A seis años de la muerte de Alfredo Alcón, un ícono de la actuación (2da, parte)

Vida y obra de un apasionado y enamorado de la actuación. Tan gigante que no entró en una nota.

Continuamos con la segunda parte de la nota al gran ícono de la actuación de nuestro país, al conmemorarse un nuevo aniversario de su fallecimiento.

Con la película “Recordando con ira” fue que empezó a tener mayor atención en el ambiente. “Ha nacido un primer actor para la escena nacional”, aseguraba y un crítico. Y después de protagonizar “Un guapo del 900” la gente empezó a seguir los proyectos en los que participara y a ir al teatro y al cine por él.

Se destacó por su voz, presencia y la facilidad para realizar personajes tan diferentes con el mismo éxito. Encarnó a San Martín, Güemes, Martín Fierro, Hamlet y reyes de España. Hizo de Dios y también de Diablo. “Creo que soy actor porque me hubiera gustado ser tantas cosas. Un pescadito, el papa cuando sale, un árbol, etcétera”, reflexionó Alcón.

Libertador. En 1970 fue San Martín en la película «El Santo de la espada».

Fue un enamorado y apasionado por la actuación. Le dedicó su vida, haciendo alrededor de 50 películas, más de 40 obras y algunos proyectos en televisión. Llegaba 2 horas antes del horario para grabar o salir al escenario, y pensaba en su trabajo desde que se levantaba hasta que se acostaba. A pesar de que era ovacionado siempre mantuvo la humildad, la inseguridad y los nervios, al igual que la exigencia que lo llevó a ser un gigante de la actuación argentina.

Si bien ganó 6 premios ACE (incluyendo el de oro en 1992), la misma cantidad de Martín Fierro -el primero en 1960 y el último en el 2000-, algunos Konex, entre ellos el de platino (mayor figura del espectáculo del año), además de otras distinciones en España, los colegas siempre lo enaltecieron por lo buena persona, transparente y gracioso que era. “Fue un ser maravilloso, único e irrepetible. Nos hizo reír hasta el último segundo de su vida”, lo recordó emocionado Nicolás Cabré.

La última obra. En 2013 actuó y dirigió «Final de partida» junto a Joaquín Furriel.

“Yo iba al teatro y era una fiesta. Todas las luces, la gente”. Sin casi poder caminar realizó sus últimas funciones como actor y también director de la obra “Final de partida” junto a Joaquín Furriel en el teatro San Martín, su segunda casa y donde el hall lleva su nombre. Son seis años sin un enorme actor que hoy es una leyenda inmortal.