El sorteo de la Copa Sudamericana en aquel entonces dictaminó un cruce inesperado: Estudiantes y Gimnasia se enfrentaban por primera vez en un certamen internacional.
El partido de ida se jugó el 3 de septiembre en El Bosque, donde no pasaron del empate en cero tras noventa minutos donde predominó la lucha y la fricción constante sobre el buen nivel futbolístico. De esta manera, todo se definiría casi dos semanas después en el Único de La Plata, donde el Pincha ejercía localía en aquel entonces.
La vuelta se llevó a cabo el 16 del mismo mes en la cancha de Estudiantes. En el primer tiempo, el local fue muy superior a Gimnasia jugando en campo rival, generando varias situaciones de gol y haciendo parcialmente figura al arquero Fernando Monetti.
En la segunda mitad, el Pincha madrugó al Lobo y en los primeros minutos abrió el marcador de la mano de Diego “Viruta” Vera, que definió con el hombro tras una gran jugada de Corrales y Rosales por izquierda que finalizó con el centro y la definición fortuita del delantero uruguayo.
A partir de ahí, el conjunto que dirigía Pedro Troglio, tuvo algunas oportunidades concretas y claras para empatar el partido pero se encontró con un sólido Agustín Silva en el arco que mantuvo la valla invicta para sentenciar la clasificación de su equipo a los octavos de final, desatar la fiesta y teñir de rojo y blanco al Único de La Plata.
La Sudamericana continuó para el Pincha y en la siguiente fase se midió ante Peñarol, al cual venció por penales en Uruguay tras el 3-3 global. Finalmente cayó en cuartos con un contundente 5-3 en la serie ante River pero sin duda fue una competencia que va a quedar en el recuerdo por esa fase histórica en la que se impuso ante su eterno rival.
THIAGO YACCARINO 2B,TT.
