«Todos Mienten», una mirada a la psicología de Doctor House y una invitación a revisar la propia

En su libro, Dora Mauro analiza a fondo el comportamiento de Gregory House a lo largo de la serie y en base a qué actúa.

Si pensamos en series que aborden la medicina sin dudas que Doctor House puede ocupar un puesto, al menos, entre las mejores tres. Por las raras enfermedades que se abordan en muchos casos, por las pequeñas historias que la serie cuenta en cada capítulo y, por sobre todas las cosas, por el enorme personaje que interpreta Hugh Laurie en la piel de Gregory House de un médico tan birllante como arrogante.

Una de las ventajas que tiene esta historia es que se puede ver en capítulos aislados y de todas maneras se va a entretener. No es completamente necesario seguir el hilo de los episodios porque cada uno tiene su “caso” médico,  que el espectador puede disfrutar. Para quienes la ven de esa manera, encontrarán en Doctor House un protagonista infalible en lo medicinal, pero frío y hasta agresivo para las relaciones interpersonales tanto con pacientes como con sus colegas.

Sin embargo, quienes siguieron la continuidad de las ocho temporadas que tiene la historia ven algo más en él. Dentro de la trama se descubre un hombre completamente transparente y vulnerable a toda relación que ha tenido. Eso intenta describir Dora Mauro en su libro “Todos Mienten”, nombre tomado de la frase de cabecera del propio personaje.

A través de sus páginas, la autora realiza un análisis psicológico de este personaje donde propone ir más allá de la “coraza” que muestra. Toma algunos de los casos desarrollados durante la serie y, a partir de ellos, nos muestra cómo House muchas veces realiza lo políticamente incorrecto para terminar en lo eticamente correcto.

Su odio a la corrupción, a la burocracia y a veces hasta a las mismísimas reglas lo llevan a saltarse múltiples protocolos, aunque siempre con resultados más que efectivos. ¿Qué es lo más importante para House según Mauro? El paciente por un lado y superarse a sí mismo por el otro.

El protagonista de la historia toma los casos no solo porque le interesa salvar vidas, sino porque los utiliza como un desafío personal para ir más allá de sus límites. Esto muchas veces le trae roces con sus colegas y, aquí, la autora toma un concepto de Sócrates para explicar el proceder de House durante sus diagnósticos.

Para poder saber qué tienen los pacientes, el Doctor tiene un equipo que va variando a lo largo de la serie pero que siempre va de entre tres y cinco integrantes. Mauro afirma que House toma el “método socrático” para arribar a buen puerto. Le pide a sus súbditos que arrojen ideas y, lejos de castigarlos por sus equivocaciones, intenta de a poco guiarlos hasta agotar todas las instancias y así dar con la enfermedad que aqueja a la persona a tratar.

Fuera del ámbito del trabajo, la autora abarca en buena parte de su relato las relaciones con sus seres más cercanos. Por un lado describe su amistad con el Oncólogo James Wilson como todo lo contrario a lo que parece.

En muchas ocasiones podremos ver a House haciéndole bromas muy pesadas a quien es su mejor amigo, pero siempre en la búsqueda de lo mejor para él. El libro afirma que sus personalidades son completamente complementarias: House saca a Wilson de su constante postura de hombre correcto, para llevarlo a un terreno de cierta “irresponsabilidad”, en tanto que Wilson es el que logra equilibrar a House en momentos en los que su adicción al Vicodin (producto de un dolor crónico en la pierna) lo hace salirse del eje.

Por otro lado, habla del vínculo que House tiene con la decana del Hospital donde trabaja, la Doctora Lisa Cuddy. Según Mauro, el protagonista no se involucra sentimentalmente con ella hasta la sexta temporada debido al miedo que había en su interior a que esa relación que él tanto quería, fracasara.

Cuando House finalmente decide dar el paso y entabla un noviazgo con Cuddy, se abre por completo. Allí la escritora afirma que saca su costado más de “niño”, que tanto tiene escondido detrás de la caparazón que muestra. Por este motivo describe que el final de la séptima temporada, donde House estrella directamente su auto en la casa de Lisa después de que la relación terminara, es una metáfora de lo que él sentía. “El sentía que su corazón estaba roto y decidió romperle algo a ella”.

“Todos Mienten” es sin dudas un gran relato pormenorizado de la psicología de un personaje sumamente fascinante, pero que a la vez trae un montón de controversias por su forma de proceder en múltiples situaciones. No obstante, plantea una interesante manera de verlo al intentar mostrar una faceta que no se aprecia fácilmente dentro de la serie.

En última instancia, la obra trae un análisis de cada uno de los personajes secundarios que tienen las ocho temporadas, qué relación tiene cada uno con House y por qué actúan como actúan. A modo de “bonus”, es una interesante forma de cerrar el relato.

Este libro no solo hace una mirada sobre la personalidad del genial Doctor House, sino que es también una invitación a mirar hacia adentro y a preguntarse qué tipo de actitudes tomaríamos en cada situación parecida que se presente.