Puños y muñecas

Cuando en una obra se combinan el boxeo, acaso el deporte más literario de todos, y un escritor fuera de serie como Norman Mailer, difícilmente algo salga mal. El autor se adentra,  durante las semanas previas y en la mismísima noche, en la intimidad de uno de los combates más célebres de la historia del pugilismo. Muhammad Alí y George Foreman viajaron a Zaire (actual República Democrática del Congo) en 1974 y protagonizaron una pelea exquisita, brutal y poderosa. Mailer, en calidad de reportero, consiguió la confianza de ambos boxeadores y los acompañó en los duros entrenamientos, ruedas de prensa, comidas y demás situaciones de la vida cotidiana. De este modo, logró plasmar las tensiones, miedos y presiones que sufrieron en esos días tan especiales. El libro, que no llega a las 300 páginas, está plagado de metáforas, líneas directas y un humor especial, ególatra, característico del nacido en Nueva Jersey.

El autor, uno de los padres del llamado Nuevo Periodismo o Periodismo Literario y una de las grandes voces de la literatura norteamericana del siglo XX, también explica con maestría el tétrico momento que pasaba el país africano. Dominado bajo las feroces manos del dictador Mobotu, quien logró armar la pelea para ahuyentar las críticas que recibían sus políticas, e irrumpió una nación tradicional con un show que contó con un despliegue mediático descomunal y desconocido para su región. Norman Mailer no sólo escribió un relato de no ficción, sino que también desarrolló un trabajo periodístico incansable, tal vez el más exigente de su larga carrera, con un detallado seguimiento que contó con horarios poco habituales (muchas veces los boxeadores arrancaban sus entrenamientos a las 4 am. Incluso Mailer cuenta que una vez en ese horario corrió un par de kilómetros a la par de Alí y se jactó de estar en una excelente condición física) y con la necesidad de convivir con una cultura distinta, tercermundista y subdesarrollada.

Con la lectura del libro, gracias a las exactas descripciones del escritor, uno casi siente los golpes conectados en las duras mandíbulas de los boxeadores, sufre la extenuación de los rounds y disfruta las conocidas chicanas de Alí. Tal vez, lo más valioso que se puede destacar de cualquier persona que escriba un libro: que las palabras, las acciones, las escenas, sean tan reales y descriptivas, que uno las siente como si las estuviera viviendo, como si fuera un reportero más en la primera fila al borde del ring. Mailer, quien falleció hace casi diez años, trazó una obra deportiva que será difícil de igualar, en la que combinó deporte, política, sociedad, cultura. Derribó el mito que estigmatizó durante tantos años la (no) relación entre el deporte y el arte y mostró una faceta suya desconocida hasta el momento: la arrogancia. Sin jamás creerse menos de lo que estaba viviendo, ni achicándose ante los egos de tamaños personajes, retrató el mejor combate de la historia del boxeo.

Por Franco Arrigo