Mucha altura, poco fútbol

“Yo en la altura no podía correr, no podía saltar y no podía respirar. Jugar ahí es inhumano” exclamaba Passarella previo al encuentro ante Bolivia rumbo a Francia 1998. Por esa razón, el entrenador decide preparar el partido con 20 días de antelación en La Quiaca, para de esta manera los futbolistas pudieran adaptarse a jugar en la altura.

El 2 de abril de 1997 se llevaría a cabo aquél tan preparado encuentro y el pueblo boliviano, que estaba enfurecido con los dichos del entrenador, fue más allá y le dio la bienvenida al estadio Hernando Siles con una bandera que resumía el clima que se vivía en La Paz, “Passarella, tu hijo juega en la altura”. Allí comenzó uno de los escándalos más grandes del seleccionado argentino.
Argentina perdió 2 a 1, pero eso no fue lo más importante del encuentro en el que sucedió de todo. Sobre el final del partido, Gustavo Zapata e Ignacio González fueron expulsados, creando una batalla campal en el terreno de juego, en el que se sumaron, los cuerpos técnicos y hasta el personal policial, que lejos de pasar desapercibidos, rociaron con gas pimienta a Roa y Pineda.
Luego de este hecho lamentable, Sidrak Marinho decide reanudar el partido y ahí fue cuando Julio Cruz fue a hacer un saque del lateral y recibió un golpe en la cara por parte del utilero local. El jugador es sacado en camilla acompañado por el entrenador, el cuerpo médico y algunos jugadores. Lo insólito del caso fue más allá, y se pudo percibir gracias a las imágenes tomadas por la prensa, en donde muestra al argentino acostado en la camilla, con la cara ensangrentada y un corte en el pómulo izquierdo cuando en realidad el golpe que había recibido fue en el derecho.
Paralelamente, el tumulto y las agresiones en el campo de juego continuaron y esta vez el que salió más perjudicado fue el kinesiólogo Hernán Arsenian, que fue encarcelado por las autoridades locales y liberado horas más tardes gracias al cónsul argentino.
El bochornoso accionar del seleccionado nacional continuó en la sala de prensa, en donde el Káiser abandonó el recinto acusando a un periodista boliviano de hacer muy extensa su pregunta. Lo sucedido esa noche nunca quedó esclarecido, aunque testigos afirman que Passarella ingresó gritando al vestuario con un único pedido: “cortalo, cortalo”.

Flavia Castaño, 2do. B TT.