Cómo las suscripciones mensuales se adueñaron de nuestra rutina

Plataformas digitales, servicios de entretenimiento y aplicaciones incorporan cobros periódicos que, aunque parecen pequeños, pueden representar un gasto importante a fin de mes.

Parece que hoy pagamos una suscripción por casi cualquier cosa. Queremos escuchar música sin publicidad, mirar una serie o guardar archivos en internet y enseguida aparece una opción para pagar todos los meses. Muchas veces la contratamos porque nos sirve en ese momento, pero después nos olvidamos de que sigue activa. Mientras tanto, el cobro llega igual, aunque ya ni usemos la aplicación.

Netflix, Spotify y YouTube Premium son algunos ejemplos bastante conocidos. Pero también existen servicios para estudiar, editar videos, entrenar o almacenar fotos. El precio de cada uno puede parecer razonable por separado. El problema es cuando empezamos a sumar: una cuota por acá, otra por allá y, al final, una parte de la plata se nos va en servicios que quizás ni siquiera usamos tanto.

Seguro que más de una persona pasó por una situación parecida: se suscribe a una plataforma para ver una serie, termina de verla y se olvida de cancelar. Después llega otro cobro y ni se acuerda de qué era. Con las aplicaciones que ofrecen pruebas gratuitas puede pasar algo parecido. Las descargamos para probarlas y, cuando termina el período gratuito, empiezan a cobrarnos. Si no estamos atentos, podemos terminar pagando durante meses.

Los aumentos también complican las cosas. Una suscripción que antes no representaba un gran gasto puede empezar a pesar más en el bolsillo. Y si tenemos varias contratadas, la diferencia se nota. A veces ni miramos los importes porque los pagos se hacen automáticamente. Recién cuando revisamos los movimientos de la cuenta nos damos cuenta de cuánto estamos gastando en total.

Para las empresas, en cambio, este sistema tiene una ventaja bastante clara: reciben ingresos de manera constante. Por eso buscan que sigamos usando sus plataformas. Agregan contenido, hacen recomendaciones y presentan novedades para mantener nuestra atención. Además, muchas veces dejamos una cuenta activa con la idea de que algún día vamos a volver a usarla. Ese por las dudas también puede terminar costándonos plata.

Otro tema es que cada plataforma tiene sus propios contenidos. Si queremos ver una serie que está en un servicio y otra que está en uno diferente, necesitamos más de una cuenta. Con los deportes sucede algo parecido, porque algunos eventos se transmiten por plataformas distintas. Al final, para seguir todo lo que nos gusta, podemos terminar pagando bastante más de lo que habíamos pensado.

Lo que hace que estos gastos pasen desapercibidos es, en parte, la forma de pago. Cuando compramos algo, vemos cuánto sale y decidimos si lo queremos. Con una suscripción, en cambio, pagamos una vez y después el cobro se repite. Como no tenemos que hacer nada cada mes, es fácil dejar de prestarle atención. El gasto sigue existiendo, aunque nosotros nos olvidemos.

Esto también se relaciona con la vida cotidiana de los jóvenes. Escuchar música en el colectivo, mirar videos, jugar o usar aplicaciones para el colegio son actividades habituales. Algunas personas comparten cuentas con sus familiares para dividir los gastos, pero no siempre se puede hacer. Además, hay otras cosas que pagar, como el transporte, la comida y las salidas. Por eso, esos pequeños cobros pueden terminar haciendo una diferencia.

Tampoco se trata de cancelar todas las suscripciones y dejar de usar las plataformas. Muchas son útiles y ofrecen contenidos que disfrutamos. Lo que sí podemos hacer es revisar cada tanto cuáles tenemos activas y si realmente las necesitamos. Si hay alguna que no usamos desde hace meses, darla de baja puede ser una buena decisión. También conviene revisar los precios antes de que los aumentos nos tomen por sorpresa.

Al final, el problema no es pagar por una aplicación que usamos todos los días. El problema es perder la cuenta de cuántas tenemos y cuánto dinero se nos va en ellas. Como cada pago parece pequeño, es fácil pensar que no afecta demasiado. Pero cuando llega fin de mes, la suma puede ser otra historia. Quizás antes de contratar un nuevo servicio estaría bueno revisar los que ya tenemos y preguntarnos si realmente necesitamos uno más.

Bautista Olivera, 2° A TT