«Maravilla» Martínez: «No somos científicos; somos gente que sabe defenderse y atacar con sus puños»

El ex campeón mundial de boxeo habla de su historia, de su retiro y de su sueño frustrado de ser futbolista.

Campeón del Mundo peso mediano 15 de septiembre 2012

Sergio “Maravilla” Martínez, ex boxeador argentino, dos veces campeón del mundo de peso superwelter y peso mediano habló en exclusiva con Pirámide Invertida e hizo un repaso de sus inicios en el mundo del boxeo y de sus experiencias en el deporte.

-¿Cómo descubriste que querías ser boxeador?

-A los 20 años me metí en un gimnasio de boxeo. Es raro porque ni siquiera quería ser boxeador, por eso digo que el boxeo me descubrió a mi antes de descubrirlo yo. No me di cuenta que quería ser boxeador hasta que ya lo era. Me di cuenta muy rápido que iba a ser Campeón Mundial.

-¿Qué fue lo que te llevó a subirte arriba de un ring? ¿Cómo fue tu primera experiencia?

-Me llevó el saber que tenía ciertas condiciones para poder hacerlo bien; el boxeo es una tradición en mi familia. Quería subir y revivir una aventura que la había visto desde afuera con mis tíos que eran boxeadores. Mi primera experiencia fue buena, con José Pisani. Lo vi boxear durante muchos años, antes de que yo sea boxeador. Fue una sensación placentera.

-¿A qué edad te diste cuenta que podías vivir del boxeo?

-Que difícil… De cada diez mil boxeadores uno solo tiene la posibilidad de vivir del boxeo. Es complejo. Yo sabía que iba a poder vivir de este deporte desde los 26 años. Recién pude vivir de ésto cuando fui Campeón Mundial y combatía en Estados Unidos, en 2009.

-¿Qué pensamiento tenés acerca de cómo la sociedad considera al boxeo?

-En parte tienen razón en juzgarnos. Venimos de unos estratos culturales bastantes bajos y es difícil romper las raíces. Gran parte de los boxeadores hacemos esas cosas que la gente dice, pero es parte del boxeo y de su esencia: nosotros no somos científicos, somos gente que sabe defenderse y atacar con sus puños, no se le puede pedir peras al olmo.

-¿Te hubieras dedicado a algún deporte en conjunto? 

-Hubiese intentado dedicarme a algún deporte en equipo. El fútbol es mi gran frustración. Soy un futbolista frustrado que supo enfocar hacia donde me convenía cuando tuve que hacer el cambio. Pero no hubiese durado, no tengo carácter para jugar en equipo; soy muy individualista. Me siento más cómodo en el terreno donde podía equivocarme y la culpa la tenía yo.

-¿Tu pelea más importante fue con Julio César Chávez Jr.?

-A nivel mediático fue la más importante, pero no a nivel personal. El más importante para mí fue en el año 2003 en Manchester, pero respeto mucho el combate con Chávez Jr porque tengo un tío que dice que un deportista es una noche, como Maradona con el gol ante los ingleses. Mi noche para el público, para los seguidores del boxeo es el 15 de Septiembre del 2012, pero no para mí. Y eso es lo que me gusta, que la noche mía, es mía.

-¿La noche en el Madison Square Garden sabías que iba a ser tu última pelea?

-La verdad que no. Yo peleaba porque había una buena bolsa, porque era Cotto y porque era el Madison. Yo era el campeón y quería defender el título. Pero en la vida de una persona surgen cambios que derivan en lo que finalmente pasó, que fue mi derrota. Pero no fue más que una derrota para mí; me tocó perder porque no hice bien las cosas. Para sacarme del ring tengo que salir con ´las patas para adelante´, sino no salgo. Y así fue como pasó.

-¿Qué opinión tenés sobre la pelea entre Conor McGregor y Floyd Mayweather?

-Está muy bien para los promotores. Es una gran lección de cómo con nada se puede hacer algo grandísimo, porque McGregor ni siquiera es boxeador. Haciendo un buen trabajo de marketing se puede vender una pelea al precio que la está vendiendo Mayweather y es correcto lo que está haciendo; me parece estupendo.

Viviendo en España hace varios años y sin planes de volver a Argentina, admite que disfruta ir a la playa y no ser reconocido solamente como boxeador. Se dedica actualmente al stand up, a ser actor y estar arriba de un escenario es lo que hoy en día le apasiona.

 

Por Leticia Andregnette