La maldición Michael Jordan

La notable estrella de la NBA fue responsable de que otras grandes figuras de la liga no vieran el anillo de campeón en sus dedos

Jordan dominando el balón

Michael Jordan se elevó a la altura de un dios para quienes no lo tenían en ese pedestal y lo descubrieron gracias al documental El Último Baile, probablemente lo más visto en el planeta durante el último mes y medio. Sin embargo no fue placentero para todos.

En la NBA existen varios jugadores históricos que llenaron los números del cartón menos el más importante, el del campeonato. Algunos de ellos tienen que culpar, directamente, a Jordan por no haber lucido ese anillo tan seductor en uno o más dedos. Pero así es el deporte.

Larry Bird y Magic Johnson

La década del 90 resultó muy importante en figuras. Vio el retiro de dos cracks, Larry Bird y Magic Johnson, quienes habían dominado los 80 con tres títulos el primero en los Celtics, y cinco el segundo en los Lakers. Luego llegó Jordan y ganó seis, frenando las ansias de sus rivales para treparse al podio de los inmortales.

El que más sufrió aquella maldición fue Karl Malone, eterno rival de MJ, histórico de Utah Jazz. El Cartero se merecía un título, pero no si Jordan lo podía impedir, lo cual sucedió en las Finales 97 y 98. Ya sin Jordan en el camino, el ala pivote tuvo la chance al formar parte del gran equipo que arrancó en el 2000, Los Angeles Lakers, quienes habían sumado su famoso three-peath del 2000 al 2002. Con Kobe Bryant, Shaquille O’Neal, Gary Payton y el propio Malone eran candidatos, pero unos silenciosos Detroit Pistons de Larry Brown, en los que la estrella era el equipo, los frustraron en el 2004.

Malone y Stockton en un partido de la NBA

Junto con Malone aparece otra víctima, el socio del Cartero en los Jazz, John Stockton. Base blanco, atlético, bajo (1,85), se entendía a la perfección con su compañero. Stockton también integró el plantel de los Jazz que perdieron las dos finales ante Chicago. Se retiró habiendo vestido solo la camiseta de Utah.

Otra referencia de los 90 en la NBA es, sin dudas, Charles Barkley. Tenía tanta confianza en sí mismo que hasta le dijo a su hija que sería campeón de la NBA porque era el mejor jugador de ese 1993 en el que llegó a la final con los Suns de Phoenix. Fue antes del segundo partido, en el que él y Jordan alcanzaron los 42 puntos, pero Chicago venció. Barkley, luego, ante su hija con lágrimas, debió aceptar: “Tu papá no es el mejor”. La serie terminó 4-2 para los Bulls, incluido un cuarto juego en el que Jordan metió increíbles 55 tantos.

Jordan dialogando con Barkley

Entre los grandes que llenan el formulario anti-Jordan también encontramos a Patrick Ewing, leyenda de los Nicks. La mala suerte del nacido en Jamaica es que Nueva York y Chicago están en el Este, así que Jordan lo frenaba antes de la final, como en la definición de conferencia que los enfrentó en el 93. Ewing llegó a dos finales cuando Jordan no estaba en los Bulls, pero las perdió: 94 vs Houston y 99 vs San Antonio.

Hay alguien más que merecía el título, porque casi en solitario potenció a un equipo que, sin él, no hubiese trascendido, y es Reggie Miller. Los Pacers, con Reggie de líder y Larry Bird como entrenador, perdieron con los Bulls de Jordan las finales del Este 98 y también las del 99 ante los Knicks. La única vez que ganaron significó el pasaje a la gran final ante los Lakers imbatibles del 2000.

Miller empujando a Jordan en un partido inolvidable

Finalmente, la lista la cierra Penny Hardaway, quien increíblemente nunca pudo salir campeón con el equipazo de Orlando cuando también jugaban Shaquille, Nick Anderson y Horace Grant. De hecho, fueron los únicos que le ganaron una serie de playoff al Jordan ya campeón, la semi del Este 95, año en el que Su Majestad volvió tras una temporada y media jugando al béisbol. Al año siguiente, en la final de conferencia, Su Majestad se vengó con un lapidario 4-0.

El único que zafó fue Hakeem Olajuwon, estrella de Houston Rockets, que aprovechó el retiro parcial de Jordan para ganar los anillos del 94 y 95. El resto no tuvo esa suerte.

Marcelo Janin