Viajeros, parte II: cómo, dónde y por qué

En el primer episodio del podcast «Viajeros, una vida de aventuras» tres blogueros dedicados a recorrer el mundo contaron cómo surgió la necesidad de viajar y qué barreras debieron superar para animarse a dar los primeros pasos.

En esta nueva entrega, Marina Tischler, Néstor Suárez y Sofía Feippe brindan sus respuestas a los distintos interrogantes que plantean sus seguidores en las redes sociales. ¿Por qué decidieron los destinos que visitan? ¿Cada cuánto viajan y cuánto se quedan en cada lugar? ¿Los viajes son planeados o están sujetos a la espontaneidad?

Las experiencias de tres viajeros que recorren el globo de formas totalmente distintas.

Una producción especial de Martín Bugliavaz.

Stan Lee, el padre de los héroes con gran corazón

El guionista de cómics más popular del mundo murió a los 95 años y cubrió de luto a todo un ambiente que creció en gran medida gracias a su aporte. Cuál fue el legado que le dejó a un rubro que explotó en las últimas décadas.

Spiderman, Hulk, Iron Man, Thor, Los 4 Fantásticos, X-Men, Daredevil. Hoy en día esos nombres son conocidos a lo largo del mundo entero, donde muchas personas disfrutan de las historietas, películas y series de aquellos aclamados superhéroes que, además de pertenecer todos a la editorial Marvel, tienen otra cosa en común: fueron creados por el recientemente fallecido escritor Stan Lee.

Quizá muchos lo recuerden más por los 46 cameos que realizó en las producciones de Marvel, pero detrás de ese anciano simpático hay un personaje que fue clave en el planeta de los cómics. Que lo cambió, lo moldeó y, en cierta forma, le dio el cariz a una industria que explotó fuertemente en los últimos 18 años.

Stan Lee -cuyo nombre real era Stanley Martin Lieber– nació en Nueva York en 1922 y ya desde temprana edad soñó con ser un reconocido autor. En pos de alcanzar esa meta, comenzó desde adolescente a trabajar en el mundo de los cómics: a los 17 años ingresó a Marvel como cadete (en esa época de llamaba Timely), y desde ese momento nunca más se alejó de un rubro que no lo atraía. Es más, debido a que no quería manchar su nombre real al firmar las historietas, fue que decidió hacerse llamar con el apodo que lo llevó a la fama, y que tiene que ver con la fonética del original.

Stan Lee en el set de filmación de la película The Incredible Hulk Returns (1988). Foto: AP.

¿Por qué fue este escritor tan importante para el ambiente de los cómics? Por la empatía que generó con los lectores a través de sus originales personajes. En una entrevista brindada al periódico The Washington Post, Lee explicó que quería que sus personajes fueran “reales, de carne y hueso y con personalidad”. De esa premisa nació Spiderman, un héroe que a pesar de sus poderes tiene los problemas típicos de cualquier adolescente; apareció Hulk, un personaje que tiene que lidiar con la soledad que le provoca su ira; o surgieron Los 4 Fantásticos, que además de combatir el mal, también deben sobrellevar las diferencias propias de una familia.

A los 95 años, y a pesar de que parecía interminable, el carismático Stan Lee dejó este mundo. Ya no habrá nuevos cameos ni nuevas historias por leer, pero su legado siempre se mantendrá presente en cada gota de tinta que se utilice para darle vida a sus superhéroes. Héroes que no son súper tanto por sus poderes, sino por sus corazones, que bombean los ideales que su creador les transmitió.

Imagen destacada: Archivo

Martín Bugliavaz (2ºB T.N.)

«Que mis canciones suenen en la radio es un sueño cumplido”

Laura González, la cantante que brilló en los recitales de Axel en el Gran Rex, habló de sus inicios, sus logros y sus proyectos. La historia detrás de una voz que busca llegar lejos.

Ir al teatro nutre de cultura, de arte y, la mayoría de las veces, también de pasión. Allí uno puede experimentar sentimientos ya vividos y descubrir muchos nuevos, algo que sin dudas varias personas coincidirán que ocurrió en los conciertos que Axel brindó en el Gran Rex hace pocas semanas atrás. Porque el público no sólo disfrutó del ídolo por el cual pagaron la entrada, sino también de una melodiosa voz que acompañó al músico de Rafael Calzada durante todo el show: la de su corista, Laura González.

Tras años de realizar jingles y de brindar shows en teatros pequeños de diferentes partes del país, a Laura le llegó la gran oportunidad de presentarse en un espectáculo que estuvo en la mira de todo el mundo musical de Argentina, algo que ella ve como trascendental para su carrera. “Cantar con Axel significó la posibilidad de mostrarme como vocalista en grandes escenarios y de llegar a mucha gente que antes no me conocía”, aseguró.

