Las intensas lluvias registradas en Neuquén generaron preocupación en distintas localidades, donde el avance del agua y el barro afectó caminos, viviendas y servicios esenciales. El fenómeno dejó a familias rurales sin posibilidades de trasladarse por sus propios medios y complicó la logística de Vaca Muerta, uno de los principales polos hidrocarburíferos del país.
Ante la magnitud de la situación y el pronóstico de nuevas precipitaciones, el gobernador Rolando Figueroa anunció que la provincia declarará la emergencia meteorológica por seis meses. La medida busca reforzar la asistencia en las zonas comprometidas, disponer de recursos para obras y mejorar la respuesta frente a nuevos episodios de lluvias intensas.
El impacto se sintió especialmente en sectores rurales, donde los desbordes de ríos y arroyos y el anegamiento de los caminos dificultaron el acceso de los equipos de emergencia. Algunas familias tuvieron problemas para conseguir alimentos y productos esenciales, mientras que otras necesitaron atención sanitaria. Las autoridades organizaron un operativo por tierra y aire para llegar a los lugares de más difícil acceso.
El despliegue incluyó tres aeronaves: un helicóptero provincial, otro del Plan Nacional de Manejo del Fuego y un avión para trasladar personas, víveres e insumos médicos. En las zonas rurales cercanas a Piedra del Águila, personal del hospital local acompañó a los equipos de asistencia. En Rincón de los Sauces, un vuelo permitió llevar reactivos y otros materiales al centro de salud, cuyo abastecimiento estaba amenazado por las dificultades de circulación. Para cargar las cajas fue necesario retirar algunos asientos del avión.
La red vial también sufrió las consecuencias. El agua, los sedimentos y el barro interrumpieron la circulación en distintos corredores. Uno de los tramos afectados fue la ruta nacional 40, entre Chos Malal y Las Lajas, clave para conectar localidades neuquinas.
Las complicaciones alcanzaron a Vaca Muerta. Camiones cisterna que transportaban combustibles y otros productos inflamables quedaron atrapados en sectores con barro, mientras que el traslado de trabajadores y materiales registró demoras. Sin embargo, las estimaciones sobre el abastecimiento señalaban que esos inconvenientes no necesariamente provocarían una caída inmediata de la producción. Para sostener el suministro se preveía recurrir a cuadrillas y mecanismos de contingencia, aunque su eficacia dependerá del clima y del estado de los caminos.
El episodio volvió a poner en discusión la infraestructura vial que rodea al desarrollo energético. Las operaciones necesitan rutas transitables para movilizar personal, equipos e insumos; cuando esos corredores quedan dañados, las consecuencias afectan tanto a las comunidades como a una actividad relevante para la economía nacional.
Al anunciar la emergencia, Figueroa describió la magnitud de las precipitaciones: “Se están llenando cañadones que hace 70 años que no recibían semejante cantidad de agua”. También advirtió que la infraestructura existente puede quedar desbordada ante fenómenos de esa intensidad.
La provincia conformó un comité de trabajo para coordinar la respuesta, identificar a las poblaciones vulnerables y reforzar la presencia de equipos en el territorio. Además, se buscará avanzar con obras pluviales y aluvionales para reducir el impacto de futuras crecidas. Figueroa también propuso evaluar una represa de gran escala sobre el río Neuquén, aunque reconoció que sería costosa y demandaría un plazo prolongado.
Mientras continúan las tareas de asistencia, la evolución del clima será determinante. La prioridad es garantizar alimentos, medicamentos y atención médica a quienes permanecen aislados, además de recuperar los caminos dañados. El temporal dejó expuesta la vulnerabilidad de varias comunidades frente a fenómenos extremos y la necesidad de contar con infraestructura preparada para responder a ellos.
Facundo Molina, 2° A TT
