
El estreno de “Michael”, el biopic sobre Michael Jackson, se posiciona como uno de los fenómenos cinematográficos del año. Con una fuerte repercusión en taquilla y un interés global sostenido, la película confirma el atractivo que aún genera la figura del “Rey del Pop”. Sin embargo, más allá de su rendimiento comercial, el film reactiva un debate que atraviesa al cine biográfico: qué partes de una vida se cuentan y cuáles quedan fuera.
La construcción de la figura de Jackson en pantalla no es neutra. Como en otros biopics recientes, la película selecciona determinados momentos de su carrera y de su vida personal para construir un relato que prioriza su dimensión artística y su impacto cultural. En ese proceso, aspectos más controvertidos de su historia quedan relegados o tratados de manera parcial.
Las acusaciones de abuso que marcaron la vida pública del artista durante años forman parte de ese debate. Si bien Michael fue absuelto en el juicio de 2005 y siempre negó los cargos, el tema continúa generando posiciones encontradas tanto en el público como en la crítica. La película, al elegir cómo abordar estos episodios, toma una postura que influye directamente en la forma en que nuevas generaciones interpretan su figura.
Este tipo de decisiones no solo responden a criterios narrativos, sino también a una lógica de industria. Un biopic de gran escala, con aspiraciones de éxito global, tiende a construir una imagen accesible y emocionalmente conectiva con el público. En ese sentido, el equilibrio entre lo comercial y lo conflictivo se vuelve una tensión constante.
Al mismo tiempo, “Michael” se inscribe en una tendencia más amplia del cine contemporáneo: la revisión de figuras icónicas a través de relatos que buscan consolidar su legado. En ese proceso, el cine no solo representa la realidad, sino que también contribuye a reescribirla, seleccionando qué aspectos se vuelven centrales y cuáles quedan en segundo plano.
El resultado es una película que funciona en múltiples niveles: como espectáculo, como producto de la industria cultural y como pieza dentro de una disputa simbólica por el sentido de una figura histórica. En ese cruce, el biopic deja de ser solo una narración sobre un artista y se convierte en una forma de intervenir en la memoria colectiva.
Sol Cervera, Joaquín Flores y Gonzalo García Portnoy, 2A TM
