Balas perdidas: las que no entienden de objetivos

Cientos de familias anualmente se ven atravesadas por el dolor de perder a un ser querido solo por haber estado en el lugar y en el momento no indicado

En fechas cercanas a las fiestas, varias organizaciones, concientizan a través de spots publicitarios sobre el uso de la pirotecnia y las consecuencias que tiene tanto en animales como en personas con autismo, por ejemplo. Aunque parezca increíble, sería una gran idea comenzar a hacer este tipo de acciones para evitar el uso de armas durante los festejos. Ya que mucha gente «celebra» disparando al cielo en señal de vaya a saber uno qué.

Maite Almirón festejaba la Navidad junto a su familia en la localidad bonaerense de Merlo. Pasadas las 12, mientras se entretenía con los regalos que le trajo Papá Noel, su vida se apagó. Una bala perdida impactó sobre su cabeza y se desvaneció. Sus padres la llevaron al hospital Eva Perón y el cuadro ya era irreversible. Tenía muerte encefálica y lo único que había que esperar era un milagro.

El milagro nunca llegó. El 27 de diciembre, Maite falleció y dejó a una familia devastada. Por el caso hay un detenido. Se trata de la pareja de una vecina de la menor. Todavía no hubo sentencia alguna y la familia de la víctima solo espera una cosa: justicia.

Lamentablemente, hay muchos más casos como el de Maite. Muchas personas también pierden la vida por culpa de balas perdidas en enfrentamientos entre delincuentes. Uno de ellos es el caso de Miryan Graciela Zuñiga, quien murió luego de que un balazo impactara en su cráneo.

La víctima se encontraba en su casa de Billinghurst, cuando un disparo, producto de un enfrentamiento entre dos bandas, atravesó la pared de durlock del domicilio (sí, la atravesó por completo) e impactó en la cabeza de Zuñiga. Así. Sin aviso previo, una joven de 20 años perdía la vida consecuencia de un acto delictivo en el que no tenía nada que ver.

También existen casos de negligencia policial. Claro está que los uniformados de nuestro país están preparados para hacer uso de las armas, pero los accidentes pasan y a veces, desafortunadamente, hay gente que sale herida. Tal es el caso de Guillermo Galván, camarógrafo de canal 9. Mientras cubría una nota en la seccional 4ta. de San Martín, el arma del oficial Gabriel Larralde se disparó accidentalmente e impactó en el tórax del técnico, quien fue llevado de inmediato al hospital interzonal de agudos de San Martín «Eva Perón». Por suerte, no pasó a mayores y luego de algunos días internado, Galván fue dado de alta sin ninguna secuela física.

Por su parte, a Larralde se le elevó un sumario interno y debió someterse a una investigación.

Los mencionados son solamente algunos de los tantos casos en los que personas inocentes mueren o salen lastimadas por disparos mal direccionados. Sus vidas se apagan de un momento para el otro. Se destruyen familias, sueños y proyectos, únicamente, por estar en el momento y en el lugar no indicado.

Diego López