El vóleibol sentado, un ejemplo de integración

disciplina olímpica, grandes potencias, competiciones y una historia de vida muy particular. Todo en una misma nota.

Partido entre Estados Unidos (azul) y Canadá (blanco) por las semifinales del torneo en los Parapanamericanos de Toronto 2015

La inclusión de la gente con discapacidad es algo que ha ido evolucionando a pasos agigantados en los últimos tiempos. Muchas puertas que antes estaban cerradas, ahora comienzan a abrirse para ellos. En este caso, tomamos como ejemplo el deporte, con un evento de tamaña importancia como son los Juegos Paralímpicos, compuestos por competiciones similares a las olímpicas pero con pequeñas modificaciones para adaptarse a los atletas que tienen alguna dificultad física o mental.

Uno de los deportes que es parte del programa es el vóleibol sentado. Las diferencias con el vóleibol convencional son muy pocas: además de que los jugadores deben mantener la pelvis pegada al piso, salvo para desplazarse. La red tiene una altura de un metro y diez centímetros para hombres y 50 milímetros menos para mujeres. Además, el saque puede ser bloqueado. Las medidas de la cancha son diez metros de largo y seis de ancho, a comparación del 18×9 de la variante convencional. Finalmente, el sistema de puntaje, la cantidad de jugadores, los fundamentos básicos y las tácticas no mutan.

Repasando un poco la historia, nos encontramos con su invención en Holanda de 1956, combinando el volleyball con el sitzbal, un juego alemán. Pasarían 22 años para que la Organización Mundial de Deportes para Discapacitados la aceptara. La Copa Mundial tuvo su primera edición en 1993 en ambas ramas. Su debut paralímpico llegaría en Arnhem 1980 para varones, y en Atenas 2004, la femenina.

En cuanto a los países que dominan este deporte, nos encontramos con China y Estados Unidos en las mujeres, donde el país asiático se quedó con tres de las cuatro medallas de oro, mientras que las estadounidenses poseen una de bronce, dos de plata y la dorada ganada en Rio 2016. Pasando al masculino, dominan en la actualidad de manera clara Irán y Bosnia, últimos campeón y subcampeón paralímpicos.

Nos detenemos en el país asiático para destacar la historia de Morteza Mehrzadselakjani. Es en la actualidad uno de los mejores jugadores, aunque también puede entrar entre los históricos. ¿Qué tiene de particular? La acromegalia afecto su crecimiento en la adolescencia, produciendo muchas hormonas de crecimiento, por lo que este jugador de 30 años mide… ¡2,46 metros!

Un accidente cuando andaba con su bicicleta a los quince años, le provocó una lesión en la pelvis, lo que produjo que su pierna derecha no creciera paralelamente con la izquierda. En un momento de su vida donde ni siquiera salía de su casa, por la vergüenza que sentía por su altura, este deporte le abrió una puerta enorme, convirtiéndolo en pieza clave de su selección.

Es la prueba viva y física de como las disciplinas paralímpicas pueden causar un gran efecto sobre las personas que las practican. Teniendo la oportunidad de representar a su país y dejarlo en lo mas alto.

Julián Malek, Segundo B, turno mañana.