Cori «Coco» Gauff: una máquina de romper metas

Los pasos agigantados de la joven tenista que, con solo 16 años, ha alcanzado el top 50 del Ranking de la WTA y va por más

Se dice que la vida es cuestión de etapas. Para tener un futuro prometedor hay que tratar de seguir una metodología de pasos hacia el éxito. Para que los objetivos que se van trazando se cumplan, se necesita un nivel de disciplina y compromiso importante. Pero para Cori «Coco» Gauff, todos los sueños por los que trabaja parecen ser efímeros. Con tan solo 16 años, se ubica en el puesto 47 del ranking mundial de la Asociación Femenina de Tenis. Ha logrado alcanzar varias metas a su corta edad, como su primer título WTA. Todo esto no es casualidad: el deporte corre en la sangre de su árbol genealógico de la joven.

Corey, su padre, jugó al básquet en la Universidad y Candi, su madre, fue gimnasta antes de pasar al atletismo. Una familia humilde, pero muy comprometida en el futuro de sus hijos. Corey dejó su trabajo para poder entrenar a Cori y desde los 7 años es su apoyo en el tenis. Ella posee todas las características de una atleta completa. Desde temprana edad que practica diferentes disciplinas, que fueron aportando a sus condiciones. La gimnasia, el fútbol, básquet y atletismo fueron los sólidos cimientos de la gran carrera que va construyendo hacia la cima. 

Cori Gauff nació en Atlanta, “la ciudad de negocios”, y terminó convirtiéndose en uno. Cuando tenía tan solo 10 años, recibió un acuerdo de patrocinio de Nike y a la fecha ha ganado un millón de dólares en patrocinios en lo que va de su corta carrera. Desde pequeña mostró entusiasmo por el deporte y tuvo un crecimiento acelerado para su edad. Sus padres sabían que había que prescindir de varias cosas para que su hija pudiera dedicarle tiempo al tenis y decidieron mudarse a Florida, más precisamente a Delray Beach, un estado que Estados Unido que limita con el golfo de México. Pero este lugar tiene algo particular: cerca de aquí entrenan las hermanas Williams. Coco idolatra a ambas y se ve como el reflejo de ellas.

El camino que emprendió la conduce hacia el estrellato, o por lo menos es lo que se espera de esta joven afroamericana. Además del tenis, estudia y juega con sus hermanos, lo que la ayuda a abstraerse de un entorno totalmente extraño para su edad. Está claro que su vida es impropia. La calidez de su familia es el sostén en momentos anímicos difíciles. Ellos tratan de que tenga el equilibrio justo para que su vida sea lo más normal posible. Como cualquier adolescente podría estar divirtiéndose con amigos, como una persona común. Como popularmente se dice, “fue quemando etapas”. Ella se sobrepone a situaciones de alta presión. Refunfuña y mira a su padre cuando falla un tiro en los entrenamientos esperando sus consejos. Durante la pandemia estuvo pensando la posibilidad de dejar de jugar al tenis, pero eligió seguir en busca de sus sueños y se entrenó con Corey en el gimnasio de su casa para poner todas sus energías en eso. 

Cada vez que le toca jugar, fija sus ojos marrones en la pequeña pelota amarilla. Espera el momento oportuno para que su destreza con la raqueta haga lo suyo. Coco es diestra, mide 1,76 y ejecuta el revés con ambas manos. Por eso en 2019 no sorprendió al hacerse con el triunfo ante Venus Williams en la primera ronda de Wimbledon. Esto significó la segunda vez que Venus fue vencida en la primera ronda en el torneo británico desde su debut en 1997. Repitió la hazaña en 2020 en el Abierto de Australia. A pesar de ser derrotada por una chica 24 años menor que ella, no tuvo inconvenientes al afirmar que “su límite es el cielo”.

Tras llegar a octavos en el Ostrava Open de este año, en donde comenzó siendo la número 55 del mundo, escaló 8 posiciones y está a su temprana edad dentro de los cincuenta mejores, quedando 47°. La joven que a fuerza de una metodología de pasos se convirtió en una de las máximas promesas del tenis a nivel mundial. Dificultades que van apareciendo y sueños que se van renovando constantemente. Cori «Coco» Gauff es una máquina de trazar metas para luego romperlas. Le queda muchísimo por recorrer, tiene la ruta con el camino definido. Queda avanzar en un trayecto que le promete grandes alegrías.

Jonathan Herlein