Sociedades Anónimas Deportivas, el quid de la cuestión

El juego por el negocio del fútbol argentino

El proyecto para convertir los clubes argentinos en empresas privadas ha tomado fuerza desde la llegada al poder ejecutivo nacional de Mauricio Macri. El presidente de la Nación, puso sobre la mesa una carta que genera mucha controversia, la instauración de las sociedades anónimas en el fútbol argentino.

Mauricio Macri, presidente de Boca Juniors.

¿Porqué genera tanto rechazo este modelo en Argentina?

Los clubes han sido, desde sus comienzos, un lugar de encuentro y participación social. Estos generan identidad en sus participantes y el «hambre de gloria», por la obtención de títulos y distinciones a nivel deportivo, que tanto nos caracteriza a los argentinos. Las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD) también pueden militar por estas metas pero siempre el objetivo principal será la ganancia y el fin lucrativo.

«El club es de los socios», se escucha en cada bufete y en cada pasillo de los estadios. Al convertir una entidad deportiva en empresa privada esta pasará a estar en manos de quien posea el mayor número de acciones y, cabe destacar, que a mayor numero de estas mayor será el poder de decisión.

¿Son las Sociedades anónimas la solución a los problemas del fútbol argentino?. El capital privado promete sanear a los clubes, relanzarlos deportivamente, mejorar su infraestructura, liberarlos de corrupción y convertirlos en un negocio sustentable.

La teoría capta la atención y también genera esperanzas, pero existen muchos casos en el mundo donde esto no funcionó y provocó quiebras y hasta la desaparición de instituciones. El dinero privado busca multiplicarse y cuando la ecuación no funciona la sociedad queda en la ruina. En Argentina los clubes son asociaciones sin fines de lucro que se apoyan básicamente en su función social, la protección de los niños y la gloria deportiva.

El presidente de la Nación, Mauricio Macri insiste, como hace 20 años atrás, en el establecimiento de las Sociedades Anónimas Deportivas. Parece complicado que la empresas privadas logren romper con este paradigma de pertenencia pero esta vez la presión surge desde lo más alto del poder ejecutivo nacional.

Las cartas están sobre la mesa y la mano aún está en juego.

 

Cristaldo, Jose Nahuel 2ª TM