La madrugada del viernes 28 tuvo como protagonista a nuestro satélite natural, que atravesó la sombra proyectada por la Tierra y adquirió una tonalidad rojiza durante varias horas.
El proceso comenzó el jueves por la noche, a las 22:23, con el ingreso de la Luna en la penumbra. En esta primera etapa, la modificación fue difícil de distinguir a simple vista debido a que la pérdida de luminosidad fue leve.
Cerca de la medianoche llegó la fase más visible, cuando el cuerpo celeste empezó a ingresar en la umbra, la parte central y más oscura de la sombra terrestre. Aunque popularmente se lo conoce como “Luna de Sangre”, el acontecimiento no fue un eclipse total. Una pequeña parte de la superficie permaneció fuera de la umbra, por lo que técnicamente se trató de un eclipse parcial.
La etapa principal finalizó alrededor de las 2:51. Después, el satélite siguió alejándose de la sombra hasta completar el fenómeno cerca de las 4:01.
Para disfrutarlo no fue necesario contar con equipamiento especial. Binoculares o telescopios permitieron apreciar con mayor detalle los cambios sobre la superficie lunar. El característico color rojizo tuvo su origen en la atmósfera terrestre. Cuando la luz solar atraviesa esa capa antes de llegar a la Luna, las tonalidades azules se dispersan con mayor facilidad, mientras que los tonos rojos consiguen atravesarla y alcanzar el satélite.
Facundo Vaccaro, 2° A TT
