Un santafesino creó un respirador de bajo costo en plena pandemia.

Una nueva ilusión para la medicina Argentina, que nos llena de esperanza en medio de esta crisis

Los empresarios y profesionales que concretaron el proyecto ideado por el rosense Jeremías Butto.

Jeremías Butto es un santafesino de 32 años oriundo de la localidad de Las Rosas que creo un respirador a bajo costo en un etapa en donde la necesidad por los mismo se intensifica. Butto es un emprendedor que estudió dos años en la universidad de Rosario e inició una ascendente carrera como ingeniero nuclear. Se recibió en el Instituto Balseiro y formó una empresa propia que comenzó a prestar servicios para el desarrollo tecnológico, algunos de particular relevancia.

Este ingeniero participó de varios proyectos del sector aeroespacial. Además, realiza asesorías en Vaca Muerta para una formación geológica de shale situado en la cuenca neuquina​ en las provincias de Neuquén, Río Negro, La Pampa y Mendoza.

La pandemia por el coronavirus lo embarcó en un nuevo desafío. Butto diseñó un respirador artificial de bajo costo que se convirtió, a comienzos de septiembre, en el primero aprobado por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) desde el comienzo de la crisis sanitaria en Argentina.

El respirador fue bautizado como Likhen Rod, en honor a los líquenes que se encuentran en los bosques patagónicos y que denotan la presencia de aire puro en el ambiente. En la creación del mismo influyeron los conocimientos del ingeniero, y su inquietud por hacer un aporte al sistema sanitario, las amistades de su pueblo con las que se reencontró y que le dieron a la idea respaldo industrial, pero también la casualidad.

Butto participó en marzo pasado de la Expoagro, en San Nicolás. Desde hacía dos años diseñaba para un cliente balanzas para camiones. El comienzo de la pandemia lo encontró en Rosario y al suspenderse los vuelos a Bariloche, donde reside, decidió volver al hogar más próximo, el de sus padres, Las Rosas.

Allí se reencontró con vecinos y viejos amigos. Con muchos de ellos, además, mantenía una relación vinculada con proyectos laborales. Junto a los titulares de las empresas Tecnoplast, Tedeschi Sembradoras y Vulcano Semirremolques advirtieron que en esa localidad santafesina podría haber una carencia de respiradores.

A su entorno lo inquietaban las imágenes del desastre sanitario que por aquellos días llegaban desde España o Italia y decidieron lanzarse a la aventura de fabricar ventiladores mecánicos.

“Nunca había hecho un aparato similar, ni de la industria médica ni semejante a lo que es un respirador. Tuvimos que estudiar, comenzar a leer bibliografía técnica, hablar con médicos que nos enseñaron clínicamente qué es lo que tenía que hacer un respirador. En función de eso fuimos diseñando el aparato”, contó días atrás Jeremías al diario Clarín.

Fueron meses de diseños y de pruebas. El primer prototipo, que permitía ingresar y extraer oxígeno de un pulmón artificial, demandó cuatro semanas de trabajo. Se testeó en la Asociación Rosarina de Anestesiología y superó las pruebas. Sin embargo, la conclusión fue era necesario sumarle nuevas prestaciones.

El segundo modelo ya contaba con interfaz de usuario táctil, sistema de seguridad auxiliar y alarmas. Fue sometido a examen en los simuladores de la Asociación de Anestesiólogos de Buenos Aires y también lo aprobó. Se inició entonces la etapa final del diseño.

“Empezamos con un prototipo muy básico. A medida que avanzábamos íbamos obteniendo más información respecto a qué tiene que hacer un respirador. Tuvimos que ir adaptando el diseño para poder cumplir con todos los requisitos que exige Anmat”, explicó el rosarino.

Finalmente, en los primeros días de septiembre se alcanzó la aprobación, en la categoría Clase 3, la máxima que otorga el organismo para esa clase de aparatos. “Fuimos los primeros en lograrlo”, se enorgullece. La semana pasada una firma de Rosario, que contó con el respaldo de la universidad pública local, también alcanzó ese logro.

En el caso del Likhen Rod se utilizaron piezas de la industria médica, pero que no son las que se requieren habitualmente para construir respiradores. Eso permitió contar con stock y evitar los altos costos de algunos implementos demandados mundialmente ante la crisis sanitaria.

“En principio vamos a donar tres al hospital de Las Rosas, tres al de Bariloche, uno a la Asociación de Anestesiólogos de Buenos Aires y otro a la de Rosario. Ahora estamos comenzando una etapa de producción con una serie inicial de 25 y avanzando en el acopio de componentes para otros 30 aparatos. Todo lo realizado hasta el momento y la producción se encaró con financiación propia y sin haber realizado ninguna venta. Hasta ahora no entramos en contacto con gobiernos provinciales y nacionales, ni con privados. Simplemente estamos haciendo un stock por si llegan a necesitarse”, contó Butto.

Además señaló que la producción se realizará en la compañía Lago Fonck, habilitada para montar los equipos que se emplaza en San Carlos de Bariloche, con componentes que se fabrican en sedes de las empresas de otros rubros que participan del proyecto.

“Cada uno de ellos construye una parte crítica del respirador y la fabricación y el control de calidad se hacen en Bariloche. Dividimos el esfuerzo inicial, lo organizamos de este modo y aquí hacemos el ensamblaje final. Nos gustaría continuar con el desarrollo de ventiladores mecánicos y a futuro diseñar un equipo con las funcionalidades de un ventilador completo, que tenga todas las posibilidades de modo ventilatorio”, concluyó el profesional.

El impulsor y creador de los nuevos respiradores, que ya son fabricados en serie, Jeremías Butto.