El Gallego González: un enorme personaje del fútbol

Un recorrido emotivo por la carrera de quien supo dejar momentos inolvidables dentro de un campo de juego.

La felicidad del gol que le dió el campeonato.

Un cuento de Fontanarrosa

Su nombre es sinónimo de lo épico. Entre el dolor por la pérdida de su padre y la felicidad de poder cumplir su sueño, Esteban “Gallego” González y su paso por las canchas en la década de los 90 le regaló al fútbol uno de los momentos mas emotivos vividos dentro de un campo de juego. En aquel entonces, por el Clausura 1995, San Lorenzo recibió Belgrano. En un partido para el infarto, cuando parecía que los puntos iban repartidos, apareció Esteban que, junto con un empujoncito de su padre desde el cielo, convirtió el gol de la victoria que emocionó a propios y extraños. Posteriormente, en “El Gigante de Arroyito”, también convirtió el tanto que finalmente le dio el título al Ciclón tras 21 años sin coronarse. Entre recuerdos y algo de nostalgia, el Gallego cuenta: “He ganado con Ferro dos campeonatos, con Vélez un campeonato, pero lo que conseguí con San Lorenzo ese año me marcó la vida. Ese año despedí a la persona más grande, a la que más me enseñó, a la que más me educó y tuve la gran suerte de despedirlo como él quería y deseaba, haciendo un gol”.

Pero no solo recuerda aquel emocionante momento, también remarca: «Fue hermoso haber armado un gran equipo, un gran plantel con enormes jugadores que hasta el día de hoy integran un grupo de WhatsApp con todos los ‘muchachos’ que formaban parte de esa lista y con la categoría de un técnico como el Bambino. Un campeonato histórico para los de Boedo que González lo describe como ‘un cuento de Fontanarrosa’.

Comparativamente con lo que a él le tocó vivir y el presente dirigencial del cuadro azulgrana, advierte: «El club debe cambiar varias cosas; tiene que haber elecciones para que la gente elija su representante porque hace mucho que están dando vueltas y la gente es la que tiene que decidir si quiere un cambio o no.» Distinto pensamiento respecto del presente futbolístico donde se destaca la labor de Rubén Insua: “El Gallego es una gran persona, un tipo que tiene las cosas claras y que supo dar vuelta el mal momento. Él vino al club diciendo que había que acomodarlo, que iba a armar un equipo de atrás para adelante y es por eso que está terminando el campeonato en una posición muy importante”. Al ser consultado acerca de quién es el más sobresaliente del plantel, cuenta que se deslumbra con la gambeta de «el Perrito Barrios’ y el gran momento del arquero Batalla».

De Boedo a Caballito

En retrospectiva, de 1995 a 1982, cuenta cómo fue su debut en aquel glorioso Ferro de Timoteo Griguol: “Si lo comparamos con la época de ahora, yo debuté grande, tenía 22 años. En aquel equipo que salió campeón invicto en el Nacional ’82 y ‘84”.

En aquella etapa de oro, el ‘expreso del oeste’ supo jugar su primera Copa Libertadores en 1983. Allí, el Gallego fue partícipe haciendo su debut copero; que recuerda entre risas no solo por este gran acontecimiento deportivo sino también por haber recibido una gran enseñanza por parte Juan Domingo ‘El Burro’ Rocchia: “Cuando debuté en la Copa, Timoteo siempre me daba para marcar a alguno y el que yo tenía que marcar llegó a cabecear, pero por suerte no fue gol. Entonces el Burro Rocchia me llamó la atención y yo le levante el brazo como diciendo <déjame de hinchar las pelotas>. Cuando terminó el partido y me fui para el vestuario, no termino de pasar la puerta que me dieron un saque en la cabeza y me tiraron debajo de la mesa (…) había sido el Burro Rocchia, y me dijo <Pendejo, no levantes los brazos y aprende de las cosas que te decimos porque te van a hacer bien para tu futuro>; ¡Y cuánta razón tenía!”

Sus primeros remates en primera.

Un jugador colmado de anécdotas y de momentos épicos que no solo marcaron historia en los equipos que formó parte, también en quienes lo observaban con admiración por defender sus colores, dejando tanto en lo deportivo como en la vida una enseñanza… «Y si de enseñanzas se trata, cuando miro al banco de suplentes, aún tengo a quien considero como mi segundo padre, al más grande, al técnico que amo, el que me enseñó a hacer el nudo en la corbata y creo que sería muy poco serio contar tantas anécdotas porque seguramente me olvidaría de alguna, así que solamente querría agradecerle por ayudarme a crecer al gran Timoteo Griguol» Ese, es el gran Esteban ‘el Gallego’ González.

 

Alex Terrazas