La Joya que supo brillar y que busca un nuevo esplendor

Diego Chaves admite con naturalidad que el boxeo no lo apasiona. Aunque el ex campeón quiere volver a saborear la gloria.

Con generaciones de guantes en su espalda, con una más que vasta experiencia familiar en el ring, y luego de haberse consagrado campeón del mundo, Diego Chaves tiene muy en claro que los guantes son su trabajo. Su profesión y punto. “Lo que me salió mejor de manera innata”, confesa.

En diciembre de 2017, en el suplemento “Enganche” del diario Página 12, otro Diego, el Peque Schwartzman, declaró: “Cambiaría mi carrera de tenista por jugar en la Primera de Boca”. El hoy número 11 del ranking ATP parece ir por el mismo sendero que la Joya. En el caso del boxeador bonaerense, su mirada se enciende con lo que él concibe como su vida. Como su primer gran amor: Vélez Sarsfield.

Marcado a fuego por su paso en Inferiores por el club de Liniers, hubiera preferido llegar a jugar en Primera más que nada en el mundo. Pero el destino tenía preparado algo distinto para su futuro. De una cancha de fútbol a un ring de box. De entrar con 10 compañeros al campo a la soledad del cuadrilátero. De avanzar con pelota dominada a hacerlo con guantes y en guardia alta.

Nacido el 7 de abril de 1986, nieto de Rudecindo Chaves -sparring de Carlos Monzón y Víctor Galíndez en los ‘70-, sobrino de Ismael y Ariel -campeones argentinos en los ‘90- y primo de Brian Castaño -aire nuevo en el pugilismo de estos días-. Los Chaves llevan el boxeo en la sangre y como legado familiar. A Diego, sin embargo, ni siquiera la práctica de años lo ha llevado a tomarle el gustito a la pasión sobre la lona. El fuego sagrado está, pero en otro lado, claro.

Aun así, a sus 32 años, el boxeo le ha dado grandes satisfacciones. En su haber registra una cosecha de 26 victorias (22 KO), 4 derrotas y 1 empate. Su capítulo consagratorio fue el 21 de julio de 2012 cuando se coronó campeón wélter interino de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) tras un KO en el segundo asalto frente al francés Ismael El Massoudi en el estadio de la Sociedad Alemana de Gimnasia de Villa Ballester, en José León Suárez. Dos meses después, retuvo el título (en su única defensa), el 22 de septiembre, con igual resultado (KO2) ante el panameño José Miranda en el mítico Luna Park. Finalmente, otra vez en julio, pero de 2013, perdió el cinturón ante Keith Thurman por un KO técnico en el décimo round, en San Antonio, Texas en lo que fue su primera derrota profesional.

“Mi mano para definir es la derecha, pero tengo más porcentaje de nocaut con la izquierda”, explicó el noqueador de técnica ortodoxa. Haciendo un recorrido fugaz por su carrera, sostuvo que su combinación de golpes preferida es: «tocar primero al rival con un gancho ascendente derecho para rematar con otro igual, pero izquierdo y descendente, directo al hígado».

No obstante, ciertos reveses se encargaron de hacerle saber a este destacado pugilista que no todo sería sencillo ni un lecho de rosas. Discusiones con Osvaldo Rivero, quien supo manejar su carrera, devinieron en cortocircuitos económicos  y disputas por las bolsas de las peleas que llevaron a La Joya a alejarse de los primeros planos del boxeo internacional.

Fueron 18 meses de bloqueo, improductividad e inactividad tras acusar a Rivero de quedarse con un vuelto cuantioso de la bolsa correspondiente a la pelea frente a Brandon Ríos (agosto de 2014) en la que Chaves fue descalificado a falta de un asalto.  “Mientras existan los managers en Argentina va a ser muy difícil que el boxeador gane un buen dinero”, cuestionó recientemente en la previa a su combate con el sudafricano Thulani Mbenge el pasado junio.

En agosto de 2017, en Radio La Salada (AM 1300) declaró, con la irreverencia que lo caracteriza, que «acá las bolsas son una vergüenza» y que «no enfrentar a boxeadores de primera línea porque cada promotor cuida su quintita va a repercutir cuando vayan a combatir afuera«.

La proyección pugilística del muchacho crecido en San Miguel dependerá de la forma en que pueda asimilar sus últimas dos derrotas consecutivas por KO, y en apenas seis meses (contra Jamal James en diciembre de 2017 y ante Mbenge por el título internacional wélter de la OMB junio).

Ya sin promotores carroñeros, sus casi tres años de exilio del boxeo de primer nivel parecen estar pasándole factura. No obstante, prudente y enfocado, se entrena en pos de hacer resurgir sus notables aptitudes técnicas. Es una  paulatina vuelta al ruedo para un ex campeón mundial que tiene con qué retornar a la primera plana boxística.

 

Andrea Rojas, Tamara Prieto y Micaela Almada