COVID-19: ¿Puede el cadáver de un portador del virus ser un foco de infección?

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), sólo "los pulmones de los pacientes con gripe pandémica" pueden contagiar si se manipulan de manera incorrecta durante la autopsia. "De otro modo, los cadáveres no transmiten enfermedades”, aseguran.

La mayoría de países implementó protocolos en base a las directrices de la OMS, publicadas en 2014.

Pasaron cuatro meses desde la aparición del COVID-19 y su expansión desde la ciudad china de Wuhan a más de 185 países, cifra que está en constante crecimiento. Al día 23 de abril, se cobró la vida de 175.694 personas a nivel mundial, según informó la Organización Mundial de la Salud (OMS). Aún no se sabe mucho del virus, y a ello se suma el colapso de los sistemas de salud y los servicios funerarios de países como EE.UU., Ecuador y México, entre otros.

En este contexto, surgen una multiplicidad de preguntas en torno a la salud. ¿Un cadáver puede ser foco de transmisión? ¿El virus sigue con vida tras muerte del portador? ¿Cuántos días está activo el virus tras el fallecimiento de la víctima? A razón de ello, varios estados han puesto en práctica protocolos para el manejo de cadáveres aplicando las directrices de la OMS, publicadas en 2014, sobre Prevención y control de las infecciones respiratorias agudas con tendencia epidémica y pandémica durante la atención sanitaria. Este documento  incluye un Anexo de Servicios Funerarios y Autopsia, como es el caso de Argentina y recomendación de especialistas de salud.

El documento está publicado en la página web del Ministerio de Salud y consta de 6 folios.

El Procedimiento para manejo de cadáveres de casos de COVID-19 del Ministerio de Salud argentino, con fecha del 18 de marzo, estipula: “Los cadáveres de personas fallecidas por COVID-19 deben ser consideradas como cadáveres del Grupo II”, e indica el traslado del occiso y se permite el acceso a los familiares, pero sin establecer contacto físico con el cadáver, dado que “todavía pueden contener virus vivo en los pulmones y otros órganos”, y recomienda no realizar autopsias, porque son casos en investigación.

Personal forense y funerario debe contar con protección.

Al respecto, la OMS indica, en una guía ofrecida en exclusiva para la BBC Mundo, que el virus puede contagiarse «si los pulmones de los pacientes con gripe pandémica se manipulan de manera incorrecta durante la autopsia. De otro modo, los cadáveres no transmiten enfermedades”. Pero exhorta al personal forense y funerario a usar protección facial, mascarillas, gafas, guantes y batas en caso de estar en contacto con fluidos o secreciones del cuerpo.

El Ministerio de Salud de Gran Bretaña, Matt Hancock, calcula que el virus permanece entre 48 y 72 horas en el cuerpo si se mantiene a temperatura ambiente, cálculo que comparte el infectólogo Lautaro de Vedia, quien añade: “Cuando se muere una persona, el virus queda. No lo elimina por vía respiratoria, obviamente, pero puede persistir en el cuerpo”.

En esa misma línea, el Dr. Otto Yang, del Departamento de Medicina y el Departamento de Microbiología, Inmunología y Genética Molecular de la Universidad de California, le precisó a la Scientific American: “Un cadáver puede ser contagioso por horas, si no es que por días”. Y explicó: “El virus estaría aún en las secreciones respiratorias, y potencialmente se reproduciría en las células que aún no han muerto en los pulmones”.

En muchos países se prohibieron los sepelios para no exponer a los familiares a un posible contagio. En otros, como en la Argentina, está permitido. Al respecto, la Organización Mundial de la Salud precisa que es «una elección cultural» y de «disponibilidad de recursos», porque no es cierto que sea preciso incinerar los cuerpos de las víctimas de enfermedades transferibles, sino que tienen que tomarse las precauciones necesarias. Así también, el Centers for Disease Control and Prevention de los EE.UU. recomienda: “Las personas deben considerar no tocar el cuerpo de alguien que ha muerto por Covid-19”, lo que ratifica la teoría, también basada en todas las evidencias recogidas, que las personas mayores y de todas las edades con afecciones de salud graves tienen mayor riesgo de desarrollar el virus.