rusia, fue elegido como el mejor jugador alemán del año tras una votación de periodistas realizada por el diario Kicker por su actuación en Real Madrid, con en el que ganó la Liga de Campeones. Además, por ser el primero en ganar 5 Mundiales de Clubes y… el gol de tiro libre marcado a Suecia.

El 13 de octubre de 2020, tras participar en el encuentro de la Liga de las Naciones de la UEFA 2020-21 ante Suiza, llegó a su partido número 100 con su selección.

No cabe duda que en su gran trayectoria dejó un legado y un estilo para los futuros jugadores que vistan la número 8 alemana. Es el reflejo del proyecto alemán de fútbol y uno de los mejores intérpretes de esa idea. Se retira teniendo en su haber tres Mundiales, tres Eurocopas y una Copa Confederaciones. En total, tuvo 106 presencias y anotó 17 goles.

En su carta de despedida finalizó con su acostumbrada elocuencia, más allá de la futbolística, dando las gracias, por un lado, a todos los aficionados alemanes, así como a Jogi Löw porque lo lanzó como internacional y campeón del mundo, y por otro, a los críticos, porque gracias a ellos logró tener  motivación extra.

https://www.instagram.com/p/CQ0vFlOLNdh/?utm_source=ig_web_copy_link

 

Bruno Mariano, Calabrese Marcos, Gaetán César

EurocopAmérica: la economía hace la diferencia (entre otros rubros)

Jornadas entretenidas están viviendo los amantes del fútbol ya que, prácticamente de manera simultánea, se están disputando la Copa América y la Eurocopa. Cada uno con sus condimentos, estos torneos renuevan la ilusión de los hinchas y hacen de preámbulo para la cita máxima: el Mundial.

Aunque la Copa América goza de nombres propios que no tienen nada que envidiarles a los europeos, hay un torneo en el que el Viejo Continente gana por goleada. El torneo económico. Es que los premios que otorga la UEFA están muy por encima en relación a la Conmebol.

Para este año la UEFA autorizó un total de 371 millones de euros para repartir entre las selecciones. Cada una recibió 9.25 millones solo por participar, sumado a premios por victorias y empates. Las federaciones que se clasificaron a los octavos recibirán 2 millones adicionales.

Los cuartos de final, 3.25 millones y a los semifinalistas se le entregará 5 millones de euros. El subcampeón podrá disfrutar de 7 y el campeón de 10 millones de euros, lo que sumará un total de 34 millones para quien se consagre en el trofeo.

La Copa América, Conmebol tiene una bolsa mucho menor. A cada participante se le entregó 4 millones de dólares, los cuales tienen que ser invertidos en preparación y logística a lo largo del torneo.

El campeón de esta parte del planeta recibirá 10 millones de dólares, 2.5 más de lo que obtuvo Brasil en la edición 2019. Es decir, el ganador embolsará 14 millones de dólares.

Los presidentes de Conmebol y UEFA, Alejandro Domínguez y Aleksandr Ceferin.

 

Bruno Mariano, Calabrese Marcos, Gaetán César