Los Redondos: una manera de generar cultura a través del rito

En 1976, las calles en diagonales mostraban un paisaje desolado en La Plata. Entre sus escombros, en un sótano de la ciudad, se podía vislumbrar un poco de vida. Así se veía la Argentina censurada por la coacción. El país atravesaba por una dolorosa época teñida de sangre. El suelo argentino atravesaba por el pesar de la prohibición y la música no estaba exenta. Varios artistas buscaron la manera de resistir en la lucha por su ideología y la libertad de expresión. Pero hubo una banda que marcó una nueva era en la música. Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota fue uno de los conjuntos que ofrecía esa rebeldía contra el sistema. «Si una canción cambia la forma de ver el mundo, entonces cambia el mundo», esa es la filosofía que caló de manera tan profunda en más de tres generaciones.

Un grupo anárquico que renegaba del “orden” impuesto por los militares, que usaba como estrategia silenciosa de marketing, el boca en boca. De esa manera invitaban a sus conocidos a presenciar sus recitales, que poco a poco fueron creciendo en número. En los primeros años de existencia de la banda pasaron una decena de integrantes. La última formación del grupo, fue la conformación de Carlos “Indio” Solari (voz), “Skay” Beilinson (guitarra), “Semilla” Bucciarelli (bajo), Walter Sidotti (batería), Sergio Dawi (saxofón) y Carmen Castro (la Negra Poli) como mánager de la banda. El grupo siempre tuvo una mirada muy crítica con los medios masivos de comunicación. Por eso, sus discos se producían de manera independiente. Con este velo hermético y misterioso llegaron a ser referentes del símbolo de la cultura rock. Claramente no era la única banda que “sonaba” y en las multitudes se podía ver las discrepancias casi futboleras a la hora de las comparaciones con Soda Stereo.

Conejo Jollivet, Semilla Bucciarelli, Sergio Poli, Skay Beilinson y el Indio Solari

Los conciertos de Los Redondos, se volvieron a la masividad. Esta cantidad de público se tornó peligrosa y trágica en ocasiones. Tal es así que, en 1991 Walter Bulacio un joven de 17 años, que asistía a un recital de la banda murió por brutalidad policíaca. A mediados de los 90´ debido a la gran cantidad de público que asistía a los recitales, decidieron llevar sus shows lejos de los centros urbanos. Esto provocó una mudanza, dando lugar a que sus fans recorrieran el país desde puntos remotos. Este traslado se transformó en un ritual. Hipnotizados por el hechizo de la obra maestra de Los Redonditos, formaron una verdadera misa ricotera, con un clima festivo. Los trapos al viento en cada peregrinación hacia el templo funcional del momento. Este evento se convirtió en un fenómeno casi “religioso” que convocó a masas. Todos querían sentirse parte de esa sensación de unión de euforia musical. Con “Jijiji”, supieron cómo hacer estallar a la multitud, en el aire se sintió el estruendo del temblor de la tierra. Con este tema inmortalizaron el pogo más grande del mundo.

La banda logró redactar extraordinariamente, las frases que quedaron en la memoria y en la piel. Fragmentos como: “Violencia es mentir”, “Mi único héroe en este lío”, “Nuestro amo juega al esclavo”, “El lujo es vulgaridad”, “Todo preso es político”, “Los ojos ciegos bien abiertos”, son solo un pequeño universo de los disparadores de sus letras que quedaron incrustadas en el subconsciente de la gente. Se encarnaron en las costumbres de la sociedad. Una parte de la cultura, como comer un asado, escucharlos y que el olor al humo de la parrilla te sumerja en los recuerdos de esas misas.

Tema dedicado en memoria de Walter Bulacio

Pero toda historia tiene un final y “una noche de cristal se hizo añicos”. En 2002 se anunció la separación del conjunto. Las causas de este suceso nunca terminaron de hacerse públicas, aunque queda claro que «un corazón no se endurece por que sí». El Indio y Skay siguen con sus respectivos proyectos solistas. En más de una ocasión hubo rumores de alguna posible vuelta, pero queda claro que hay algo que se rompió y no volverá a arreglarse. El repertorio que crearon juntos, a lo largo de un cuarto de siglo, no ha sido para nada efímero. Han pasado dieciocho años de la disolución del grupo y aún sigue siendo considerada como una de las bandas más influyentes, marcando un antes y un después en la música argentina. Con sus canciones, les enseñaron a sus seguidores que hay una manera de vivir. Con los principios que posee cada uno. A su manera, ellos dijeron que “vivir solo cuesta vida”.

Jonathan Herlein, 2° A turno mañana