Interpretación de Aguaribay junto a Axel en el Gran Rex. Video: Joha Antognoli (Youtube)

Sin embargo, más allá de los Gran Rex que la tuvieron como protagonista de la canción Aguaribay -uno de los hits correspondientes al último disco de Axel-, la cantante nacida en Buenos Aires ya tiene una extensa trayectoria en el ambiente musical. Comenzó a grabar jingles y música para niños ya desde los cuatro años, algo que, según ella, la marcaría a fuego. “Fui muy estimulada desde pequeña, tuve esa suerte. En la adolescencia vino la rebeldía de no querer dedicarme a lo mismo que mis padres, pero la música volvió a buscarme y aquí estoy”, explicó.

Ese estímulo, que parece algo meramente normal para cualquier niño, era inevitable por un detalle crucial: sus padres son los consagrados músicos Marcelo San Juan y Julia Zenko. A pesar de que reconoce que “jamás la obligaron a nada”, Laura señala que “absorbió como una esponja” la música que su padre le hizo escuchar desde pequeña, y que eso sería determinante a la hora de decidir su futuro. “Yo quería ser veterinaria y trabajar en Mundo Marino, pero paralelamente, como era muy afinada y tenía mucho oído, seguía trabajando en el estudio y me divertía mucho. Hasta que me decidí por dedicarme a la música y comencé a estudiar”, confesó.

Su padre no sólo sería la chispa que encendería la llama de su pasión por la música, sino que la acompañó en cada paso de su carrera artística. Un ejemplo de ello es el álbum solista que Laura lanzó en 2013 y que tituló “Lo que tengo que hacer” -en referencia a la canción homónima incluida en el disco-, en donde Marcelo San Juan compuso tres de los diez temas, sobre cuya elección detalló: “Son canciones que quiero mucho y que fueron seleccionadas por su complejidad armónica y melódica, con aires de R&B y otros ritmos afroamericanos que fueron mis influencias principales en la música”.

Laura presentando su álbum «Lo que tengo que hacer» en 2013. Foto: Verónica Varela

Si de influencias se habla, la intérprete de 34 años no dejó pasar la oportunidad de mencionar al uruguayo Rubén Rada, músico con el cual se dio el gusto de compartir un escenario. “Destaco haber trabajado con Rubén Rada porque crecí escuchando sus discos. El escenario rebosa de swing en sus shows”, resaltó. Hoy en día, además, también trabaja con una de sus hijas, Julieta Rada, con quien integra el trío tributo a Luis Miguel denominado Micky’s, que se completa con la cantante Emme.

Justamente Micky’s es uno de los proyectos que hoy en día más rédito le da a Laura. Los múltiples shows que la banda brindó a sala llena en Capital Federal llamaron la atención de los medios, hecho que derivó incluso en una invitación al programa “Basta de todo” conducido por Matías Martín en la Metro. En relación a eso, y consultada por el posible influjo que podría haber provocado en el grupo la serie que Netflix realizó sobre la vida de la estrella mexicana, González observó: “La idea de crear la banda fue de Emme y surgió mucho antes que la serie, pero por suerte eso ayudó mucho a que la música de Luismi se popularizara aún más. ¡Nosotras éramos fans desde la primera hora!”.

Su vida transcurre entre los coros para grandes artistas -además de Axel, también Tini Stoessel la incluyó en un acústico que realizó para Radio Disney-, los conciertos que realiza con Micky’s y la preparación de nuevo material para su carrera solista, proceso al que define como “largo”, pero que de a poco se ve reflejado en su perfil de Spotify. Mientras tanto, se permite analizar y mirar tanto atrás como hacia adelante en pos de describir sus anhelos más profundos.

Junto a Emme y Julieta Rada en la participación de Micky’s en «Basta de todo». Foto: @bastadetodo

“Cumplí muchos sueños. Por ejemplo, que mis canciones suenen en la radio o viajar por todo el mundo cantando. Fui cantante en cruceros los últimos dos años y fue maravilloso”, asegura en referencia al pasado, a aquellos logros que pudo tachar de la lista de pendientes. Así de clara también es a la hora de proyectar lo que viene, ya que se ilusiona con formar parte de “algún festival internacional de jazz” y con seguir viajando para “compartir la música con músicos de otros países”. De todas formas, si de soñar e ilusionarse se habla, Laura González -de nombre común, pero impronta original- no cavila y sentencia: “Ya vivir de la música hoy es un sueño que se hizo realidad y una bendición”. Un pensamiento firme y decidido, que va a la par de aquella corista que en el Gran Rex no le tembló el pulso para conquistar a miles de personas con su voz.

