Cien veces Evita

El martes 7 de mayo, Eva Duarte de Perón cumpliría un siglo de vida. La historia de una mujer cuya obra quedó grabada por siempre en el imaginario de la sociedad argentina. Sus elogios, y también sus cuestionamientos.

Aclamada y odiada, la figura de Evita se impregnó de manera indiscutida en el imaginario colectivo argentino.

El martes 7 de mayo, Eva Perón cumplió 100 años. Cumplió un siglo una de las figuras políticas más trascendentales de la historia argentina.

Nació el 7 de mayo de 1919, para algunos historiadores en Los Toldos, partido de Viamonte y para otros, en Junín, en el seno de una familia humilde. En aquella época, los niños como Eva Duarte y sus cuatro hermanos eran llamados «hijos ilegítimos» o «bastardos», debido a que eran fruto de una relación extra matrimonial. En el caso de Eva, su padre, Juan Duarte, mantenía dos familias: una legítima en Chivilcoy y otra en las sombras con la madre de Eva, Juana Ibarguren. Esos tiempos de difamación y discriminación hacia las personas cuyos padres no se habían casado entre sí, marcó mucho el carácter de Eva. Es por eso que, ya en el gobierno, impulsó leyes anti discriminatorias, como la sancionada dos años después de su muerte en 1954, orientada a igualar en condiciones legales a todos los niños al margen de las relaciones «ilegítimas» de sus padres.

Luego de una dura infancia, a los quince años, Eva viajó a la Ciudad de Buenos Aires sin recursos ni educación con el sueño de ser actriz. Sobrevivió con pequeños papeles en radio y teatros. Ya en los años ’30 su nombre empezó a tomar notoriedad en el mundo del espectáculo, su rostro se veía en la mayoría de las tapas de revista de actualidad de la época, y también fue una de las fundadoras de la Asociación Radial Argentiuna (ARA), el primer sindicato de trabajadores de radio donde, además, fue presidenta.

El 22 de enero de 1944 su vida y la de muchos argentinos cambió. Esa fecha fue elegida por el entonces coronel Juan Domingo Perón para realizar un festival solidario en el Luna Park por los habitantes de San Juan que habían sido víctimas de un brutal terremoto que había destruido casi toda la provincia. El coronel Perón, que además era Secretario de Trabajo y Previsión Social de la Nación, pidió ayuda a todas las figuras del espectáculo argentino. Entre ellas se encontraba Eva Duarte, que se le presentó al funcionario para ayudarlo en todo lo que necesitase. El flechazo entre ambos, aseguran distintas fuentes, fue instantáneo. Y nunca más se separaron. Se casaron en 1945 y ella dio por finalizada su carrera artística. En esos momentos, la figura de Perón crecía favorablemente en los sectores humildes y los trabajadores. Durante su gestión al frente de la Secretaría, los obreros ganaron derechos y obtuvieron indemnizaciones por despidos, vacaciones pagas, aguinaldos, jubilaciones, y se firmaron numerosos convenios de trabajo, además del Estatuto del Peón.  A la par, la figura de Perón crecía negativamente en los sectores mas conservadores del país y de un sector del Ejercito Argentino, que veían en él a un futuro enemigo. Esto llevó a que Perón fuera destituido de todos sus cargos en el Gobierno y encarcelado el 13 de octubre en la Isla Martín García.

El 17 de octubre de 1945, grupos de obreros se movilizaron de manera genuina y espontánea a la Plaza de Mayo movilizados por la detención y reclamando su liberación. Ese mismo día Perón fue liberado. Se presentó a las elecciones presidenciales de 1946, las que ganó rotundamente el 24 de febrero. Eva Duarte pasaría a ser Eva Perón y primera dama de todos los argentinos.  Las masas humildes, acostumbradas a vivir en las sombras, ahora formaban parte de las cuestiones de Estado. La primera presidencia de Perón se caracterizó por las grandes movilizaciones públicas y escenografías monumentales. Para algunos detractores del peronismo, estos eran cultos fascistas.

