Pablo Grillo, el fotógrafo herido por un proyectil de gas lacrimógeno arrojado por la policía el 13 de marzo último, mientras cubría una marcha de jubilados en el Congreso de la Nación, ingresó a la ambulancia ese mismo miércoles con un cuadro de fractura de cráneo y perdida de masa encefálica. En el hospital de Ramios Mejía fue donde los profesionales le hicieron la primera intervención quirúrgica que le salvó la vida. Durante más de una semana, el joven se encontró en estado crítico y coma inducido, peleando por su vida y rogando por una segunda oportunidad. Recién el día 20 del mismo mes pudo respirar sin asistencia mecánica y su cuadro se mantuvo en una cierta estabilidad que terminó el día 16 de abril, a más de un mes del ataque, cuando fue sometido a una cirugía de urgencia para extraer tejido dañado. Hasta ese punto, se hablaba de un cuadro “positivo” dentro de la severidad del caso. Durante el mes de mayo se entendía, gracias a ciertas imágenes que trascendieron en los medios de Grillo en el balcón del hospital acompañado de los médicos, que su cuadro estaba mejorando favorablemente y que su avance era positivo, aunque todavía debía luchar contra las dificultades que se avecinaban.
Desgraciadamente para Pablo y sus seres queridos, el 21 de mayo su estado de salud empeoró y se tuvo que exponer a otra operación por hidrocefalia. La cirugía resultó de manera positiva y comenzó de inmediato otro período de internación. El 3 de junio, después de casi tres meses en terapia intensiva, recibió finalmente el alta médica, aunque decidió continuar su rehabilitación en el hospital Manuel Rocca, establecimiento en el cual se encuentra actualmente y donde el pasado 13 de agosto le colocaron exitosamente dos placas de titanio en ambos lados del cráneo. Todo parecía marchar de buena manera, pero se ve que la vida le tenía preparada una batalla más a Pablo. El 26 de agosto, los médicos detectaron que la válvula que regula el líquido cefalorraquídeo podría estar funcionando mal. Por eso, fue sometido a una séptima y hasta el momento última operación para hacer un cierre manual de la válvula. El pasado miércoles 27 de agosto debió regresar a terapia intensiva nuevamente para ser controlado por los profesionales.
Mientras tanto, y en el medio de la lucha de su hijo por recuperarse, su padre, Fabián Grillo, rompió el silencio y hablo con los medios de comunicación acerca de cómo se encuentra la salud de su hijo. “En este momento Pablo ahora está internado en terapia intensiva en el Hospital Manuel Rocca. Su cuadro clínico es óptimo y su evolución es buena, ya que la reacción a la operación fue sin fiebre ni síntomas de rechazo”, comentó Fabián luego de la séptima y última cirugía. Pero agregó: “El cuadro que está en un impasse es el cuadro neurológico y puede ser que la válvula estaba funcionando mal. Le van a hacer estudios y esta semana le harán una tomografía para ver si se está completando esa expansión del cerebro. Claro que no es fácil. Es difícil. Pero no queda más remedio, hay que darle para adelante”, expresó, entre frustrado y poco esperanzado. Por ahora, se esperan novedades del estado de salud del fotógrafo y se sabe que en los últimos días no hay cambios significativos en su estado neurológico. Lo que esta claro, es que la victima sigue en un estado complicado de salud y que su familia solo implora que esta pesadilla que se viene repitiendo hace meses llegue a su fin.
Como se encuentra la causa judicial contra el gendarme Héctor Guerrero, autor del ataque
En cuanto a la causa judicial en contra del oficial que le disparó a Pablo, se sabe que la jueza encargada del caso, Maria Servini, citó a indagatoria a Guerrero. Mientras que los programas de análisis concluían que el gendarme actuó de manera irregular, un reporte interno de la Gendarmería habló de “malas condiciones de visibilidad” e incluso se acusó a la víctima por su posición al momento de ser golpeado por el proyectil. Además, La defensa de la víctima, que está comandada por la abogada Claudia Sesaroni, declaró como descargo que el informe de la fuerza fue cerrado de manera rápida, sin profundizar en la cadena de mandos ni en las decisiones políticas que derivaron en un operativo que dejó más de cien detenidos y decenas de heridos. “Estamos expectantes con eso. Yo no estoy acostumbrado a estos temas judiciales. Para mí todo es muy lento, pero todo el mundo me dice que es rápido. La justicia tiene tiempos que no son los humanos”, agregó el padre de Pablo en una entrevista brindada en los últimos días.
Florencia Russo, 2ºA, TT