“Tenemos la porción ‘pandemia’, que es un poco más chica y económica”

Pirámide Invertida se adentró a conocer cómo están trabajando los restaurantes y casas de comidas, rubro muy golpeado por la cuarentena iniciada el 20 de marzo. Los desafíos y las ocurrencias en tiempos excepcionales.

Logo de la Asociación de Hoteles, Restaurantes, Confitería y Cafés (AHRCC), entidad que representa a estos establecimientos.

La Asociación de Hoteles, Restaurantes, Confiterías y Cafés de la Ciudad de Buenos Aires (AHRCC) prevé el cierre del 30% de los establecimientos, ya que estiman que el ‘delivery’ y el ‘take away’ “representan sólo 10 o 20% de los ingresos” que estos necesitan para cubrir gastos.

Ante estos datos, Pirámide Invertida habló con Carlos, dueño de ‘Cantina Di Carlo’ (ubicada en el centro de la Ciudad, en Marcelo T. de Alvear, entre Paraná y Montevideo), y Karina, dueña de la rotisería ‘El Candil’ de Mataderos (en Albariño, entre Francisco Bilbao y Gregorio de Laferrere), para conocer un poco más sobre los recaudos sanitarios que toman y su situación económica.

“En mi local trabajo junto a un amigo y un empleado de confianza. Al llegar al restaurante, nos cambiamos la ropa, la desinfectamos rociándola con alcohol y la aislamos. Obviamente, estamos con barbijo y a veces usamos guantes, siempre muy atentos a la limpieza. Al irnos, nos volvemos a cambiar y a desinfectar lo que nos sacamos”, contó Carlos, y añadió que “lleva un tiempo más, pero también tranquilidad”.

Karina, por su parte, trabaja con su esposo y un ayudante de cocina. Este último está exento de ir porque “para llegar, debe usar transporte público, y corremos riesgo de contagio”. Respecto a las medidas de higiene, relató: “Antes de esto ya trabajábamos con guantes, y ahora sumamos el barbijo y la desinfección con alcohol de todos los envases”.

Carlos destacó la diferencia a la hora de cocinar: “Mientras la mayoría usa barbijos de tela, nosotros usamos unos más herméticos, de esos que se usan para pintar autos. Lo único malo es que te cuesta respirar, pero acordamos trabajar así. Además, separamos la comida en porciones para la venta y la envolvemos con film. Nada queda descubierto o en una olla.”

Logo que ‘Cantina Di Carlo’ utiliza en sus redes sociales.

A pesar de no ser la mayor fuente de ingresos, el envío de comida salva la situación de estos lugares: “La gente viene, o llama, y pide para que le llevemos. También hacemos delivery a través de las aplicaciones”, detalló Carlos.

Karina comentó que entregan a domicilio, pero que el chofer no entra al local. «Le pasamos los pedidos por una puerta alternativa”, explicó.

En materia económica, ambos entrevistados afirmaron que la falta de comensales les redujo las ganancias, pero valoran la confianza en sus comidas por parte de los vecinos de sus respectivos barrios. “Los viejos clientes se ponen contentos de vernos y vienen a pedir y retirar en el momento”, relata el dueño de ‘Di Carlo’.

Por otro lado, Carlos destacó la importancia de la difusión en redes sociales: “Difundimos promociones por Instagram, Facebook y estados de WhatsApp para conectarnos con la gente. Además, nos reinventamos pasando de ‘Parrilla Di Carlo’ a ‘Cantina Di Carlo’ y ampliamos nuestro menú, incluyendo un montón de guisos y otras comidas, además de la clásica parrillada para abarcar más clientes”.

Un ejemplo de los platos disponibles en ‘Di Carlo’: a la izquierda, un pastel de papa en porción común y, a la derecha, en «porción pandemia».

Además, se mostró consciente de que gran parte de la sociedad está afectada económicamente por la pandemia: “Para los guisos y comidas como el pastel de papa tenemos, además de la porción común, la ‘porción pandemia’, que es un poco más chica y más económica para que la gente pueda acceder a ella”. Por último, se mostró optimista: “Nosotros arrancamos de vuelta hace 3 semanas y estamos sumando bastantes clientes nuevos, lo que me hace creer que venimos bien. Experimentando cómo progresar, y adaptándonos a las necesidades de la gente, se puede salir adelante”.