Vecinos del barrio de Coghlan, organizados en la agrupación Amigos de la Estación, presentaron este mes de abril un proyecto de ley en la Legislatura porteña para que la Ciudad expropie el predio donde funcionó un supermercado Carrefour, en avenida Congreso al 3800. La iniciativa busca transformar los 4.000 metros cuadrados del lote en una plaza pública y detener el avance de un desarrollo inmobiliario privado.
Tras una masiva protesta el pasado 14 de abril, los residentes denunciaron que el abandono del inmueble es una estrategia para facilitar negocios inmobiliarios en un barrio que padece una emergencia ambiental crítica por la falta de espacios verdes.
La tensión en torno al predio de la avenida Congreso alcanzó su punto de ebullición. El pasado 14 de abril, cientos de familias realizaron un abrazo simbólico y un cacerolazo frente a las persianas oxidadas del antiguo supermercado. Durante la jornada, los manifestantes denunciaron que el estado de abandono del inmueble no es casual. Según señalaron los referentes vecinales, permitir que el lugar se convierta en un foco de insalubridad y plagas es una forma de que la opinión pública termine aceptando cualquier proyecto constructivo con tal de erradicar el problema actual. Esta «degradación planificada» busca, según la comunidad, desplazar la necesidad real de un parque público por la construcción de edificios que solo traerán mayor saturación al barrio.
El sustento técnico del reclamo es contundente
Coghlan cuenta con apenas 0,35 metros cuadrados de espacio verde por habitante. Esta cifra representa una fracción mínima de los 10 a 15 metros cuadrados que la Organización Mundial de la Salud (OMS) sugiere para una vida urbana saludable. La ausencia de plazas formales obliga a los vecinos a utilizar los márgenes ferroviarios, que no cuentan con la infraestructura ni el tamaño necesario.
La falta de pulmones verdes se traduce en una mayor retención de calor y la ausencia de espacios de socialización gratuita para niños y adultos mayores.
La movilización vecinal logró instalar el tema en la agenda política, consiguiendo que varios bloques en la Legislatura acompañen el pedido de cambio de zonificación a Urbanización Parque. Esta categoría es la única herramienta capaz de proteger el terreno frente a la industria de la construcción. El espejo en el que se miran los habitantes es el caso de Villa Santa Rita, donde la persistencia ciudadana logró que el gobierno porteño comprara un lote privado para inaugurar una plaza en un barrio que no tenía ninguna. Esa victoria demostró que, cuando la comunidad se organiza, es posible torcer el destino del suelo urbano.
El obstáculo
Sin embargo, el camino legislativo enfrenta trabas debido a la reticencia del oficialismo a avanzar con expropiaciones. Para la Red de Vecinos, no es un problema de fondos, sino de prioridades políticas. La disputa por el ex-Carrefour es, en última instancia, una disputa sobre qué tipo de Buenos Aires se quiere habitar: una ciudad que se vende por pedazos al mejor postor o una que protege sus últimos retazos de suelo libre. Mientras las máquinas de la especulación inmobiliaria aguardan, Coghlan sigue reclamando que el silencio del predio abandonado sea reemplazado por el murmullo de los árboles y el encuentro vecinal bajo el sol.
La próxima semana se espera una nueva manifestación frente a la sede comunal para exigir que los funcionarios se pronuncien. Los vecinos llevarán plantas para realizar un «sembrado simbólico», visualizando que el deseo de una plaza es una necesidad real que ya brota de la organización popular. El destino de este predio marcará un precedente fundamental para el futuro de los espacios públicos: si el cemento termina de sepultar la identidad del barrio o si la plaza se convierte en el triunfo del interés común sobre el negocio privado. Con cada asamblea, el barrio reafirma que la calidad de vida no es una mercancía negociable.
Fabio Dávila Santos – 2°B Turno Mañana
