Una discusión entre presos terminó en un motín y una toma de rehenes el jueves 22 de octubre, en la Alcaidía 1 de la Ciudad de Buenos Aires, ubicada en Lavalle al 400. Los policías habían intervenido para separar a los internos, pero quedaron retenidos dentro del recinto, en pleno microcentro.
El episodio comenzó a las 12.36 y tuvo como punto de partida “una pelea entre reos”, según la reconstrucción del Ministerio de Seguridad porteño. En el enfrentamiento inicial participaron diez detenidos. La intervención para frenar esa disputa fue el momento en que el conflicto pasó a involucrar directamente al personal policial.
El ministro de Seguridad de la Ciudad, Horacio Giménez, explicó que los agentes separaron a uno de los presos y que los otros nueve fueron a buscarlo. Cuando los uniformados ingresaron para restablecer el orden, los internos tomaron como rehenes a un subcomisario, un inspector y un oficial mayor. El funcionario atribuyó el comienzo de la pelea a los problemas de convivencia de uno de los alojados con el resto.
Desde el interior de la celda, los detenidos comenzaron a grabar videos con un teléfono. En las imágenes difundidas por los medios se veía a uno de los policías sentado sobre una cama, rodeado por sus captores. También aparecían un hombre esposado y otro interno tendido en el piso, cuya situación no podía determinarse solamente a partir de la grabación.
“Hagan bajar al fiscal”, reclamaban los presos mientras mostraban lo que ocurría adentro. En otra filmación, a la que accedió la Agencia Noticias Argentinas, uno de los detenidos hacía una videollamada y señalaba que las imágenes de la toma estaban apareciendo en televisión. Otros acompañaban el pedido de intervención judicial y golpeaban elementos para hacer ruido.
Las grabaciones no fueron la única forma que utilizaron para comunicarse. Algunos presos hablaron por teléfono con canales de noticias y describieron sus reclamos. Denunciaron falta de duchas y baños adecuados, problemas con la comida y poco espacio para las personas alojadas. Uno de ellos sostuvo que eran 31 y pidió un traslado a otra alcaidía con mejores condiciones.
El teléfono utilizado para las grabaciones pertenecía al oficial mayor retenido, según informó el ministro. Los internos se habían apoderado del dispositivo y lo usaron para mostrar la toma y difundir sus demandas. Las escenas dentro de la celda empezaron así a circular mientras las fuerzas de seguridad trabajaban en el lugar.
La tensión también se trasladó a la calle, donde se acercaron familiares y se concentraron móviles de distintos medios. La pareja de uno de los detenidos contó a TN que había recibido una llamada cerca de las 14, en la que él le pidió que avisara a su madre sobre lo que estaba pasando dentro de la dependencia.
El escenario obligó a desplegar un operativo con efectivos de la Policía de la Ciudad, ambulancias del SAME y Bomberos. Se sumaron agentes de la División de Operaciones Especiales Metropolitanas y un grupo de rescate. Los bomberos de Puerto Madero llevaron herramientas para abrir los calabozos, mientras los equipos especializados evaluaban las posibilidades de ingreso al edificio.
En las primeras horas, fuentes policiales señalaron que no había peligro de fuga. La toma del personal, sin embargo, exigía proteger a quienes permanecían dentro de la celda y evitar que la violencia aumentara. Se conformó un comité de crisis con autoridades de Seguridad, la jefatura policial, Bomberos y el SAME.
También comenzaron los contactos con negociadores para escuchar las demandas. Miguel Sileo explicó a TN que el primer objetivo era bajar la tensión y lograr que los involucrados se calmaran. Según describió, la cantidad de personas dentro de la celda complicaba el diálogo, porque los propios detenidos discutían entre sí.
Joaquín Reguera, 2° A TT