Imagen destacada: captura de Youtube (Joha Antognoli)

Martín Bugliavaz (2ºB T.N.)

El oscuro regreso de Sabrina

La bruja adolescente volvió a la pantalla chica de la mano de Netflix, pero con una versión mucho más tenebrosa que la popular serie de 1996. Los detalles de un regreso que es fiel al poco conocido cómic.

Actualmente, los remakes conforman una tendencia que parece mantenerse firme. Este fenómeno ocurre no sólo en el cine, sino también en la televisión, donde el pasado 26 de octubre se produjo el retorno de la magia, la hechicería y los gatos negros. Todo esto no hace más que referencia a Sabrina, la bruja adolescente a la que Netflix -en coproducción con Warner– dio vida nuevamente en su flamante serie Chilling Adventures of Sabrina (El mundo oculto de Sabrina, en Hispanoamérica).

Para muchos, seguramente Sabrina les haga acordar a la comedia de mediados de la década de 1990 protagonizada por Melissa Joan Hart, quien le puso la cara al personaje desde 1996 hasta 2003, cuando la serie llegó a su fin. Sin embargo, la historia de la joven bruja comenzó hace más de 40 años en el medio gráfico, más precisamente en las historietas de Archie.

Sabrina en la década de 1960. Foto: Archie Comics.

Su primera aparición fue en el año 1962, donde se presentó como un personaje secundario del cómic protagonizado por Archie, un adolescente que vive todo tipo de historias sobrenaturales con un grupo de amigos en la ciudad de Riverdale. Pero es en la vecina Greendale donde habita Sabrina Spellman, la carismática hechicera que con el correr de las publicaciones se volvió tan popular que con el tiempo tendría su propia historieta.

Es así como surgió en 2014 el cómic homónimo a la serie de Netflix. Su creador fue Roberto Aguirre-Sacasa (quien también se encargó se producir la ficción para la plataforma norteamericana) y muestra una versión totalmente distinta al cómic de los años 60. El escritor siguió la línea de Afterlife with Archie, una historia del año 2013 en la cual Sabrina fue introducida como un personaje oscuro y tenebroso, lejos de aquella simpática y risueña bruja de las primeras presentaciones.

La bruja en Chilling Adventures of Sabrina (2014), el cómic que inspiró la serie. Foto: Archie Comics.

Esa misma contracara ocurre con las series de televisión. Así como la Sabrina de los años 90 lograba sacar risas de los espectadores gracias a Melissa Joan Hart, la actual cumple el objetivo de poner la piel de gallina. La encargada de llevar a cabo el papel es Kiernan Shipka, quien luce acertadamente la esencia de un personaje que se debate entre el mandato familiar de pertenecer al diabólico círculo de las brujas y el deseo de permanecer al lado de las personas que más ama.

La ficción de diez episodios se completa con la actuación del actor y cantante juvenil Ross Lynch, que vuelve a la pantalla chica tras su exitosa carrera musical junto a sus hermanos en R5 y The Driver Era, e interpreta al enamorado novio de Sabrina, Harvey Kinkle. Pero, por supuesto, además la serie trae de nuevo a Salem, el gato negro y guía espiritual de la adolescente; a sus tías, Hilda y Zelda; y, por supuesto, demonios, espíritus y hasta al mismísimo Satanás, a quien la protagonista deberá enfrentar.

Imagen destacada: Netflix

Martín Bugliavaz (2ºB TN)

La desconocida cara musical de Buenos Aires

Multifacética como pocas ciudades en Sudamérica, Buenos Aires ofrece una amplia variedad de posibilidades para los apasionados por la música. Cuáles son las alternativas más elegidas por quienes desean seguir este camino.

Si uno analiza la historia musical de la Argentina, puede hallar grandes exponentes que la han representado a nivel mundial. Desde los añejos tangueros -con Carlos Gardel a la cabeza-, hasta los variados conjuntos de rock de la década de 1980, donde Soda Stereo se afirmó como uno de los máximos estandartes. Justamente, y tomando el nombre de una de las canciones de la banda comandada por Gustavo Cerati, la “Ciudad de la Furia”, Buenos Aires, capital de la nación, hoy en día cuenta con una vasta oferta educativa para aquellos que quieran ser parte de la historia musical de su patria.

Al navegar por cualquier buscador en pos de obtener información acerca de dónde realizar estudios musicales en el país, la mayoría de los resultados arrojados corresponderán a instituciones ubicadas en la Ciudad de Buenos Aires (y en algunos casos, que son los menos, en el Gran Buenos Aires).

