Nuevos voluntarios: adultos mayores de 70 años

Son más de 1000 jubilados que están en distintos puestos ayudando como voluntarios y buscan seguir sintiéndose integrados a través de distintas actividades

Adultos mayores que participan de diferentes voluntariados

Mientras que el mandato laboral indica que entraron en una edad pasiva, más de 1000 adultos mayores son los encargados de desempeñarse como voluntarios en distintas locaciones, una de estas, el Registro Civil porteño, donde son los encargados de orientar y asignar un turno a las personas que llegan para realizar algún trámite. Si bien no reciben ningún sueldo, coinciden que su mayor ganancia es sentirse útiles y productivos.

A fines del 2017, la Gerencia de Envejecimiento Productivo porteño lanzó esta iniciativa como consecuencia de la gran demanda que existe en los jubilados, ya que se sienten valorados al ser tenidos en cuenta para hacer algún tipo de actividad. “Existe una necesidad de estar integrados, de ser parte de las actividades, de una forma activa y no sólo pasiva, entre los adultos mayores. Nos dimos cuenta de que, al mismo tiempo, hay un gran potencial en ellos. Y si reciben la formación adecuada, pueden hacer un aporte que es muy valioso para todos. Para ellos, y para quienes se encuentran con su amabilidad y buena disposición», explica Rosario Angelillo, encargado de la Gerencia.

Hoy en día cada vez son más las personas que superan la edad jubilatoria, y que deciden volcar su tiempo libre en voluntariados, algunos ayudando en tareas de jardinería, como es el caso de los que están en el Rosedal, donde orientan a los visitantes; otros trabajan en centros de información al turista. También hay voluntarios en el Jardín Botánico, en los registros civiles de los barrios, en los centros de primera infancia, donde les leen cuentos a los más chicos, en bibliotecas y, dentro de poco, en museos porteños.

«Los sistemas previsionales fueron pensados para cuando nos moríamos entre los 60 y 70 años. Hoy, felizmente, eso ocurre entre los 80 y 90. Es decir que nos quedó esta brecha entre la edad del retiro y el fin de la vida. Si se tiene en cuenta que se llega con mucha más vitalidad a esa edad, nos quedó una enorme vida posjubilatoria, de 30 años, vacía de actividades», afirma Enrique Amadasi, doctor en Sociología y coordinador del Barómetro de las Personas Mayores, del Observatorio de la Deuda Social Argentina, de la Universidad Católica Argentina (UCA).

La propuesta, que fue lanzada por la Gerencia de Envejecimiento junto con un programa de la Secretaría de Integración Social para Personas Mayores, y con el Ministerio de Gobierno porteño, a través del Registro Civil, no solo mantiene en actividad a los adultos mayores que desean seguir sintiéndose aptos para ser tenidos en cuenta, sino que además incentiva a una nueva mayoría a poder hacerlo.

Clara Villalba