La transparencia, que a simple vista puede parecer algo positivo, también puede tener sus aspectos negativos: hace posible identificar tanto lo que se está haciendo correctamente como aquello que presenta problemas. Esto es justamente lo que ocurre cuando se analiza en detalle el Mapa de Cobertura y Distribución de Vacunas publicado por el Ministerio de Salud de la Nación.
Según Alejandra Gaiano, médica infectóloga pediatra, especialista en salud pública y prosecretaria del Comité de Infectología de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), en Argentina ninguna vacuna alcanza, en ningún grupo de edad, el 95% de cobertura necesario para garantizar la inmunidad de rebaño. Cuando la cobertura se encuentra por debajo de ese porcentaje, existe la posibilidad de que aparezcan brotes, como está ocurriendo actualmente con la hepatitis A.
Para alcanzar los niveles adecuados de vacunación a fin de año, la cobertura debería crecer un poco más de un 8% cada mes. Sin embargo, los datos muestran una situación diferente. A finales de agosto de este año, por ejemplo, la cobertura de la vacuna contra la hepatitis A alcanzaba un promedio del 49,4% en todo el país. En algunas jurisdicciones, como la Ciudad de Buenos Aires, el porcentaje era todavía más bajo y llegaba apenas al 29%.
Quizás no todos lo tengan presente, pero antes de que la vacuna contra la hepatitis A fuera incluida en el Calendario Oficial, en 2005, se registraban casos muy graves de hepatitis fulminante. Se trata de una enfermedad poco común, pero con un nivel de mortalidad muy alto, que en muchos casos solo podía ser tratada mediante un trasplante de hígado.
Analía Urueña, médica infectóloga, directora del Centro de Estudios para la Prevención y Control de Enfermedades Transmisibles (Cepycet) de la Universidad Isalud y vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología (SAVE), explica que la hepatitis fulminante llegó a ser la principal causa de trasplante hepático en el país. Por eso, considera importante que esta situación no vuelva a repetirse, especialmente porque actualmente existe una vacuna muy efectiva para prevenir y controlar la enfermedad.

Además, Urueña señala que el problema no se limita únicamente a los niños. También hay adultos que forman parte de grupos de riesgo y que tienen indicada la vacunación contra la hepatitis A, aunque no siempre terminan recibiéndola.
Además de los brotes de hepatitis A, Gaiano señala que todavía continúa el brote de tos convulsa, también conocida como coqueluche o pertussis, que entre 2025 y lo que va de este año provocó 14 muertes de bebés y niños menores de 2 años. A esto se suman los brotes de influenza (gripe) y tuberculosis. La pediatra también advierte que la vacunación contra la polio presenta niveles bajos, ya que la primera dosis alcanza apenas un 50,5% a nivel nacional. “Muchos jamás vieron un brote de polio porque gracias a la vacunación ha sido eliminada de nuestro país y de América Latina, pero no erradicada”, afirma.

En cuanto al sarampión, que hace apenas unos días provocó dos nuevas muertes en los Estados Unidos, Gaiano explica que en Argentina se sigue trabajando para mantener su eliminación. “Con mucho trabajo continuamos sosteniendo la eliminación de sarampión en la Argentina. Pero es el virus más contagioso de la historia de la humanidad, con alta mortalidad entre menores de 1 año y secuelas graves. Existe riesgo de que reaparezca”, advierte.
En este contexto, la vacuna triple viral, que se aplica a los 12 meses y brinda protección contra el sarampión, las paperas y la rubéola, alcanzó el año pasado una cobertura del 83,9% a nivel nacional. Durante este año, en cambio, el promedio se ubica por ahora en 51,5%. Ninguna jurisdicción supera el 63,8%, siendo Jujuy la provincia que registra el porcentaje más alto. Por otro lado, la cobertura más baja se encuentra en la Ciudad de Buenos Aires. Allí, la única vacuna que aparece “en verde” es la que se aplica a las embarazadas para proteger a sus bebés, hasta los 6 meses, contra el virus sincicial respiratorio (VSR), que es la causa más frecuente de bronquiolitis.
Urueña explica que en grandes ciudades como CABA, Córdoba o Rosario resulta más complicado conseguir niveles altos de vacunación. “Donde existe gran cantidad de población la vacunación no ocurre de la misma forma que en localidades más pequeñas, donde se va casa por casa, a las escuelas, en terreno. En ciudades grandes se espera que la población acuda y esto no siempre es tan sencillo. Hay una importante población en CABA que vive en zonas vulnerables. Las dificultades de acceso explican en buena medida las bajas coberturas de la vacunación”.
Dante Delgado Prina, 2° A TT