Si bien en el resto de las provincias argentinas hay ofertas educativas relacionadas a la música, estas se ven disminuidas ante el extenso abanico de posibilidades que existen en la Capital Federal y que abarcan los diferentes niveles educativos. Por ejemplo, los chicos que concurren a la Escuela Primaria pueden optar entre 15 instituciones que están bajo la órbita del Gobierno de la Ciudad, en las que pueden iniciarse en el mundo musical. Allí aprenden sobre diferentes tipos de instrumentos y además se forman en asignaturas como Lenguaje Musical, Canto Coral, Conjunto de Cámara, Expresión Corporal y Danzas Folklóricas, entre otras.

Banda formada por alumnos de la escuela Palermo Sounder. Foto: El Destape Web.

A pesar de ser complementarias, estas escuelas son de vital importancia para la formación de los más chicos. No sólo porque brindan la posibilidad de aprender a tocar instrumentos de manera gratuita, sino porque además allí se enseña la lectoescritura musical, algo que a la postre, en caso de querer seguir profundizando en la materia, será de carácter obligatorio. A esto también se le suma la posibilidad de exponer los avances realizados en el Salón Dorado de la Legislatura Porteña, algo que puede ser un gran incentivo para los jóvenes músicos.

En la escala educativa siguiente, la Escuela Secundaria, también hay opciones variadas en cuanto a la formación musical. El gobierno porteño tiene a su cargo el Instituto Vocacional de Arte “Manuel J. de Labardén” y la Escuela Superior de Educación Artística en Música “Juan Pedro Esnaola”. Mientras que la primera ofrece cursos extracurriculares para los adolescentes, la ESEAM brinda la posibilidad de estudiar música y bachillerato en un mismo edificio (aunque siempre con la prioridad puesta en la formación musical, que culmina con el título de Intérprete).

También en este nivel educativo, se puede encontrar una propuesta innovadora ya dentro del ámbito privado. Se trata de Palermo Sounder, una escuela que permite cursar el bachillerato por la mañana y la carrera de música por la tarde, pero con la particularidad de tener una orientación contemporánea, en la que se aprende sobre géneros como el rock y el pop. Además, la formación incluye grabación y producción musical, enseñanza que es certificada por la Universidad Tecnológica Nacional (UTN).

La tendencia de incorporar lo contemporáneo es algo frecuente en la educación artística en la actualidad. Así como ocurre en la Escuela Nacional de Danzas “Aída V. Mastrazzi”, también ocurre en las instituciones de nivel secundario y, por supuesto, también en los niveles superiores. En esa escala, dentro de la Ciudad de Buenos Aires se hallan dos conservatorios que gozan de gran prestigio a nivel nacional: el Ástor Piazzolla y el Manuel de Falla.

El Conservatorio Superior de Música de la Ciudad de Buenos Aires “Ástor Piazzolla” es el heredero del reconocido Conservatorio Nacional de Música, que se fundó en 1924 y se dividió en dos instituciones en 1989: una de ellas fue el Ástor Piazzolla, para la educación superior; la otra fue la Escuela Nacional de Música, de enseñanza media. En el CSMCB, lo tradicional prevalece y la oferta académica incluye profesorados especializados en diferentes ramas de la música clásica.

Por su parte, el Conservatorio Superior de Música “Manuel de Falla” tiene otra orientación. Como contracara de lo tradicional, aquí lo contemporáneo es lo que se destaca, y puede optarse por carreras como las tecnicaturas en Jazz, Etnomusicología y Música Popular Argentina, entre otras diversas especialidades.

Coro de alumnos de la Escuela de Música «Juan Pedro Esnaola». Foto: Facebook Escuela de Música «Juan Pedro Esnaola».

Más allá de que muchas de las instituciones mencionadas sufrieron -y sufren- problemas edilicios por la falta de mantenimiento, perduran en el tiempo. Su nivel de educación y el reconocimiento obtenido hasta este entonces son otra muestra de la calidad de la educación pública nacional, que siempre debe mejorar, pero que también es una garantía para el pueblo argentino. Un pueblo ecléctico, que se deleitó con los cantos del “Zorzal criollo” allá por la década de 1920, o con las profundas e indescifrables letras de un loco con bigote de dos colores en la década de 1970, y que seguramente vibrará con algo de lo producido por aquellos jóvenes que hoy transitan las aulas porteñas en las cuales disfrutan gratuitamente de su pasión por la música.

Imagen destacada: Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires

Martín Bugliavaz
2° «B» T.N.

Halloween y su centenario trasfondo cultural

El origen de una de las celebraciones más exóticas para los argentinos. Lo que hay que saber de una fecha cada vez más presente en nuestros calendarios.

