Recuerdos de un mayo francés

Se cumplió medio siglo de la revuelta parisina que potenció la rebeldía estudiantil en contra del capitalismo y la guerra de Vietnam. El mayo del 68´ fue más que un mes. Fue el epicentro político y social de una década convulsionada, que trajo aparejado un cambio cultural y estimuló el espíritu juvenil a nivel mundial con hechos históricos que trascienden en el tiempo.

Mayo comenzó en Marzo. Más de dos mil estudiantes se concentraron en el Barrio Latino, a las afueras de la capital francesa. La rebelión empezaba a copar  las calles de París. La crisis estudiantil crecía. La Universidad de Nanterre fue el centro de la represión e intervención policial. Varios estudiantes fueron golpeados y arrestados – entre ellos, seis militantes del comité Nacional de Vietnam – . El 22 de marzo en forma de protesta por la detención  de sus compañeros, alrededor de 140 estudiantes tomaron la Universidad. Aquella noche iba a nacer el Movimiento 22 de Marzo (22M), una agrupación estudiantil con influencias trotkistas y maosistas. Aquel grupo promovió la ocupación del edificio no solo por sus pares detenidos, sino también por el deseo de un cambio súbito.

La primavera de mayo trajo sangre y descontrol. El descontento popular se hacía sentir en las calles y presionaba con la salida de Charles de Gaulle de la presidencia. Los estudiantes reclamaban tener actividad política dentro de las universidades, mientras que la clase obrera llevaba tiempo luchando contra la precarización laboral y exigía mejoras. El tire y afloje siguió y de esa forma llegó el 3 de mayo. La gran huelga. La Universidad de La Sorbona levantó sus puños. Fue el refugio de los estudiantes y el lugar de las grandes manifestaciones. Sindicatos y obreros apoyaron a los jóvenes, por lo que las movilizaciones se hacían multitudinarias. El aval llevó a un paro general activo que se mantuvo por dos semanas. Nueve millones de obreros detuvieron minas, puertos, y fábricas. La influencia de este fenómeno que combinó la filosofía,el arte y el espíritu revolucionario marcó un verdadero hito del siglo XX y se proyecta hacia las nuevas generaciones.

 

Al mayo francés lo rodeaba un contexto internacional en plena ebullición. En América Latina, La Revolución Cubana del 59´  se había convertido en un faro que  iluminaba a los jóvenes a creer en la rebelión. El fusilamiento del Che Guevara en el 67´ eternizó al revolucionario argentino en todo el mundo. En Estados Unidos las protestas contra la guerra de Vietnam se multiplicaban con el correr de la década. Surgieron los Hippies  como  un movimiento contracultural. Y mientras que en Europa se discutía el legado Stalinista, en Asia la invasión de las tropas norteamericanas en Vietnam eran un hecho.  Además, el movimiento de los Derechos Civiles sufrió en la tarde del cuatro de abril el asesinato de Martín Luther King, en Estados Unidos. Y en el marco del deporte, en los Juegos Olímpicos de México de ese año, los atletas afroamericanos Tommie Smith y John Carlos fueron protagonistas de la foto que inmortalizó el saludo del poder negro con los puños en alto.

La calles fueron el escenario central de la rebelión. Allí, las paredes hablaban. Las consignas en los muros le ponían poesía a los crujientes días de mayo. Universidades, plazas, barrios, París lucía el arte de los estudiantes convertido en graffiti.  “¡La imaginación al poder!”
Los largos días de protestas y descontento social enaltecieron aún más el grado de violencia en las calles. El 10 de mayo, estudiantes y obreros del Barrio Latino organizaron más de 60 barricadas para impedir el avance de las fuerzas de seguridad. Sin embargo el fuego ardió. El enfrentamiento desenfrenado entre estudiantes y policías manchó las calles de sangre y pasó a la historia como “La noche de las barricadas”.

Hoy, a 50 años de la revuelta, el legado que ha dejado el Mayo del 68 seguirá en la memoria de los jóvenes de aquellos días. Aunque para otros, solo serán textos y cientos libros de historia. Más allá de las consideraciones políticas su influencia en la cultura de la humanidad es innegable.