Apuestas online: ¿cuándo el juego deja de ser un juego?

El crecimiento de las apuestas digitales encendió las alarmas en Argentina, especialmente por su impacto en adolescentes y jóvenes; la Semana Social 2026 incluyó esta problemática entre sus principales preocupaciones.

Las apuestas online dejaron de ser una práctica asociada únicamente a casinos o salas de juego y pasaron a formar parte de la vida cotidiana de miles de jóvenes. El acceso a través del celular, las billeteras virtuales, las redes sociales y la publicidad vinculada al deporte hicieron que apostar esté cada vez más al alcance de los adolescentes. Frente a este escenario, la Semana Social 2026 realizada en Córdoba, puso el foco sobre el avance de las apuestas online y sus consecuencias sociales, bajo una premisa contundente: “apostar no es un juego”.

Un problema que llega cada vez más temprano

Los datos permiten dimensionar la magnitud del fenómeno. Según UNICEF Argentina, el 24% de los adolescentes de entre 12 y 17 años apostó dinero en línea alguna vez. La información surge del estudio Kids Online Argentina, realizado junto con UNESCO y basado en las respuestas de más de 5.900 niñas, niños y adolescentes del país.

Una guía elaborada por UNICEF señala que el 80% de los adolescentes y jóvenes consultados accedió o conoce a alguien que utilizó páginas o aplicaciones de apuestas online durante el último año. Entre las principales motivaciones aparece la posibilidad de ganar dinero rápidamente, aunque también se menciona la diversión y el entretenimiento.

La situación también aparece reflejada en el Estudio Nacional sobre Consumo de Sustancias Psicoactivas en Población Escolar 2025. Allí se registró que el 20,5% de los estudiantes secundarios apostó por Internet durante el último año, mientras que el 26,2% jugó dinero o apostó mediante alguna modalidad. La edad promedio de inicio en las apuestas online fue de aproximadamente 14 años, mientras que la edad más frecuente fue de 13.

Del entretenimiento al consumo problemático

Una de las principales dificultades es identificar cuándo una apuesta ocasional deja de ser entretenimiento y comienza a convertirse en un problema. El juego puede volverse problemático cuando la persona pierde el control sobre la frecuencia o el dinero que destina a las apuestas y continúa haciéndolo a pesar de las consecuencias negativas.

En los adolescentes, el problema puede agravarse por la facilidad de acceso. Un teléfono celular y una billetera virtual pueden ser suficientes para entrar en contacto con una plataforma de apuestas. Aunque en Argentina está prohibido que los menores de 18 años participen en juegos de azar, existen dificultades para impedir que algunos jóvenes ingresen mediante datos falsos, perfiles de adultos o plataformas ilegales.

El deporte y las redes sociales, dos puertas de entrada

Las apuestas deportivas ocupan un lugar central dentro de esta problemática. El fútbol, por su enorme popularidad entre los jóvenes, se convirtió en uno de los principales espacios donde las apuestas aparecen naturalizadas.

La publicidad también tiene un papel importante. Las plataformas pueden aparecer en redes sociales, transmisiones deportivas y contenidos de influencers, además de estar vinculadas con clubes y figuras reconocidas. Desde el Gobierno argentino se señala que la publicidad, la facilidad de acceso a los medios de pago y la disponibilidad permanente de las plataformas son algunos de los factores que favorecen la expansión del juego online entre adolescentes.

De esta manera, apostar puede comenzar como una actividad aparentemente inofensiva: pronosticar el resultado de un partido, apostar por quién marcará primero o intentar obtener una pequeña ganancia. El riesgo aparece cuando esa práctica comienza a repetirse y la persona siente la necesidad de recuperar lo perdido o aumentar constantemente el dinero apostado.

Una preocupación que llegó a la agenda social

La problemática fue incorporada entre las preocupaciones de la Semana Social 2026, organizada por la Pastoral Social. En su documento conclusivo, la institución vinculó las apuestas online con las problemáticas de salud mental y las adicciones digitales, especialmente entre adolescentes y jóvenes.

Frente a este escenario, la propuesta no se limita a controlar las plataformas. También plantea recuperar espacios de encuentro y fortalecer los vínculos familiares y comunitarios. El documento destaca especialmente el papel de las escuelas, los clubes de barrio y otros espacios comunitarios como lugares capaces de acompañar a los jóvenes y prevenir situaciones de consumo problemático.

La discusión, entonces, no pasa solamente por preguntarse cuánto dinero se apuesta sino también por comprender qué lugar ocupa el juego en la vida de quienes apuestan. Cuando la necesidad de jugar comienza a desplazar el estudio, el deporte, los vínculos o el descanso, deja de ser simplemente una forma de entretenimiento.

Las apuestas online plantean así un desafío que combina tecnología, publicidad, dinero, deporte y salud mental. Mientras las plataformas continúan creciendo y el acceso digital se vuelve cada vez más sencillo, la prevención y la educación aparecen como herramientas fundamentales.

Zoe Muñoz, 2° A TT