Diego Maradona, entre la resurrección y el adiós

El 4 de Octubre de 1992 el Estadio San Mamés se vestía de fiesta, el Athletic de Bilbao no solo recibía al Sevilla sino también seria testigo de la reaparición mas esperada por el mundo del deporte.

En aquella época el equipo andaluz era dirigido por Carlos Salvador Bilardo que al tomar el cargo de director técnico hizo entre las demandas al presidente, Luis Cuervas, una muy particular, la contratación del jugador Diego Armando Maradona. El futbolista venía de haber llevado al Napoles de Italia a los primeros planos del fútbol internacional, tenía en su prontuario una larga lista de éxitos, un mundial, un par de ligas italianas, una copa UEFA y sin contar que ya era reconocido como el mejor jugador de todos los tiempos aun así había una mancha que marcaba a uno de los fichajes más controversiales del momento.

Todas las miradas estaban puestas en el número diez, el doping por cocaína que había dado positivo en Italia llevo a que la FIFA lo dejara fuera de las canchas por 15 meses y en la vuelta al fútbol español la figura de Maradona ya no era la misma, su apariencia tenía un notable desmejoramiento pero su estilo y pegada se mantenían intactos, el equipo sevillano se ilusionaba con este equipo ambicioso y como no hacerlo si tenía en su plantilla al DT y al jugador que llevaron a Argentina a ser campeón en el mundial de México 86.

Si hablaban de milagros Maradona lo era todo, por eso con una historia sobre su espalda le otorgaron la cinta de capitán y el legendario 10 en la camiseta, él no quería fallar y buscaba volver a ser el volante mas desequilibrante como alguna vez lo fue en sus mejores épocas. Tras el cambio de aire  su nueva etapa se le hizo cuesta arriba, con 32 años y una vida que entraba poco a poco en los excesos no hicieron fácil su continuidad, ya ni Bilardo podía sostener ni argumentar su falta de estado e infiltraciones antes de cada partido, tanto es así que en el último partido del astro, el entrenador decidió sustituirlo a los 8 minutos del segundo tiempo, provocando un malestar entre ambos y la decisión irrevocable por parte de Maradona de abandonar el club.

Así el mejor jugador del siglo se despedía poco a poco de las competiciones internacionales, en el Sevilla jugó un total de 29 partidos en donde marcó solamente 8 tantos, números a los cuales no nos tenía acostumbrados, estas cifras indicaban que la era mágica del “Pibe de Oro” se estaba por terminar.