De Buenos Aires a Tokio: la historia de un argentino que emigró a Japón

Adrián Chibana, conocido en redes sociales como “Nishi”, tenía 22 años cuando tomó una decisión que cambiaría por completo su vida; una propuesta de su padre lo llevó a dejar todo atrás y probar suerte en el pais asiatico.

Once años después, Nishi tiene 33 años, vive en Tokio y construyó allí una vida muy diferente a la que llevaba en Argentina. Trabajó en fábricas, pasó por la construcción y actualmente combina distintas actividades, entre ellas el reparto de comida en bicicleta y la creación de contenido para redes sociales. En una entrevista publicada en el canal de YouTube @Hatillo, contó cómo fue su experiencia, cuánto cuesta vivir en Japón y cuáles fueron las principales dificultades que enfrentó durante su adaptación. 

Una de las principales ventajas con las que contó fue su doble nacionalidad argentina y japonesa. Esa condición le permitió instalarse en el país asiático sin necesidad de tramitar una visa de trabajo. Aunque tenía raíces japonesas y había convivido con sus abuelos desde pequeño, su conocimiento del idioma era muy limitado cuando llegó. 

“Me fui en mi mejor momento”, recordó. En Buenos Aires tenía estabilidad laboral y perspectivas de crecimiento, pero aceptó la propuesta de su padre. Su primer empleo fue en una fábrica de autopartes para camiones, donde trabajó junto a él. Como las tareas eran principalmente manuales, pudo comenzar a desenvolverse observando a sus compañeros. Además, su padre y otros argentinos colaboraban con las traducciones cuando era necesario. 

Su recorrido laboral no fue sencillo. Una reducción de personal provocó que perdiera su primer empleo y luego consiguió trabajo en una fábrica de alimentos gracias a una tía. Más tarde pasó por otra planta de autopartes, la construcción y otros rubros. Según explicó, durante esos primeros años aceptaba prácticamente cualquier trabajo porque todavía no conocía las posibilidades que tenía a su alcance. 

El costo de vida fue uno de los aspectos que más llamaron su atención. Durante su primer empleo cobraba aproximadamente US$1500 por mes y consideraba que ese ingreso alcanzaba para vivir, aunque sin demasiados lujos. Para explicar sus gastos actuales, tomó como referencia su propia situación: paga unos US$400 mensuales por un monoambiente, alrededor de US$200 en alimentos y cerca de US$100 en conjunto por luz, agua y gas. 

Con esos valores, una parte del ingreso puede quedar disponible para otros gastos o ahorro, aunque Nishi aclara que la situación cambia según el estilo de vida y la ciudad en la que se viva. 

Pero la adaptación a Japón no estuvo relacionada solamente con el dinero. La cultura laboral representó otro de los grandes cambios. Nishi describió un ambiente en el que la puntualidad y el respeto por las jerarquías tienen un peso importante. Llegar apenas unos minutos tarde puede estar mal visto y, según su experiencia, el esfuerzo suele asociarse con el cansancio que queda después de la jornada. 

También destacó la importancia de las jerarquías dentro de los trabajos. Un empleado debe dirigirse formalmente a su superior sin importar su edad e incluso si lleva muy poco tiempo en el puesto. Durante su etapa en la construcción, contó que el trabajador de menor rango era quien debía conducir durante los viajes hacia las obras, mientras los empleados de mayor jerarquía ocupaban los asientos de pasajeros. 

La barrera del idioma fue otro de los principales obstáculos. Aunque había tenido contacto con la cultura japonesa desde pequeño, al llegar solamente conocía algunos números, saludos y expresiones básicas. “Sabía lo básico. Los números del 1 al 10, un par de saludos y ya está”, recordó. 

La dificultad para comunicarse también afectó su vida social. Nishi describió a Japón como una sociedad más reservada que la argentina y aseguró que durante aproximadamente un año y medio prácticamente no tuvo amigos. Recién durante su segundo año consiguió construir una amistad cercana con un japonés. 

Con el tiempo, logró adaptarse y encontró distintas formas de mantener el vínculo con Argentina. Las llamadas con sus amigos, el contacto con su familia, la cocina y el deporte fueron algunas de las actividades que lo ayudaron a atravesar la distancia y la soledad de los primeros años. 

Actualmente, además de vivir en Tokio, Nishi realiza repartos de comida en bicicleta y genera contenido para YouTube, TikTok y Twitch. Allí muestra distintos aspectos de su vida cotidiana y las diferencias culturales que encuentra en Japón. Aunque las redes forman parte de su actividad, reconoce que todavía no le generan ingresos suficientes para dedicarse exclusivamente a ellas. 

Después de más de una década, su mirada sobre aquella decisión también cambió. Durante el primer año pensaba con frecuencia en regresar a Argentina, pero con el paso del tiempo logró construir una nueva rutina y asegura que no se arrepiente de haber emigrado. 

Sin embargo, su experiencia también funciona como una advertencia para quienes consideran seguir un camino similar. Nishi sostiene que Japón no es un destino sencillo para todos y que la distancia familiar, el idioma y las dificultades para generar vínculos pueden hacer que los primeros meses sean especialmente duros. 

Por eso, uno de sus principales consejos es llegar con una base del idioma japonés y entender que la adaptación requiere tiempo. A los 22 años dejó en Buenos Aires un trabajo estable y una vida que parecía encaminada. Hoy, con 33 y once años de experiencia en Japón, aquella decisión terminó convirtiéndose en el comienzo de una vida completamente diferente.

Dante Gabriel Delgado Prina 2°C T.T