Gustavo Nigrelli: «El boxeo recupera socialmente a muchas personas que tienen empatía con su prójimo»

El jefe de prensa de la FAB y periodista deportivo se refirió a la actualidad del boxeo argentino; peleas históricas y el rol de esta actividad en la sociedad

– ¿Qué nivel tiene el boxeo argentino actualmente?

-El boxeo argentino está muy bajo y siempre fue potencia. En estos últimos tiempos, después del boom de “Maravilla” Martínez, Maidana, Matthysse, Narváez, hubo un gran bajón porque se retiraron todas esas figuras y no hubo un buen recambio generacional, algo común. Pero también pasa por la situación del país, el boxeo siempre va de la mano con ella. No hay sponsors, no hay plata, no se pagan buenas bolsas y, por ende, no hay buenas peleas. Sin ellas, un boxeador no puede competir y desarrollarse, tiene que pelear contra tipos de peor nivel o irse afuera a ganarse el mango. Hoy en día estamos en una etapa de muy bajos valores, el único campeón mundial es Brian Castaño, pero hay un buen nivel femenino, con 10 campeonas mundiales. Esto tiene que ver, además de lo ya nombrado, con que el boxeo está organizado por promotores, que están peleados entre ellos y en vez de sumar, restan. Un boxeador suyo no puede pelear contra uno de otro promotor porque solo uno puede organizar el evento, por ende, su figura termina peleando contra boxeadores de nivel bajo. Les pagan lo menos posible, el estadio es lo más berreta posible, las veladas son lo peor posible, como para no gastar mucha plata, porque ellos quieren ganar mucho y para eso necesitan el apoyo de algún político o provincia. Entonces van a hacer boxeo ahí, dan un título que no tiene valor y pelea con cualquiera. Todo eso hace que el boxeo sea de bajo nivel. Los demás deportes buscan venderles un buen producto a los televidentes. El boxeo no es así, cuanto más pobre este armado, mejor.

 

– Entonces, ¿crees que hay que invertir más en el espectáculo?

-En lo primero que hay que invertir es en las bases y en infraestructura: gimnasios y cursos para directores técnicos buenos. El boxeador tiene que esperar mucho para hacerse profesional y ganar plata, entonces, ¿Qué hace? Se va a otros deportes u otro trabajo donde pueda ganar plata más rápido. Es difícil de revertirlo, pero se puede lograr con un sponsoreo bueno o con empresas que financien boxeadores por nivel y resultados. Habría que cambiar toda la estructura y, también, la sociedad y la parte dirigencial con una nueva camada de dirigentes.

 

– Sacando la pelea de Firpo ¿cuáles son las 3 peleas más importantes o representativas del boxeo argentino?

-La más emblemática, después de Firpo-Dempsey, fue Monzón-Benvenuti, cuando Monzón le gana el título. No podemos olvidarnos la de Locche-Fuji en Japón, cuando Nicolino esquivó todo y ganó por nocaut técnico y, seguramente, alguna de Pascual Pérez o Acavallo, aunque no tuvieron mucha repercusión. Luego hubo otras representativas: Galíndez-Richie Kates, por cómo se dio, “Locomotora” Castro-John David Jackson, ya que lo noquea estando perdiendo toda la pelea, Coggi-Patrizio Oliva. Pero la más recordada, sin haber título mundial en juego, fue la de “Ringo” Bonavena-Ali. Bonavena peleó contra el máximo exponente de todos los tiempos del deporte, porque Ali era una figura mundial, no solamente boxística, sino social.

 

– Además de mejorar la salud, ¿cuál crees que es el rol que cumple el boxeo en la gente?

-El boxeo cumple una función deportiva, social, humanitaria y económica porque es el deporte de las clases bajas. Lo que hace es abrirles una puerta a esas personas que, si no boxearan, no tendrían un camino apto para la sociedad porque no estudian, no trabajan o lo hacen en trabajos pobres, o están en un contexto de pobreza que lo predeterminan. Entonces, en el boxeo, encuentran la vía de escape haciendo lo mismo que hacen todos los días, pero sin armas, en igualdad y con controles. Llevando a cabo eso, si son buenos, podrían llegar a ganar plata, ser campeones mundiales y ser reconocidos socialmente. Además, se agrega sacarlos de las adicciones: alcohol, droga, malas compañías, delincuencia. El boxeo genera en la persona una descarga agresiva, que lo hace en el gimnasio entrenando o peleando. Por lo tanto, recupera socialmente a un montón de personas que consiguen tener consciencia del otro, empatía con su prójimo. Por eso, el boxeador abraza a su rival cuando termina la pelea, no está enojado, porque entiende que al otro le dolieron los golpes, al igual que a él, y se hace humilde de esa situación. Son los atletas más sumisos que hay.

Adriel Sánchez, 2ºB, Turno Tarde.