El Café de García: un clásico barrial, a través del tiempo

Es un bastión icónico de Villa Devoto, declarado sitio de interés cultural y parte de los bares notables de Buenos Aires, con origen en 1927; un lugar plagado de recuerdos que perdura conforme pasan los años.

Situado en la esquina de Sanabria y José Pedro Varela, en pleno centro de Devoto, ya desde su exterior, el Café de García invita a quien concurre al lugar a realizar un viaje temporal: resaltan un viejo buzón de correo y una bomba de agua ubicada en uno de los canteros, en claro contraste con los autos y las motos estacionados allí.

En el salón principal destacan las mesas de billar, los jamones colgando del techo con su correspondiente fecha de elaboración, los guarda tacos personales, cerrados con candados cuya llave poseen los jugadores que acuden frecuentemente, aunque ya no se disputan torneos como antaño. La barra se resiste al paso del tiempo con una registradora antigua con un dorado brillante que la destaca, junto a una añeja máquina de café. El tango que suena de fondo funciona como complemento para las sensaciones.

El lugar está decorado con infinidad de objetos y fotografías, en general de las personalidades más destacadas del deporte y el espectáculo. Por caso una camiseta de la selección con dedicatoria de Diego Maradona, la chomba de La Dolfina, firmada por Adolfo Cambiaso, o un busto de Roberto Cherro. Además de fotos, caricaturas y notas de diarios sobre los más notables cantores de tango.

Para quien acude al lugar -declarado en 1999 Sitio de Interés Cultural de la Ciudad de Buenos Aires- por vez primera, ante tanta variedad y saturación, es probable que se pierda más de un detalle de interés.

A cargo del local se encuentra Hugo García, de 66 años, quien actualmente es uno de los dueños del lugar. Es frecuente verlo con un distintivo delantal blanco, o bien realizando la adición. Es hijo de Metodio y Carolina García, quienes estuvieron a cargo del sitio desde 1950. Vivió junto a ellos y su hermano en el local, ya que anteriormente en el negocio había una vivienda, aunque hace 30 años se realizó una reforma y en donde la casa se ubicaba ahora hay un salón contiguo al principal. Allí se exhiben varios trofeos de caza, relojes antiguos, viejas cámaras de fotos, instrumentos musicales, herramientas que pertenecían al abuelo de Hugo García y en el centro de la pared principal se destaca una mayólica de la mansión de Antonio Devoto, el fundador del barrio y, también, otra de la iglesia de Luján. Con respecto a estos artículos, García revela: “La mayoría de las cosas las compramos nosotros, con otras colaboró la gente”.

García rememora épocas pasadas: “Era todo completamente distinto. Cuando yo era chico había un Minimax, uno de los primeros supermercados que hubo en Argentina; todas las empleadas venían a tomar el desayuno y le cantaban a mi papá cuántas facturas consumían porque las agarraban ellas del mostrador. La gente todos los domingos venía a tomar el vermouth con longaniza, queso o albondiguitas; muy típico de Buenos Aires”.

“Primero mi papá alquiló este lugar hasta que la dueña del lugar le ofreció si quería comprarlo y pagarlo como podía. Antes era así”, evoca Hugo sobre la forma en que adquirieron el lugar.

Dentro del plano gastronómico, lo más destacado del lugar es la picada especial. El dueño la describe así: “Es diferente, es una cena, que se hace los jueves, viernes y sábados, con croquetas, bandejas de fiambres, pescado, todo eso sumado al postre, y luego vienen el turrón, el champagne y el pan dulce”, resalta.

Es lógico que, ante la fama del lugar, hayan concurrido para degustar esta picada personalidades de la talla de Francis Ford Coppola, Félix Luna, Enrique Cadícamo, Enzo Francescoli y Horacio Ferrer. Allí se rodó parte de la película “No te mueras sin decirme a dónde vas”, dirigida por Eliseo Subiela y protagonizada por Mariana Arias y Darío Grandinetti.

En el Café de García, el visitante tiene la posibilidad de evocar al pasado a través del viaje mágico al que lo transporta cada uno de los objetos del lugar.

Por Alejandro Severini