Racismo y brutalidad policial, ¿dos pandemias ignoradas?

Otros tipos de gérmenes conviven con la humanidad hace mucho tiempo: el racismo y la brutalidad policial. El asesinato de George Floyd se replica en todo el mundo, y en la Argentina se reflotó por la muerte de Luis Espinoza.

Comisaría incendiada durante las protestas en Minneapolis, Estados Unidos.

Miles de protestas se dieron alrededor del mundo luego de que el pasado 25 de mayo, el oficial de policía Dereck Chauvin asesinara al afroamericano George Floyd, luego de detenerlo por intentar pagar con billetes falsos en un comercio de la localidad estadounidense de Minneapolis. Chauvin esposó al detenido, lo arrojó al suelo y lo asfixió apoyando su rodilla contra el cuello durante unos minutos. A pesar de que George Floyd dijo varias veces que no podía respirar, ni Derek Chauvin ni sus  otros 3 compañeros de la policía hicieron algo al respecto.

El estallido social dijo presente y desde el 26 de mayo comenzaron las protestas violentas y pacíficas en todo Estados Unidos en rechazo del racismo por parte de la sociedad blanca norteamericana, y en especial por las fuerzas de seguridad. Las protestas pacíficas mostraron ciudadanos acostados en las calles, deportistas famosos  manifestando su hartazgo con estas situaciones y policías de otros estados arrodillados en multitud para dejar en claro su repudio a lo sucedido. El martes 2 de junio, las redes sociales se vieron invadidas bajo las consignas “#BlackOutTuesday” y “#BlackLivesMatter”, donde muchas celebridades de todo el mundo postearon fotos de fondos totalmente negros en apoyo a la población afroamericana mundial.

Pero, como en todo estallido, los reclamos multitudinarios se suelen tornar violentos. Es por esto que, en el medio de todas las protestas, muchos manifestantes comenzaron a saquear comercios, vandalizar establecimientos públicos y llegar al punto de incendiar entera la comisaría de Minneapolis en la cual trabajaba Derek Chauvin, hoy ya detenido por asesinato de segundo grado, y sus tres compañeros acusados de cómplices.

El presidente Donald Trump ya había empeorado la situación cuando el 1 de junio declaró frente a una de las iglesias atacadas que, si era necesario, sacaría a los militares a las calles para calmar a todos los protestantes. Además, estableció el toque de queda, que restringe la circulación hasta las 19 horas, pero claramente no ha sido respetado y no hizo más que alterar el clima de la “tierra de la libertad” en un año marcado por unas nuevas elecciones presidenciales.

Made in Argentina

Si bien el caso de George Floyd se transformó en un exponente mundial, la brutalidad policial apoyada en el racismo en la Argentina no es un tema desconocido. A pesar de no tener la misma repercusión, el caso de Luis Espinoza, peón rural en la provincia de Tucumán, el equivalente argentino de lo sucedido en Minneapolis. El 15 de mayo, Luis y su hermano Juan Antonio fueron detenidos bajo pretexto de haber violado el aislamiento obligatorio para ir a cobrar sus salarios. Allí comenzó el martirio: la policía de la localidad de Monteagudo, Tucumán, detuvo y golpeó a los Espinoza, dejó a Juan Antonio inconsciente y determinó un destino mucho peor para Luis. Este último fue cargado en uno de los móviles de la policía y llevado a un monte cercano, desde el cuál momentos después se escuchó un disparo. Luego de este episodio, Luis Espinoza estuvo desaparecido durante una semana hasta que el 22 de mayo lo encontraron muerto a aproximadamente 100 kilómetros de dónde se había consumado el asesinato.

El hallazgo se dio gracias a que dos de los diez individuos involucrados en el caso rompieron el “pacto de silencio” que habían acordado entre todos los partícipes del crimen. Dentro de los acusados, nueve trabajan en la comisaría de Monteagudo en distintos rangos, mientras que el décimo es un civil que prestaba colaboración desarmada como “seguridad privada” del lugar.

Al día de hoy, las pericias confirmaron que la bala encontrada en el pecho de Luis Espinoza salió disparada del arma reglamentaria del oficial auxiliar José Morales, y que el cuerpo fue trasladado hasta una zona montañosa y frondosa de la provincia que limita junto a Catamarca. Allí fue arrojado hacía la localidad catamarqueña de Andalgalá.

Hasta este viernes, los detenidos continúan con prisión preventiva la cual deberá ser renovada hoy, ya que se cumple su plazo determinado. La fiscal a cargo, Mónica García de Targa, ya manifestó que tienen las pruebas necesarias para que la prisión preventiva continúe hasta que se resuelva el caso.