Seguramente, al pensar en Halloween muchas cosas se vengan a la mente. Calabazas con una vela en su interior, esqueletos, brujas, disfraces, dulces, Estados Unidos. Algo lógico, por otro lado, ya que es lo que los grandes estudios cinematográficos norteamericanos se han encargado de representar desde la década de 1970. Sin embargo, esta marketinera celebración tiene un origen cultural muy profundo, que incluso abarca a diferentes sociedades y religiones de diferentes partes del mundo.

El surgimiento en Galia: el Samhain

Halloween no tiene su origen en América, como equivocadamente suele pensarse, sino en Europa. Allí, más precisamente en la región de Galia, los celtas -pueblos que hablaban las diferentes lenguas celtas y que habitaron tierras que hoy pertenecen a diferentes países- celebraban el Samhain, una festividad con la cual se daba la bienvenida al año nuevo.

Etimológicamente, Samhain significa “Fin del verano” y se conmemoraba el 31 de octubre, que era considerado el último día del año. Los celtas creían que el mundo de los vivos y el de los muertos se unían durante ese día, con lo cual estaban expuestos a la presencia de espíritus tanto benévolos como malévolos. Para ahuyentar a las almas indeseadas, los estudiosos de este ritual creen que se utilizaban máscaras y disfraces, algo que explicaría el motivo de su presencia en las celebraciones actuales.

Representación gráfica del Samhain. Foto: Wiki Media.

La tradición irlandesa y su arribo a Norteamérica

Los irlandeses conformaban uno de los tantos pueblos celtas que tenían como tradición la celebración del Samhain, y fueron los grandes responsables de lo que hoy en día conocemos como Halloween. En la década de 1840, Irlanda sufrió la plaga de una especie de escarabajo que causó estragos en la cosecha de papas, alimento básico de un tercio de la población del país. Este hecho derivó en emigraciones masivas hacia distintas partes del mundo, y uno de los destinos más elegidos fue Estados Unidos.

En suelo norteamericano, los irlandeses lograron adaptarse y establecerse, pero consigo llevaron sus costumbres y creencias, siendo el Samhain uno de los ejemplos más resonantes. Esta festividad tardó casi un siglo en expandirse por todo el país, y recién en 1921 se realizó el primer festejo nacional de lo que ya en ese entonces se llamaba Halloween.

El origen del nombre actual

A la vez que los celtas celebraban el Samhain, la Iglesia católica celebraba el Día de Todos los Santos. Esa jornada -que festeja la santificación de todas las almas que ya han pasado exitosamente por el purgatorio-, en un principio se llevaba a cabo el 13 de mayo, pero, en un intento por cristianizar el Samhain celta –al cual se consideraba un ritual pagano-, el papa Gregorio IV lo cambió por 1 de noviembre.

Por la proximidad de ambas fechas, muchas personas en aquella época mezclaban los conceptos de las festividades. El Día de Todos los Santos acabó siendo el término que prevaleció, y por ende los irlandeses los trasladaron de esa forma hacia Estados Unidos. En un inglés antiguo, se ese día era traducido como All Hallows Evening, que con el paso del tiempo se acortó y modificó para dar paso al popular Halloween.

El primer desfile de Halloween, realizado en 1921 en Minnesota. Foto: archivo.

El porqué de las calabazas

Una de las imágenes típicas de Halloween es la calabaza sonriente e iluminada por una vela depositada en su interior (conocida como Jack-o’-lantern en Irlanda). Esta llamativa característica también fue aportada por los irlandeses, que difundieron por todo Estados Unidos la fábula de «Jack, el tacaño».

La historia cuenta que Jack era un irlandés miserable, borracho y conflictivo que, por sus acciones, llamó la atención del mismísimo Diablo, que fue a reclamar su alma para llevársela al Infierno. Esto finalmente no sucedió gracias a la astucia de Jack, que logró eludir dos veces a Satanás y de esa forma pudo vivir algunos años más luego de su primer encuentro.

Sin embargo, cuando le llegó el momento de morir, Jack tampoco fue admitido en el Cielo, ya que no había hecho los méritos suficientes en vida. De esta forma, al no poder entrar en ninguno de los dos mundos que se cree que existen después de la muerte, Jack se vio condenado a vagar por el purgatorio y alumbrar el camino de las demás almas con una linterna que él mismo confeccionó con un nabo -que hoy en día es reemplazado por una calabaza- y fuego del Infierno que le fue arrojado por un enfurecido Satanás. Así, este personaje pasó a ser conocido como «Jack, el de la linterna», que en inglés sería Jack of the lantern, luego acortado a Jack-o’-lantern.

Michael Myers, el asesino de la película Halloween de John Carpenter. Foto: captura del film.

