Cuando la ficción supera a la realidad

Uno de los trabajos más difíciles de sobrellevar fue el tema que el director Blas Eloy Martinez plasmó en su película, pero la realidad de un Oficial Notificador es diferente.

Eloy, es un Oficial Notificador de la Ciudad de Buenos Aires interpretado por Ignacion Toselli y nos muestra cómo es su trabajo día a día. Muchos opinan que es fácil repartir cédulas o caminar casa por casa pero se equivocan.

Esta película es una representación de la situación laboral que hay en el Poder Judicial, en este caso de Capital Federal. Acá, «el notificador» se muestra enajenado con su labor y con una meta de 100 cédulas por día para repartir. Esto último, desde mi humilde opinión, la de un Oficial Notificador del partido de Quilmes, se puede decir que es una ficción exagerada.

El director del film, Blas Eloy Martínez, intentó mostrar su experiencia en la justicia y por eso creó esta ficción autobiográfica.  En el film, el notificador Eloy se encuentra con que sus obligaciones y su autoexigencia por cumplir con su trabajo le afecta en su vida privada; algo que hasta el día de hoy le sucede a cada oficial notificador del país.

La experiencia relatada, también es un reflejo de cómo la justicia tiene cientos de falencias y diferencias entre «Nación» y «Provincia». En el presente, cada Oficina de Mandamientos y Notificaciones es un mundo. En la película, cada agente, ya sea nuevo o con antigüedad en el cargo, busca ser el mejor en su tarea y con ello tener a principio de cada mes esas horas extras que hoy, en el recibo de sueldo no existen más.

Un Oficial Notificador de la Provincia de Buenos Aires, en este caso yo, no tiene nada similar con Eloy, salvo tener papeles en una mochila y salir a la calle a repartir casa por casa. Por ello, digo que el presente de un empleado judicial «de Provincia» está muy por debajo de un empleado judicial «de Nación».

Desde que ingresé en mi cargo en 2016, a diferencia de la película, nunca tuve 100 cédulas por día para diligenciar como el personaje de Eloy. En cambio, mi responsabilidad laboral me afectó en lo personal por querer estar «al día» y no tener problemas con los abogados patrocinantes, pero no hay nada que no pueda solucionarse sin antes aprender de la mano de buenos compañeros, en cada escritorio.

Cada día de la semana, me levanto a desayunar, acomodo mi recorrido del día y salgo a notificar hasta, como muy tarde, las 12 del mediodía y no hasta ya entrada la noche como lo plantea el director. Si bien Eloy personifica a un notificador cumplidor, cada día su trabajo lo «va comiendo». Esta situación es ejemplo de lo que vive un simple repartidor de cédulas que, como dice el autor, «son papeles que comunican a las partes el proceso de un juicio». Otra muestra exagerada se ve al principio cuando Eloy notifica en la morada de un difunto por el simple hecho de «hacer positiva la cédula», algo que, gracias a varias Resoluciones, en la vida real no se ejecuta.

Un viejo notificador me comentó una vez que «mi vida no vale un papel» por lo que las cédulas y/o mandamientos y la oficina sólo están de 8 a 14 (salvo que el juez lo dictamine en el texto de la cédula como «Habilitación de días y horas inhábiles») y si hay algún peligro en la calle guarde todo en la mochila y me vaya a mi casa o a la oficina. A comparación de la Ciudad, el conurbano bonaerense y el resto de la provincia posee miles de notificadores con zonas totalmente inaccesibles; algo que Blas Eloy Martinez no muestra, por lo que vale la aclaración: no existe un solo mundo de Mandamientos y Notificaciones.

Otro detalle que es importante en la vida de un notificador es que el atraso en el diligenciamiento no es una cuestión de vida o muerte como lo retrata Eloy. Los abogados, por más urgencia que para ellos exista, tienen que aprender que del otro lado de la mesa de entrada no hay un empleado suyo, sino una persona común y corriente que se gana el mango cada día en la oficina y la calle.

Foto de perfil del grupo de Whatsapp de Oficiales Notificadores de la Provincia de Buenos Aires

Hoy, mi trabajo como Notificador es totalmente distinto al de un notificador de la Ciudad de Buenos Aires. Desde lo económico, estamos muy por debajo de un sueldo de un agente de igual cargo y función. Desde lo estructural, no poseemos los mismos recursos que la Corte Suprema les provee. Desde lo zonal, cientos de notificadores ponen sus bienes para el desarrollo de las tareas en cada una de las zonas rurales o urbanas que dividen internamente cada oficina, en cada Departamental Judicial. En lo personal, Eloy tiene una mirada exagerada a lo que un Oficial Notificador vive día tras día, tanto en la oficina como en la calle. Por último, mi labor como notificador pasa por situaciones límites cómo Eloy, pero no al punto extremo de tirar todo por la borda y empezar desde cero como señala al final de la película. Con cada día de experiencia en el puesto, uno ya sabe como resolver cada dificultad que el trabajo trae.

Quedan ustedes debidamente notificados.

Fabian Cartazzo
2° «B» T.N.