Economía circular: ladrillos 100% de cáscara de maní

Son elaborados con la ceniza proveniente de la combustión de la cáscara de maní contribuyendo a una agricultura 360.

Del cultivo de maní se obtiene un valioso alimento y energía y ahora, se agrega ladrillos para la construcción.

La idea de utilizar la ceniza de la cáscara para elaborar ladrillos partió de un análisis de composición química realizada por el Ing. Mauro Uberto, de Rio Cuarto. Este profesional investigó a fondo el contenido de nutrientes de la ceniza para utilizarlas como fertilizante agrícola. En realidad, de la planta de energía salen distintos de tipos de cenizas y de acuerdo a su grosor se pueden aplicar en mejoras de caminos o bien para hacer ladrillos. Con el fin de utilizar el cultivo de maní en su totalidad, buscan utilizar las cenizas de la cáscara para fabricar ladrillos ecológicos.

Con la finalidad de cultivar maní de manera sustentable, sacando de este producto su máximo provecho, ingenieros cordobeses comenzaron a fabricar, a partir de las cáscara de maní, ladrillos ecológico de bajo costo para utilizarlos en la construcción. «Luego de elaborar el alimento para consumo humano a partir del maní cosechado en el campo, nos queda la cáscara con la que producimos energía eléctrica. Y la ceniza resultante de esa producción energética deja de ser un pasivo ambiental a partir de la idea de elaborar con ella ladrillos para la construcción».  Con la utilización de la ceniza se resuelve la acumulación de la misma, que si bien no es realmente contaminante desde en plano químico, resulta un material molesto.

Uberto, además de poner a disposición los resultados de los análisis, elaboró dos ladrillos con la ceniza que, de acuerdo al informe del Ingeniero, no deben tomar contacto directo con el suelo debido a sus características no solubles.

El Ing. Agrónomo Guillermo Cavigliasso, director de Prodeman, firma líder en la producción y exportación de este alimento, genera bioenergía y ahora biomateriales a partir de los residuos de esta materia prima, ubicada en la localidad de General Cabrera, aseguró que a partir de lo investigado por Uberto, enfocaron la investigación en desarrollar un ladrillo para construcción, convirtiendo así al maní no sólo como una fuente de alimento y energía sino también un elemento fundamental para la construcción.

«Luego buscamos un modelo determinado de ladrillo para fabricar, e hicimos unos bloques con una empresa de Córdoba. Y se lograron unos ladrillos ecológicos que son similares a los bloques de tierra compactados que se usan para construcción con muy buenos resultados, trabajamos en el desarrollo de un bloque compactado, estamos con alternativas y formulaciones.  No logramos todavía el ideal, pero seguimos trabajando para dar la mejor calidad al producto”, dijo Cavigliasso a Clarín y detalló que los ladrillos creados tienen una dimensión de 30 cm x 15 cm x 8 cm. Se pueden unir con el pegamento corriente que se aplica en los pisos, lo cual facilita y agiliza su uso para levantar paredes, galpones y otras construcciones. El objetivo es eliminar este pasivo de la quema de la cáscara con un componente social muy fuerte, porque el objetivo es utilizar los ladrillos para la construcción de un plan de vivienda, para colegios y tener un ladrillo de muy bajo costo”, resumió. «Estamos pensando en una producción de 800 a 1.000 ladrillos diarios, la cual resulta importante para una localidad como General Cabrera», resaltó.  «Podemos decir que del resultante de la quema de la cáscara de maní se industrializa un 100% de manera tal que siendo un cultivo muy industrial, ofrece la posibilidad de desarrollar una agricultura circular consistente», dijo Cavigliasso al medio.

«De esta manera estamos desarrollando una actividad totalmente circular y sustentable», cerró Cavigliasso. La utilización de la cascara de maní para la generación de energía eléctrica puede generar energía suficiente para 1800 hogares, el equivalente a 12 viviendas tipo al mes. El resultante de su procesamiento, deja diferentes tipos de cenizas que pueden ser utilizadas para mejoras de caminos o para elaborar ladrillos.

Por su composición, se trata de un ladrillo de bajo peso, que demostró tener la resistencia suficiente como para soportar esfuerzos y cargas, se han evaluado: resistencia en húmedo, en seco, conductividad térmica, absorción de agua, valores de acústica, entre otras. «En este momento estamos siguiendo los pasos para certificar diferentes mezclas para, próximamente comenzar la producción en escala», informó.

Una vez contando con la certificación correspondiente, los ingenieros tienen como objetivo construir una instalación desarrollada integralmente con estos ladrillos para que el público pueda conocerlos, tomen confianza y pueda reconocerse su utilidad para la construcción al igual que el ladrillo tradicional.

El presidente de Prodeman asegura que al ser un ladrillo ecológico, con bajo costo, tendrá una buena demanda y su fabricación generará mano de obra. Pudiendo convenientemente unir esas aristas positivas con la generación de aporte de valor desde un plano ambiental y social, desarrollado a partir del cultivo de maní.