A pocos días de las elecciones presidenciales del 4 de octubre, el actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva encabeza la intención de voto con un 39 %. Sin embargo, el senador Flávio Bolsonaro se acerca con un 36%, pronosticando un final voto a voto.
La carrera por la presidencia de Brasil entra en su etapa más crítica con un panorama político que recuerda a los momentos más polarizados de su historia reciente. Las horas previas a las elecciones se viven con mucha tensión luego de la publicación de nuevas encuestas que muestran un acortamiento casi total de la brecha. Según un estudio reciente del Instituto Futura y 100% Cidades, en un potencial escenario de segunda vuelta, el candidato del Partido Liberal conseguiría el 48,1 % de las intenciones de voto, frente a un 43,7 % del actual mandatario. Dada la paridad, la proyección muestra a ambos contendientes en un dramático e inesperado empate técnico si se tiene en cuenta el margen de error.
Esta tendencia de extrema igualdad también fue reflejada por la última encuesta de Datafolha, publicada a pocas semanas de los comicios. En esta medición, de cara a la primera vuelta, Lula se mantiene estable con un 39 %, mientras que Flávio Bolsonaro consiguió un ligero ascenso, situándose en el 36 %. En una simulación de balotaje, los números de Datafolha también apuntan a un escenario muy cerrado, con el líder progresista alcanzando un 46 % frente al 44 % del senador conservador. Estas cifras han encendido las alarmas no solo en los búnkeres de campaña, sino también en el sector financiero, ante la necesidad de dar certezas a un mercado clave para la región y la inversión extranjera.
El peso de la herencia política
La campaña de Flávio Bolsonaro ha estado marcada por el intento de heredar el capital político de su padre, inhabilitado para postularse. Su discurso se ha centrado en juntar a los sectores del agronegocio, defender los valores conservadores y criticar el manejo económico del gobierno. Todo sumado al impacto de recientes denuncias de corrupción que involucran a funcionarios de segunda línea del gobierno, algo que la oposición ha explotado en los distintos debates televisivos.
Por su parte, la estrategia de Lula apunta a defender los logros de su tercer mandato, como la recuperación del empleo formal, el fortalecimiento de los planes de asistencia social y su perfil de líder internacional. El presidente busca fortificar su histórico bastión electoral en el empobrecido Nordeste, al mismo tiempo que intenta verse como la única opción para garantizar la paz institucional y la democracia frente a la retórica de extrema derecha de su contrincante electoral.
El rol clave de los terceros en discordia
Con el 75 % del electorado con su voto ya decidido, los candidatos apuntan a la minoría que todavía duda. Los demás candidatos se mantienen muy atrasados y sus votantes serán el botín de guerra en una eventual segunda vuelta. El escritor Augusto Cury (Avante) ocupa el tercer lugar con un 6 %, seguido por el exgobernador de Goiás, Ronaldo Caiado (PSD) con un 4 %, y Renan Santos (Missão) con un 3 %.
En un país muy dividido, las próximas semanas estarán marcadas por la intensidad de las giras, los actos multitudinarios y una lucha constante en las redes sociales. Cada movimiento, declaración o traspié será vital para definir si Lula asegura su cuarto mandato o si Flávio Bolsonaro logra dar el golpe, devolviendo al bolsonarismo al Palacio de Planalto.
Antonio Recuenco, 3 B TN
