ESCAPAR PARA SOBREVIVIR

Es de público conocimiento la grave situación económica que está pasando hace algunos años la República de Venezuela, esto ha llevado a que muchos de sus ciudadanos abandonen el país buscando mejores condiciones de vida. Buenos Aires ha sido uno de los lugares que mayor asilo le ha dado a esta gente, trayendo consigo una costumbre distinta la cual se va perdiendo poco a poco y se va moldeando de acuerdo a la cultura porteña.

Huyen espantados, el miedo se apoderó del pueblo venezolano. Algunos se van buscando mejores posibilidades de estudio o trabajo, por hambre o inseguridad, o simplemente por falta de libertad. A pesar de que sea su decisión, ninguno desea abandonar su patria y todos los recuerdos que hay en ella, pero el sometimiento dictatorial del gobierno de Nicolás Maduro ha implantado en la vida de todos los venezolanos ese pavor que provocó el éxodo. «Ante la angustia y la frustración, una de las opciones es la migración «, señala el sociólogo Roberto Aruj, coordinador del Instituto de Políticas de Migraciones y Asilo (IPMA) de la Universidad Nacional de Tres de Febrero en una nota publicada en diario La Nación.

En el 2014, la cifra de ciudadanos venezolanos radicados en el país era de 13.049 con residencia temporaria. Dos años después, esa cifra se duplicó a 24.347, según indicó la Dirección Nacional de Migraciones. En estos días, se estima que la cantidad ha aumentado a unas 36.000 personas procedentes del país caribeño. Gracias a una encuesta realizada por la firma Datos Group el pasado marzo, 4 de cada 10 venezolanos sienten deseos de irse del país al cabo de un año para escapar de la crisis.

La buena receptividad de los argentinos se siente en cada venezolano que arriba, aunque a pesar de tener la sensación de pertenecer a esta tierra, muchos sufren los cambios y diferencias en cuanto a cultura. La comida, el clima, las tradiciones, las fiestas y hasta las relaciones amorosas son algunos de los cuantos obstáculos que debe afrontar el extranjero en tierra ajena.

Una de las principales razones por la que Argentina ha sido uno de los destinos preferidos es su facilidad para realizar los trámites administrativos de reconocimiento de estudios. Esto es debido obviamente, a la ruptura del orden democrático en su país. Esta medida fue acordada por el Ministerio de Educación argentino y otorga la exclusión de realizar la legalización de sus estudios, además para aquellos que no posean ninguna documentación educativa tendrán la posibilidad de realizar un examen global para ejercer sus estudios en el país. Según el informe “Caracterización de los inmigrantes venezolanos en Argentina”, realizado por el investigador Roberto Salvador Aruj, arroja que 3 de cada 4 encuestados realizaron estudios universitarios y casi la mitad de esas personas se encuentra viviendo en Argentina hace poco menos de un año.

Otra de las razones es la buena disponibilidad que presentan de cara al trabajo, ya que en Venezuela es algo que escasea en gran medida. La predisposición a jornadas laborales largas y la buena atención al público es lo que se destaca en bares, restaurantes y comercios. Estos nuevos extranjeros poco a poco van llenando con su acento los establecimientos bonaerenses. «La gente nos dice que somos amables, atentos, educados. Los venezolanos somos cálidos, es una cuestión cultural», afirma Gabriela, una joven periodista que llegó hace unos meses a Buenos Aires y hoy trabaja como camarera en un bar de la zona norte de Buenos Aires.

No todos tuvieron la suerte de poder exiliarse del país y buscar mejores rumbos. Muchas familias debieron quedarse en la para nosotros hoy, lejana y oscura Venezuela. La crisis económica y social, a pesar de sus deseos no les dió la posibilidad de emigrar. Los que abandonaron su patria se enfrentan a la problemática que acarrea el distanciamiento de la familia, lo duro que es vivir tan lejos sabiendo el difícil momento y la inseguridad que se vive en su tierra natal.

“No tener a mi familia y amigos cerca es muy difícil. Estar el día a día con tu gente. Te ves realmente solo cuando tienes un problema, a veces ni siquiera puedes contarle a tu familia a distancia para no preocuparlos. Hasta el idioma es complejo, aunque lo domino, no es lo mismo que poder expresarte en tu lengua materna”, detalló Alana Díaz, una joven diseñadora venezolana radicada en Buenos Aires en una entrevista para el portal de noticias Banca y Negocios.La llegada de miles venezolanos le ha dado un nuevo color al crisol de nacionalidades que habitan nuestro suelo. Esperemos que aquí logren el bienestar que han perdido..