El beach handball sigue creciendo en Rosario y cada vez aparecen más historias que reflejan el desarrollo de una disciplina que dejó de ser una actividad de verano para transformarse en un deporte con identidad propia. Justina Patricelli tiene 16 años, juega en el Club Río Negro y fue convocada a participar de un campus nacional de organizado en Victoria junto al cuerpo técnico de las Kamikazes, la selección femenina argentina que en los últimos años se convirtió en una de las grandes potencias internacionales de la disciplina. Gracias a esto, hoy una joven rosarina tiene la oportunidad de dar sus primeros pasos del sueño de muchos: llegar a la seleccion argentina del deporte que ama.
La convocatoria representa mucho más que una experiencia deportiva. Para la joven significa la posibilidad de medirse con jugadoras de distintos puntos del país, entrenar con referentes nacionales y seguir construyendo un camino que comenzó hace apenas tres años, cuando dio sus primeros pasos en el handball indoor antes de pasar a la arena. Como sucede con la mayoría de los jugadores y jugadoras de beach handball, su pasión empezó en la versión tradicional del deporte y luego encontró más comodidad en la modalidad playera.
El crecimiento fue en ascenso luego de la participación en los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018, torneo donde las Kamikazes consiguieron la tan anhelada medalla dorada y lograron darle una enorme visibilidad a una disciplina que hasta ese momento se veía más como un hobbie de verano y no como una disciplina real. A partir de allí comenzaron a multiplicarse los proyectos en distintas provincias, aparecieron nuevas competencias y también surgieron chicos muy talentosos que encontraron en la arena un espacio para poder crecer en lo deportivo con la participación de clubes de distintas provincias, entre ellos varios de Rosario.

La ciudad tuvo un buen recibimiento del deporte y un crecimiento enorme. Aunque todavía no cuenta con una liga estable, la ciudad viene impulsando distintos proyectos y participando en torneos regionales y nacionales que le permiten ganar un lugar importante dentro de la actividad. En uno de esos campeonatos fue donde Justina logró llamar la atención del cuerpo técnico nacional. Su desempeño, su capacidad física y la personalidad que mostró dentro de la cancha logró despertar el interés de las entrenadoras de la selección argentina.
La rosarina ya había tenido un primer acercamiento a la estructura nacional en 2023, cuando participó de un campus realizado en Alta Gracia luego de los Juegos Evita. En aquella experiencia dejó una buena impresión y terminó siendo un empujón importante para una nueva convocatoria, esta vez en Victoria, donde compartiría entrenamientos junto a otras jugadoras jóvenes seleccionadas de diferentes provincias del país.
Detrás de este crecimiento también aparece el trabajo de entrenadores, familias y dirigentes que impulsan la disciplina en Rosario. El beach handball todavía se desarrolla con menos recursos y visibilidad que otros deportes que están mucho más instalados, pero aun así se mantiene la ilusión y el deseo intacto de poder realizar proyectos más grandes para el deporte. De este modo , la aparición de jugadoras jóvenes como Justina funciona además como una motivación para las nuevas generaciones que comienzan a acercarse al deporte.
La propia jugadora reconoce que vestir la camiseta argentina es uno de sus grandes sueños. A pesar de que la convocatoria al campus nacional no asegura un lugar definitivo en la selección, sí confirma que su nombre empieza a sonar dentro del ambiente del beach handball argentino. Mientras tanto, Rosario continúa construyendo su espacio dentro de una disciplina que no deja de crecer. Los recientes buenos resultados obtenidos por equipos locales en competencias nacionales demuestran que la ciudad empieza a convertirse en un referente dentro de la disciplina. Y en medio de todo esto, la historia de Justina Patricelli aparece como el fruto de todo ese esfuerzo.
Zoe D’Angelo, 2°A TN
