La ficción en tiempos de crisis

 

Si una economía como la argentina depende del dólar, y este sube constantemente, se hace cada vez más difícil producir ficciones nacionales. Entre los costos se encuentran los contratos del elenco y los gastos de producción (ambientación, equipos, etc) a los que muchos de los productores prefieren desistir ya que se hace inviable cuando los programadores de los canales de TV no exigen calidad sino que este venda publicidad.

Ante esta situación al prender la televisión vemos una invasión de novelas extranjeras, principalmente de Turquía y de Brasil. Estás tienen un costo dos o tres veces inferior que una nacional, es así como se explica el éxito de novelas como “Moisés”, “El Sultán” y “Las mil y una noches”, como también la aparición del contenido online de Netflix , entre otras.

Pero, ¿dónde van a parar los escritores, actores y todo el equipo de producción de nuestro país?. Una de las tres salidas de este sector (teatro, cine y tv) está abocado a lo extranjero, el desarrollo de las actividades se hace muy cuesta arriba.

El periodista Pablo Sirvén contó: “Los canales llegan un poco por casualidad y por necesidad, más que por convicción a las latas. En la televisión privada de los años 60 había un mix de producción local con latas (novelas extranjeras), pero del 90 para acá las latas se fueron corriendo de la TV abierta al cable. ¿Por qué funcionan? Porque son más exóticas y bien distintas que algunas fórmulas remanidas locales, traen un poco de aire a nivel argumental, se ven otras caras, otras maneras de narrar”. Carlos Villarroel explicaba el problema desde lo numérico: “Una hora de una lata que viene del exterior puede salir desde U$S 1000 hasta U$S 10.000. En cambio, una producción nacional (actores, guionistas y producción) puede salir U$U 60.000 […] Hoy en día nadie arriesga en la televisión argentina. Y no sé por qué, debe ser porque hay una chatura o falta de ganas. Van a lo seguro. Los canales saben que si no les rinde una lata de 20 capítulos que compraron a U$S 5.000, la cambian de horario o la dejan de pasar y listo.”

Uno de los saldos que da el resultado de marginar la industria nacional tan vorazmente, fue levantar una de las últimas superproducciones como fue “Fanny la fan”, que apenas duró un mes en el aire de Telefé y que no era del agrado del público.

Contra esto, desde el sector excluido dicen que “hay que ser más creativos que nunca” ya que hay talento de sobra. Es importante recordar uno de los últimos ciclos como “Ficciones de Calidad”, que se emitía en la Tv Pública, donde el horario principal de la semana era ocupado por una serie distinta por día, entre las que se destacaban “Las 13 esposas de Wilson Fernández”, “En Terapia” y “Cromo”, con elencos de primera calidad como “Pablo Rago”, “Juan Minujín” y “Mex Urtixberea”.

Hoy en día la rueda artística se encuentra casi detenida, si bien Netflix va a producir la segunda temporada de “El Marginal” y están comenzando a aparecer series en el horario caliente como “100 dias para enamorarse” y “Simona” en los dos principales canales de aire, el resto del día se divide entre programas de magazine y tiras extranjeras. Apostar es caro.

En el cine la situación es mucho peor, el Instituto Nacional de Cines y Artes Audiovisuales (INCAA) ha dejado de otorgar créditos destinados a la producción e instrumentó un nuevo régimen de subsidios para el 2018. Esta situación le dió un duro revés a la escena; aunque por otro lado ha crecido enormemente el cine underground e independiente y los festivales gratuitos.

La tercera salida tampoco tiene un panorama favorable, con el aumento de las tarifas las grandes producciones teatrales no le pueden hacer frente a los costos. Tanto la plaza de Mar del Plata como la de Villa Carlos Paz vieron reducir las recaudaciones en estos últimos 3 años, por el costo de las entradas (aprox $500 cada una) y por las atracciones gratuitas que ofrecen los gobiernos locales como son los recitales.

El futuro de las ficciones argentinas se muestra incierto y oscuro, pues no parece haber una salida a esto; pero el aliciente es
apostar a que el arte siempre se las ingenió para evolucionar a partir de las crisis.