Los herederos de la Generación Dorada

El plantel argentino que disputó el Mundial de China 2019. (FIBA).

Tristeza. Casi que alcanzaban lograr el título, pero se chocaron con una topadora del básquetbol. Argentina no pudo contra España, que lo venció 95 a 75 en la final del Mundial de China. Sí, había caras largas en los jugadores argentinos. Por más exitosa que haya sido su estadía en el país asiático, no caben dudas que a cualquier deportista de élite siempre quiere más. Sin embargo, internamente sabían que el trabajo fue muy bueno y que no tenían nada que reprocharse como grupo. Lo habían dado todo. El camino para llegar al segundo puesto fue de cuatro años. Un proyecto deportivo que tenía que remar en contra de la marea. Este plantel de jugadores jóvenes tenía que suceder al legado de la Generación Dorada de la mejor manera posible. Y así lo hicieron, dejando la bandera argentina en lo más alto del mundo.

“Lo que acaba de lograr este equipo es histórico. Hoy ganamos la medalla de plata, no perdimos la de oro, eso lo tengo clarísimo”, afirmó Sergio Hernández, entrenador de la selección nacional, al término de la final. Es que más allá de haber perdido el partido decisivo, Argentina fue por un objetivo: clasificarse a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Y así lo hizo. Pero, sobre todo, logró algo que muchos no creían: plasmar una idea de juego dentro de la cancha y ser competitivo a nivel mundial. Por lo menos, no lo creían en el corto plazo después de semejante generación de jugadores que le dieron todo a la celeste y blanca. Manu Ginóbili, Andrés Nocioni, Luis Scola, Pablo Prigioni y Fabricio Oberto, entre otros, fueron quienes escribieron, con sus propias manos, la historia del básquetbol argentino.

Medalla de plata en Indianápolis 2002, medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, con victoria incluida a Estados Unidos en las semifinales y medalla de bronce en Beijing 2008, fueron algunas de las actuaciones más relucientes del conjunto argentino, que mantuvo un nivel superlativo a lo largo de 15 años. En Río de Janeiro 2016, la Generación Dorada cerró una etapa. En esos Juegos Olímpicos estuvieron Manu y el Chapu, quienes disputaron su último torneo con la Selección. Fue ante el Dream Team por los cuartos de final. Perdieron 105-78 y así se despedían, aunque continuarían jugando unos años más con sus clubes (Ginóbili dos con San Antonio y Nocioni uno con el Real Madrid).

Luis Scola, el capitán y líder del seleccionado argentino. (AP).

La premisa era sostener todo lo que habían construido esos jugadores durante más de una década. Desde 2015, con Hernández, que recién asumía su segundo mandato como DT de la Selección, comenzaron a aparecer en el equipo algunas jóvenes promesas. No de la talla de los jugadores de la Generación Dorada, pero buenos jugadores al fin. Algunos sumaron minutos en el Mundial de España, en el que Argentina finalizó en el puesto número 11. Ya en la cita olímpica del año siguiente, esos chicos talentosos tenían varios minutos sobre su espalda. Y para enriquecer aún más su experiencia, se rodearon de esos jugadores que admiraron durante su infancia. Esos que ganaron todo y que eran respetados por todos los rivales del mundo.

A partir de esos años, se comenzó a construir esta gran base que dio que hablar en China recientemente. Un mes atrás anticiparon lo que sería el Mundial, al quedarse con la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Lima. Facundo Campazzo, Nicolás Laprovittola, Patricio Garino, Gabriel Deck, Marcos Delía y Nicolás Brussino fueron los chicos que comenzaron a foguearse desde 2015. Hoy ya son una realidad. Dejaron de ser jóvenes promesas y hacen lo que mejor les sale: jugar al básquet.

Claro que todo el recorrido fue duro. Pero la presencia de Scola en este proyecto fue fundamental. La torre de 2,06 metros fue el capitán del equipo en las últimas competencias y funcionó como hilo conductor del legado de la Generación Dorada hacia la nueva. La simple presencia de una leyenda del deporte nacional es un aporte inmenso para el plantel. Y ni hablar del apoyo, como cuando Manu fue de visita a China para la semifinal ante Francia y la final frente a los españoles. 

El Mundial de Argentina fue casi perfecto. Ganó siete partidos (venció a Serbia y Francia, ambas potencias mundiales) y sólo perdió frente a España. Mucho tuvo que ver Oveja Hernández en todo esto. Él tuvo que cargar con la pesada tarea de reconstruir el equipo nacional. Y lo logró. Conformó un equipo que terminó generando un sentido de pertenencia en el pueblo argentino, que no es poca cosa. El mundo entero habló de Argentina y no fue por su situación política ni económica. Fue por el básquet. Fue por un equipo de pibes que se formó desde hace cuatro años y hoy ya es una realidad. Comenzó la Nueva Generación…

Franco Giummarra Bozzuto, 2° B, turno mañana.