El 17 de octubre fue designado como el Día de la Lealtad Peronista, y cada 1 de mayo se realizaban concentraciones masivas en la Plaza de Mayo y la 9 de Julio. El lenguaje «patrio» usado para sus eventos era lo que más enojaba a los rivales de Perón: tensos y acalorados debates entre peronistas y opositores se desarrollaban en el Congreso Nacional, a los que se sumaban denuncias por violaciones de las libertades individuales y días de arresto en cárceles. Evita, sostenían sus detractores, era la cara tierna de un gobierno con matices represivas, pero que al mismo tiempo fomentaba la industria nacional, hacía crecer la economía y estatizaba los servicios públicos.

El debut de Eva como primera dama ocurrió cuando viajó a la Europa de la posguerra, en la que visitó al dictador de España, el general Francisco Franco; y en Italia, al papa Pío XII. Fue recibida en la Argentina por su marido y por una multitud que vitoreaba su nombre. Evita fue quien defendió el derecho al voto femenino y el 3 de septiembre de 1947 el Congreso Nacional lo aprobó. Esa mujer joven y hermosa que vestía con tapados de piel y joyas, se convertía en la colaboradora de los humildes con su recordado rodete y traje sastre. Fue ella quien creó la Fundación Eva Perón, que se encargaba de dar trabajo, crear barrios obreros, hospitales, colonias de vacaciones para niños. También levantó la Ciudad Infantil y creó hogares de tránsito para madres solteras. Todas estas obras se llevaban a cabo por un descuento que el Gobierno peronista les quitaba de los sueldos a los trabajadores. Evita era una santa para sus devotos y una enemiga para las mujeres de la clase alta argentina, como las Damas de Beneficencia, organismo que a Evita le disgustaba y no lo ocultaba.

Para Evita, no se trataba de dar limosna a las personas pobres, sino de hacer justicia social, lema que siempre se le jactó al peronismo. Por todos estos motivos, en el año 1951, la CGT le pidió al Gobierno que la fórmula para las próximas elecciones presidenciales fuese Juan Domingo Perón – Eva Perón. Evita quería ser vicepresidenta, pero las presiones de los militares, sumado a que poco tiempo después a Eva le descubrieron cáncer de útero, lograron que ella desistiera de esta decisión y se bajara de su candidatura en el día conocido hoy como el del «Renunciamiento». El 31 de agosto de 1951, pronunció: «No renuncio a la lucha, renuncio a los honores». El 11 de noviembre se realizaron las elecciones presidenciales. Por primera vez votaron las mujeres. Perón fue reelecto.
El 1 de mayo de 1952, Eva dio su último discurso ante sus simpatizantes. El 4 de junio acompañó a su marido a la asunción de su segundo mandato. El 26 de julio, el Gobierno anunció por cadena nacional que quedó grabado en la conciencia de los argentinos: «A las 20:25 ha fallecido la Señora Eva Perón, jefa espiritual de la Nación». Tenía entonces 33 años.
Su velatorio duró tres días. Fue apodada por las clases populares como «la abanderada de los humildes». En cambio, la alta clase argentina y el resto de los opositores se refería a ella como «esa mujer». Lo que siguió después fue la decadencia del peronismo. Dos años y medio más tarde, Perón fue derrocado por un grupo de militares en una sublevación que se llamó Revolución Libertadora, encabezada por Isaac Rojas y Pedro Aramburu. Este nuevo gobierno de facto decidió proscribir todo lo que tuviera que ver con Perón o el peronismo. El cadáver de Evita no sería la excepción. Se lo robaron de la CGT, donde estaba embalsamado, lo ultrajaron, lo violaron y lo mandaron a España con otro nombre. Lo recuperó Perón en su tercera presidencia en el año 1974. Actualmente sus restos descansan en el cementerio de Recoleta. Irónicamente, «el cementerio de los ricos», donde también descansan los restos del general Aramburu, autor intelectual del secuestro de su cadáver.
El pasado martes 7 de mayo, María Eva Duarte de Perón cumpliría 100 años. Su nombre es utilizado como bandera por todos los trabajadores del país desde aquel 1952, donde dejó la vida física para pasar a la inmortalidad. Sigue siendo hablada, retratada, caracterizada en películas y obras, en libros, en calles y estadios que llevan su nombre.
Para muchos, ella fue la precursora de la igualdad entre hombres y mujeres. La primera en empoderar a las mujeres. También sigue viva en quiénes la cuestionan y en los que la critican por su intolerancia. Sigue presente en cada lucha, en cada bandera, en girones de cada vida. Sigue viva, 100 veces más, Evita.