Virtualidad en plena adolescencia: ¿qué piensan los jóvenes bonaerenses?

Pirámide Invertida conversó con alumnos de entre 16 y 17 años para conocer como les afectó la educación a distancia. Además, un especialista analizó los riesgos de este tipo de modalidad.

Uno de los grupos más afectados por la falta de presencialidad son, sin duda, los estudiantes. Tras un año de clases virtuales, todo indicaba que las clases en la provincia de Buenos Aires volverían poco a poco a la tan anhelada normalidad. Sin embargo, la segunda ola de COVID-19 en el país provocó una marcha atrás de las clases presenciales, para dar lugar nuevamente a esta reciente modalidad.

Tres alumnos de 16 y 17 años charlaron con Pirámide Invertida para comentarnos cómo pudieron adaptarse a esta educación digitalizada, cómo les está afectando actualmente y, para los que cursan su último año, como les podría afectar de cara a la facultad.

“Al principio me costó mucho adaptarme, era muy incómodo y no estaba acostumbrado”, comenta Juan (17), que se encuentra en sexto año. “Este 2021 lo llevo mejor, porque ya me sé manejar, pero prefiero la presencialidad, porque la comunicación es más fácil y uno entiende mejor”, continuó. El alumno estimó que podría aguantar un «año más así», pero espera que esto se acabe el próximo año: “Quiero comenzar la facultad de un modo más íntimo”.

“La virtualidad me afecta más en materias prácticas como Matemática, en donde la explicación es muy importante”, explicó  Tomás (16). “Obviamente, es mejor estar con tus compañeros y amigos, pero creo que podría aguantar otro año más así”, agregó.

Al igual que Juan, Victoria (16) se encuentra en el último año del secundario. “Las clases por Zoom se me complicaron bastante porque me costaba entender, era algo distinto. De la nada, tener que aprender todo de forma computarizada y no poder preguntarle a los profesores las dudas que tenía, hizo que se me complicaran las cosas, sobre todo en materias con más explicación”, admitió. La alumna, si bien reconoció que no le molestaría estar en 2022 bajo esta modalidad, preferiría cursar su último año de manera presencial, «porque hay muchas actividades que sirven para introducirte en mundo universitario».

Si algo tienen en común estos tres alumnos, es que si bien han sabido adaptarse al sistema. Estos han mostrado incomodidad y dificultad a la hora de aprender y comunicarse virtualmente. Es por eso que, para comprender mejor la repercusión de este sistema en los adolescentes, esta redacción contactó a un psicólogo que analizó esta nueva normalidad.

“Desde un punto de vista científico, asumir que hay un agotamiento sin una prueba que lo contraste es una falacia. Primero habría que tener algún dato de medición que hable de ese desgaste y agotamiento por la virtualidad”, explicó el especialista. Además, señaló que la virtualidad no es el principal factor del agotamiento: “Éste se podría producir por el aislamiento, que genera un atrofiamiento en muchas de las actividades sanas y estimulantes para el cerebro humano”. Además, afirmó: “Ese ‘cara a cara’ y esa sensación de sentirse bien por estar con otros seres humanos se pierde con este sistema digital, ya que las pantallas sirven para simular que estamos con otras personas. Dicha simulación termina alcanzado un límite en el que uno ya no puede engañar al cerebro, por lo que esas áreas empiezan a atrofiarse y se genera un malestar”.

La complejidad es aún mayor para quienes atraviesan la pubertad: “La adolescencia es una etapa de inserción social. Aquí, los que antes eran niños y se encontraban exclusivamente inmersos en un sistema familiar, empiezan a abrirse y a desarrollarse fuera de éste. Toda esta socialización real, que implica una conquista en el crecimiento de la posición social, se ve retrasada por esta situación de pandemia y aislamiento”.

Además, los efectos negativos traen estas situaciones en la actualidad: “Las consecuencias de esto en el presente son un malestar constante y la sintomatología de algunas patologías. Con esto no quiero decir que se estén presentado más cuadros patológicos que antes, porque no tengo registros de eso. Lo que sí puedo afirmar, es que más personas con malestares relacionados con el orden de la ansiedad y la depresión, principalmente de la ansiedad”. Además, declaró que algunos deciden buscar ayuda para enfrentar esta situación, mientras que otros lo padecen y no hacen nada porque esperan un cambio en la situación.

Sin embargo, el matriculado no cree que estos hechos puedan generar efectos contraproducentes en el largo plazo: “Considero que no va a haber un impacto duradero, debido a que es una situación actual directamente ligada a un entorno. No creo que a nivel salud vaya a haber tantas consecuencias en los adolescentes, aunque si pienso que en algunos casos puntuales, adolescentes con cierta presuposición a tener conductas antisociales y depresivas, vean acentuadas esas tendencias y puedan sufrir enfermedades en el mediano o largo plazo. Pero esto simplemente seria el detonante de esta situación, por lo que cualquier otro motivo iba a terminar provocando esto”.