La expansión internacional y la relación con Latinoamérica

Una de las películas más reconocidas acerca de esta celebración es Halloween (1978), del reconocido director John Carpenter. La historia del asesino Michael Myers no sólo se convirtió en un clásico y una obra de culto para los amantes del cine de terror, sino que fue la primera de muchas películas que retratarían las costumbres de un festejo que en ese momento ya era muy popular en Estados Unidos, pero poco conocido en el resto del mundo.

Una de las regiones con menos conexión con Halloween era Latinoamérica. En una época donde la comunicación no era tan viable como lo es en la actualidad, los detalles de esta fiesta no eran muy conocidos para los habitantes de los diferentes países de la zona, que la veían como ajena y “muy yanqui”, en referencia a lo llamativo.

Sin embargo, más allá de las diferencias, muchas sociedades de Latinoamérica poseen celebraciones que guardan una relación con los orígenes del Halloween, como lo es el Samhain. Quizás el ejemplo más representativo es el Día de Muertos, una tradición celebrada cada 2 de noviembre en México, y cuyo concepto es similar al del ritual celta: la reunión entre los vivos y los muertos.

Tanto en México como en Chile, un país donde se le da importancia al Día de Todos los Santos, las fiestas de Halloween son ya moneda corriente. Sin embargo, en Argentina siempre se fue reticente a este evento, que recién en el nuevo milenio se ha incorporado al calendario de las nuevas generaciones, que aprovechan la ocasión para organizar fiestas de disfraces o concurrir con ellos a los boliches.

Mexicanos celebrando el Día de Muertos. Foto: Secretaría de turismo Aguascalientes.

Muchos han oído hablar de Halloween. Algunos los festejan, otros lo miran de reojo. Sin embargo, pocos conocen el trasfondo que hay detrás de una celebración que está ligada a la cultura y la religión, que ha trascendido con el paso de los siglos y que traspasó límites geográficos, algo que en la actualidad sigue ocurriendo gracias a la globalización. Pueden surgir muchas preguntas a raíz de esta cuestionada tradición, pero quizá la pregunta más hecha es: ¿dulce o truco?

Imagen destacada: National Geographic

Martín Bugliavaz (2ºB T.N.)

Operación Final: Holocausto y espionaje en Buenos Aires

La película de Netflix narra la historia de la captura del militar nazi Adolf Eichmann en territorio argentino. Las referencias a nuestro país en una producción extranjera.

Barracas y Alemania. El Obelisco y los campos de concentración. Tango y crímenes de lesa humanidad. Israelíes y alemanes en Luján, Hurlingham y Acassuso. A simple vista, estos conceptos mezclados parecen no tener sentido, pero se unieron para llevar a cabo una película basada en hechos reales que tuvieron lugar en Argentina: Operación Final.

La historia se centra en la figura de Adolf Eichmann, un militar de la Alemania nazi que llegó a ser teniente coronel de la SS y que es considerado como el “arquitecto de la solución final”, aquel plan de exterminio que terminó con la vida de alrededor de seis millones de judíos.

Una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, y previos pasos por Austria y Suiza, Eichmann recaló en Argentina en 1950 con la identidad falsa de Ricardo Klement. Tras un paso por la provincia de Tucumán, se estableció junto a su familia en la localidad de San Fernando, en la zona norte del Gran Buenos Aires. Allí fue descubierto por uno de sus vecinos, un alemán judío llamado Lothar Hermann, que de inmediato dio aviso a Israel.

Los Granaderos a caballo en Barracas. Foto: Netflix.

La trama del film hace hincapié en la captura de Eichmann, desde que el Mossad -servicio de inteligencia israelí- es informado de su presencia en Argentina, hasta que lograron sacarlo del país para que fuese juzgado en tierra judía (el nombre real de la misión era Operación Garibaldi, por la calle en la cual residía). Para lograr la ambientación adecuada, la producción decidió realizar locaciones en distintos puntos del conurbano bonaerense y en algunos sitios de la Capital Federal, como el infaltable Obelisco, el Cementerio de Recoleta o la Catedral de Buenos Aires.

Es así como los minutos transcurren y en la historia pueden percibirse características nacionales poco vistas en producciones estadounidenses. El viejo colectivo 203 (que unía San Fernando con Luján); la referencia a la fábrica de Mercedes-Benz donde trabajaba Eichmann, en González Catán (NdeR: está ubicada en Virrey del Pino); la mención a las empanadas, el fernet y a Carlos Gardel; o los Granaderos a caballo recorriendo las calles de Barracas, donde también toma protagonismo el mítico bar El Progreso.

