Pablo Mínguez, jugador profesional de handball y campeón con la selección argentina de handball, comenzó a nutrirse en Santo Tomás de Aquino y mudó su devoción a tierras europeas, con la finalidad de ser profesional, ya que en la Argentina el balonmano es un deporte amateur. Jugó en el Eppan Handball Löwen, de Italia, y hoy en día se desempeña en Balonmano Caserío de España. El extremo argentino nos cuenta cómo fueron sus inicios en el deporte, y cómo en la actualidad es la pasión que lo lleva a disfrutar de la disciplina, ya lejos de aquellos comienzos de juegos con amigos. «Juego porque lo disfruto e intento crecer y mejorar», comentó Mínguez, dejando en claro cuál es su objetivo a largo plazo.
Su etapa en el seleccionado lleva recuerdos hacía 2019, cuando el sanluiseño debutó con la camiseta albiceleste en un Mundial Junior en Pontevedra. Una evocación que hace erizar la piel y lo dejó marcado para siempre. Ese sería uno de los hitos que cumpliría a lo largo de su trayectoria, defendiendo los colores de su país. «Fue mágico cantar el himno previo al partido, fue una sensación hermosa», remarcó. Su primera aparición con el combinado mayor data del 14 de enero de 2025, cuando fue citado para disputar la Copa Mundial en Dinamarca, Croacia y Noruega, certamen que se llevaría «La Dinamita Roja».
Ya en el presente, hace tan solo meses de la consagración como campeón en Sur-Centro con «Los Gladiadores», tras un triunfo agónico ante Brasil, donde el conjunto de Rodolfo Jung venció a «La Canarinha» por 26:25 y cortó la racha de dos ediciones seguidas ganadas por el equipo de Marcus Oliveira. Es un escenario recordado con emoción, ya que en dicho día, además de coronarse, cumplía 27 años: «Fue especial poder festejar la victoria con todos, fue hermoso», cuenta. En aquella final, el conjunto argentino puso en práctica la jugada de «séptimo jugador»; gracias a esta táctica logró romper el empate y llevarse la conquista.

El puntano se recibió de contador público y amplía su mirada, a través del proceso de llegar a ser experto, destacando que es un camino largo y con obstáculos para superar. Aunque remarca que se encontró en la duda de si ser jugador profesional era el camino correcto a seguir. «Dudar siempre es algo que ocurre, porque el ser profesional no es tener la vida resuelta», argumentó el argentino. A Pablo siempre lo impulsó la idea de dejar a su país en lo más alto, pero antes debió luchar cuando dejó sus estudios y debió separarse de su familia, que siempre estuvo a su lado para acompañarlo en su aventura y fue su apoyo tanto fuera como dentro de las canchas.
Una de sus cualidades es la disciplina que promete a la hora ponerse la camiseta y salta a la cancha para cumplir su rol como jugador, y es así como demuestra su impronta el oriundo de San Luis. Destaca que su crecimiento en el handball fue poco a poco y que tuvo que pegar un volantazo al trasladar su pasión hacía Buenos Aires, siendo parte del plantel de Dorrego. Hace hincapié en que su llamado a la selección fue un factor muy relevante para lo que le esperaba en su futuro deportivo: «Mi convocatoria fue determinante para que un equipo español se fijara en mí», admite.
Con la última proclamación en enero de este mismo año, los dirigidos por Rodolfo Jung retoman el trono continental y se aseguraron su pasaje al Mundial de Alemania 2027, junto a Brasil y Chile. Sin ir más lejos, la vez anterior que Los Gladiadores alcanzaron la gloria fue en el año 2020 en Maringá, donde contaban con jugadores de jerarquía como Federico Vieyra, Gonzalo Carou y Pedro Martínez, con el laurel de vencer a la «Verdeamarela» y conquistar el primer trofeo Centro-Sur en la historia del conjunto nacional.
Joaquín Molteni, 2° A TN
