Sean Connery: la llamativa vida del hombre que inmortalizó a James Bond

Su nombre completo era Thomas Sean Connery y a pocos días de su muerte es recordado por su papel como el agente 007 en las películas de James Bond. Pero lo alucinante de este reconocido actor es que pasó de ser un joven con orígenes humildes a ser nombrado caballero de honor por la Reina Isabel II.

Connery nació el 25 de agosto de 1930, en el área de Fountainbridge, en la ciudad de Edimburgo, Escocia. Su padre, Joseph Connery descendía de irlandeses que habían emigrado en el siglo XIX, era católico y camionero. Su madre Euphemia McBain, era una ama de casa, protestante que provenía de la isla de Skye, en el norte de Escocia.

La zona de Fountainbridge, tiene pocos recursos y el lugar donde se crio el joven Sean, no era la excepción. Vivía con sus padres y su hermano en una humilde habitación, donde compartían el baño con otras familias y no tenían siquiera agua caliente. A los 13 años dejaría el colegio para hacer algunos trabajo de poca paga como lechero o pulidor de ataúdes y finalmente a los 15 se enrolaría en la Marina británica.

A los pocos años abandonaría la Marina por culpa de una úlcera duodenal. A partir de ahí tuvo que salir a ganarse la vida, fue camionero como su padre, salvavidas, albañil y en sus tiempos libres hacia fisicoculturismo. Además era muy buen jugador de fútbol, tanto que despertó las alarmas del entonces entrenador de Manchester United, Matt Busby, quien le ofreció un contrato de cerca de US$30 a la semana.

Pero había algo en su fisonomía que lo ayudaría para encaminarse como actor y que lo acompañaría a lo largo de su vida. Empezó a trabajar como modelo artístico, participó en el concurso Mr. Universe, y para el año 1956 ya hacía algunas pequeñas intervenciones en el cine. Dos años después tuvo su primer papel principal en Brumas de inquietud.

Los productores Cubby Broccoli y Harry Saltzman habían conseguido los derechos de la novela Casino Royale, del escritor Ian Fleming, con la intención de llevarla a la pantalla grande. El momento para elegir al actor principal fue muy difícil, ya que en el camino quedaron cerca de 200 actores, entre ellos Richard Burton, James Mason y Peter Finch.

Cuenta la leyenda que Connery llega casi por descarte a un casting que ya se había hecho muy largo, pero que solo al verlo caminar los productores se dieron cuenta que era el indicado. Al único que no le había convencido del todo esta elección fue a Fleming por la pronunciación, ya que tenía tonada escocesa, cuando el perfil del personaje era de un refinado señor inglés.

Rápidamente quedó demostrado que la elección era la correcta, habían elegido al mejor Bond… James Bond. En el año 1962 ese papel lo lanzó a la fama, ya desde la primera película de la serie, Agente 007 contra el doctor No. El éxito fue tal que el presidente Kennedy solicitó una proyección privada en la Casa Blanca. No solo rompió taquillas en Estados Unidos, sino también en el exterior.

Ese fue solo el comienzo de una saga que continuó con: De Rusia con amor (1963); Goldfinger (1964); Operación Trueno (1965); Sólo se vive dos veces (1967); Los diamantes son para siempre (1971) y Nunca digas nunca jamás (1983). Las escenas de acción y sexo, mezcladas con lugares exóticos fueron una fórmula ganadora, Connery hizo suyo el personaje, mezclando crueldad con ingenio.

En un determinado momento decidió poner fin a sus actuaciones como el Agente 007, por miedo a que puedan encasillarlo para interpretar solo a ese personaje. El título de la película “Nunca digas nunca jamás”  fue otorgado por la mujer de Sean quien recordó que su marido había jurado «nunca volver a interpretar a Bond». El actor participó también en películas como: El nombre de la rosa (1986), Indiana Jones y la última cruzada (1989) de Steven Spielberg, La caza del Octubre Rojo (1990), Los últimos días del Edén (1992), La Roca (1996), La trampa (1999), Descubriendo a Forrester (2000), entre otras.

Para comienzos de siglo, cumpliendo 70 años decidió alejarse del cine, aunque luego participó en dos películas más que no tuvieron mucha relevancia. A partir de allí se dedicó a jugar al golf en sus tantas propiedades en Europa y Bahamas. A pesar de su exilio, siempre sostuvo una intensa pasión por su Escocia natal.

Thomas Sean Connery falleció el 31 de octubre, a los 90 años, acompañado de su familia en la mansión de Nassau, Bahamas. Como era su último deseo, según afirmó Micheline Roquebrune, viuda de Connery: «Él quería que sus cenizas fueran esparcidas en las Bahamas y en su tierra natal», sellando hasta la muerte, el amor por el lugar donde creció.

Gabriel Devincenzi
2° «B» T.N.