Más allá de que el acento porteño no suena bien logrado en muchas partes, la película consiguió representar bien a Buenos Aires en 1960, un año en el cual Argentina conmemoraba los 150 años de su primer gobierno patrio. Una fiesta a la que asistieron israelíes, que no fueron ni a ver el Obelisco ni a bailar tango, sino a escribir una página más de la historia universal.

Imagen destacada: Netflix

Martín Bugliavaz
2ºB T.N.

Axel emocionó en su vuelta al Gran Rex

El músico volvió a presentarse en Buenos Aires ante un teatro repleto. Sus clásicos y sus éxitos más recientes se combinaron en una noche a puro sentimiento.

El amor comienza. El amor trasciende. El amor triunfa. Estas frases podrían ser dignos extractos de las poesías románticas de Pablo Neruda o de Jorge Luis Borges, pero no. Son obra de Axel, que así tituló a las tres etapas en las cuales dividió a su show en el teatro Gran Rex, donde inició su gira Volver a Ser.

El cantante oriundo de Rafael Calzada no le dio porque sí ese nombre al tour, sino que fundamentalmente se debió a dos motivos que pudo concatenar. Uno de ellos es el título de su último álbum de estudio, Ser; y el otro tuvo que ver con la idea madre de la gira, que fue repasar los grandes éxitos de su carrera.

Con esta premisa se encontró el público, que se mostró asombrado por la división del show. La ansiedad lógica por ver a Axel se vio incrementada por este condimento, y mucho más cuando a la hora señalada el artista no apareció en escena. De todas formas, la paciencia reinó y recién transcurridos diez minutos, los aplausos se hicieron oír. Y funcionó, porque enseguida las luces del recinto de apagaron y la estrella se hizo presente de manera espectacular, elevado hacia el escenario por una plataforma.

Axel en la primera fase del show: El amor comienza. Foto: Martín Bonetto.

Así inició la primera etapa del concierto. Un Axel vestido completamente de blanco y con su guitarra colgada entonó Un nuevo sol, tema del álbum homónimo. Ya desde esa primera canción, la voz de la corista Laura González se destacó al acompañar al músico, que luego la invitó al escenario para cantar junto a ella Aguaribay, un sencillo correspondiente al último álbum.

El amor comienza contó con un cariz positivo. A través de temas como Verte reír, Me estoy enamorando, Soñemos juntos o Todo mi mundo, Axel pareció describir esos primeros pasos de una relación, en donde los buenos momentos son los que prevalecen. Esa sensación se notó reflejada en los espectadores, que con sonrisas corearon cada una de las estrofas.

Tal energía permaneció en el ambiente incluso cuando la estrella se tomó un pequeño descanso. Durante esa transición, la voz de la corista cobró más protagonismo y ayudó a amenizar la espera de los fanáticos más fervientes, que estallaron cuando su ídolo volvió al escenario para encarar la segunda etapa del show.

El amor trasciende representó un cambio notorio con respecto a lo que se venía oyendo. El espíritu de esta fase estuvo cargado de melancolía, y hasta el renovado vestuario de Axel transmitió eso. El cantante reapareció con una camisa blanca y un pantalón negro sueltos, dando la idea de un triste estado de ánimo que fue acorde a los éxitos entonados.

El músico durante la segunda parte: El amor trasciende. Foto: Supernova.

Quiéreme, La soledad y Cuando no encuentres paz fueron algunos de los hits que sonaron en esta etapa, en la cual Axel lució más reflexivo. No sólo desde las letras que cantó, que hablaron de los momentos difíciles de una relación o de las angustias que deja una ruptura, sino también desde la previa de las canciones. Tal como lo hizo a lo largo de la noche, se tomó los instantes previos a sus temas para introducirlos, y para ello apeló tanto a reflexiones propias como a citas de otros artistas.

Sin embargo, la última parte del show volvió a tener color. Tras una transición durante la cual la corista volvió a acompañar al público -que lució un estado de ánimo menos eufórico luego de la segunda fase-, Axel volvió una vez más al centro de la escena. Vestido de negro, el compositor inició El amor triunfa con Amo, una de las composiciones que lo catapultaron a la fama.

Esta etapa se vio como una especie de conclusión de Axel. Con canciones como Celebra la vida, Que nos animemos o Afinidad, el músico pareció dar el mensaje de que toda historia de amor tiene un final feliz. Eso se percibió en el teatro, cuya atmósfera cambió notablemente con los aplausos, los coros y también con la inesperada aclamación a Kany García, la artista puertorriqueña que fue invitada para compartir dos canciones con el anfitrión.

Axel junto al público tras el cierre de la función. Foto: Supernova.

