El precio del sacrificio lo pone cada uno

Historias de jóvenes que, por necesidad económica o deseo de ganar experiencia, combinan los estudios con alguna actividad laboral

En muchas ocasiones, chicos adolescentes se ven obligados a trabajar por problemas personales o bien para ayudar a su familia a llegar a fin de mes y a su vez tener un estudio para su futuro.

Hoy en día a muchos chicos se les hace cada vez más difícil tener un estudio por problemas económicos. Por ese motivo salen en busca de trabajo para poder solventar los gastos y no generarle inconvenientes a su familia. Algunos tienen la suerte de que sus padres pueden bancar a sus hijos, pero otros no. Otro de los casos son los chicos del interior que van a las grandes ciudades para estudiar y deben trabajar para poder bancar los alquileres y demás gastos. Entonces la pregunta es: ¿cómo hacen los chicos que trabajan y a la vez estudian? ¿Les cuesta llevar la carrera correctamente?

Pirámide Invertida dialogó con jóvenes que trabajan y que a la vez estudian para ver como llevan el día a día.

Francisco, de 18 años, comentó su actualidad: “Por ahora solo estudio”. Entonces, la decisión de ir al grano se presentó: “No me sentiría cómodo, por el momento, de tomar dos responsabilidades. No sé si me sería difícil estudiar y trabajar al mismo tiempo, tampoco digo que se me sería fácil, pero sí lo veo como que me puede ser complicado”.

Pirámide Invertida también se topó con Milagros, de 16 años, que vive en Tigre. A diferencia de Francisco, se presenta con la realidad de estar afrontando el colegio al mismo tiempo que, por su propia decisión, optó por tomar un trabajo. “Se me complica un poco con el colegio. Al mismo tiempo que me cansa, siento que está bueno”. A Milagros se le consultó sobre el origen de la decisión: “Tenía ganas de tener experiencia”, respondió. Pero tenía otra intención: “Quería ayudar con la plata en casa y buscar un poco una independencia económica”. Sobre el hecho de trabajar y estudiar a la vez, opinó: “Es algo muy personal. Depende mucho de la situación económica y la independencia que cada uno tiene o quiere tener. O simplemente puede suceder por acumular experiencia”.

Otro caso es el de Francisco, de 19 años y de San Fernando, que también se encuentra estudiando y trabajando. “Estudio y trabajo, con mucho esfuerzo, a veces algo cansado porque en algunos momentos duermo poco. Llego a mi casa a las diez de la noche después de trabajar y capaz que tengo que hacer tarea y termino acostándome a las dos o tres de la mañana, y después tengo que levantarme a las siete y media”. Aun así indicó: “El tener dos responsabilidades intento que no me afecte pero es inevitable, tanto como estar cansado”. Francisco trabaja en una rotisería desde hace tres años, cuando tenía 16: “Fue por mi propia elección, pero tampoco había mucho que elegir. No existía la opción de ‘mamá comprame ésto o aquello’, porque ella no podía pero yo tampoco quería; mi intención es pagarme mis propias cosas ya fuese comida, ropa o salidas”. Finalmente trazó una mirada general sobre el tema: “Los que saben como yo qué es acostarse a las tres de la mañana por querer terminar un trabajo, si estuviéramos con un poco más de tiempo, es muy seguro que lo aprovecharíamos”.

Historias que son un ejemplo más de lo que la palabra «sacrificio» realmente implica y que se lo toman en serio, a su manera, porque no todos son iguales.

Gonzalo Grondona Bellani y Nicolás Savona