Para el cierre de la velada, el músico dejó dos platos fuertes. Uno de ellos fue Aire, reconocida como “Canción del año” en los Premios Gardel 2018; el otro fue Te voy a amar, un tema que ya se transformó en un clásico y que los espectadores aplaudieron de pie cuando llegó a su fin. Así concluyó Axel un show en el cual pudo exponer lo nuevo, pero que también marcó el regreso de aquello que lo llevó a ser la figura que es hoy, y que lo condujo a llenar nuevamente un Gran Rex. Eso que quería lo logró: Volver a Ser.

Imagen destacada: Martín Bonetto

Martín Bugliavaz (2ºB TN)

The Miracle Season: el vóley más allá de lo deportivo

El drama estadounidense cuenta una historia basada en hechos reales, donde el vóley fue el motor para superar el dolor.

 The Miracle Season es una película que podría apresuradamente calificarse como una más de esas producciones estadounidenses donde un conflicto es superado con final feliz a base de esfuerzo y carisma. Y en parte podría serlo, pero tiene un agregado que le da otro matiz: está basada en una historia real.

Este film es un drama inspirado en la muerte de Caroline Found, una joven que era la capitana del equipo de vóley de su escuela, la Iowa City West High School. “Line”, como era apodada, sufrió un accidente de tránsito en el 2011 a sus 17 años, y su historia recorrió el país entero debido a lo que sucedió luego de su partida, con sus compañeras alcanzando el bicampeonato tras una temporada cargada de sufrimiento.

La película retrata la relación de Caroline con su equipo -en especial con su mejor amiga Kelley (Erin Moriarty)- y con su capitana Kathy (Helen Hunt). Pero la base de la historia se centra en lo que ocurrió después del accidente, que fue la rápida superación del duelo que tuvieron que realizar las chicas para poder afrontar el campeonato, con la responsabilidad extra de ser las campeonas defensoras.

The Miracle Season (¡A ganar!, en Latinoamérica) es muy emotiva de principio a fin. En parte por el dolor de las pérdidas (no sólo la de Caroline, sino también la de su madre enferma), y en parte por el espíritu de lucha que infunda la dura y exigente Kathy, que, a través de la excelente interpretación de Hunt, transmite  a sus jóvenes los valores necesarios para sortear la adversidad.

Tal vez sea una más de esas películas donde el deporte es el medio para alcanzar mucho más que trofeos o medallas. Pero, de todas formas, vale la pena recorrer sus 99 minutos aunque sea para captar el mensaje que el director Sean McNamara intentó reflejar, y que no se trata sólo del vóley, sino de la vida misma.

Imagen destacada: LD Entertainment

Martín Bugliavaz
2º «B» T.N.

Hey Jude, un clásico de 50 años

El éxito de The Beatles cumplió su quincuagésimo aniversario. La historia de uno de los hits más cantados. 

Si se piensa en The Beatles, infinitas canciones pueden venirse a la mente. Yesterday, Twist and shout, Revolution, y muchas otras más. Dentro de ese conjunto de éxitos que parece ser inagotable, se encuentra un hit que acaba de cumplir 50 años: Hey Jude.

Dentro de la variedad de éxitos que compuso la célebre banda inglesa, cada uno de ellos tiene logros y características particulares que los hacen únicos. En el caso de Hey Jude, lo destacable es que desde su estreno el 26 de agosto de 1968, permaneció durante nueve semanas en el número uno de Estados Unidos, algo que ninguna otra composición del conjunto de Liverpool logró.

Hey Jude fue compuesta por Paul McCartney, quien se inspiró en Julian Lennon, el primer hijo de su compañero John. El pequeño, apodado “Jules” y en ese entonces de 5 años de edad, se encontraba deprimido por el divorcio de sus padres -John ya se había separado de Cynthia Powell y convivía con Yoko Ono- y Paul, con quien tenía una buena relación, decidió ir a visitarlo.

En su auto camino a la casa de Julian, McCartney pensó en escribir una canción para consolarlo. “Hey Jude, don’t make it bad. Take a sad song and make it better”, dice la primera estrofa, que incita al niño a pasar el mal momento y salir adelante. El nombre “Jude” fue introducido antes de grabar el sencillo porque “sonaba mejor que Jules”, según confesó años más tarde Paul.

El éxito de Hey Jude, que el propio Lennon definió como “la mejor canción de Paul”, ha vendido hasta el día de hoy 8 millones de copias y se convirtió en una especie de himno británico, con su emocionante y célebre coro. Un verdadero clásico que celebra cada vez más años, pero que conserva su brillo intacto.

Imagen destacada: www.50anosdebeatlemania.blogspot.com

Martín Bugliavaz (2°B TN)