La desconocida cara musical de Buenos Aires

Multifacética como pocas ciudades en Sudamérica, Buenos Aires ofrece una amplia variedad de posibilidades para los apasionados por la música. Cuáles son las alternativas más elegidas por quienes desean seguir este camino.

Si uno analiza la historia musical de la Argentina, puede hallar grandes exponentes que la han representado a nivel mundial. Desde los añejos tangueros -con Carlos Gardel a la cabeza-, hasta los variados conjuntos de rock de la década de 1980, donde Soda Stereo se afirmó como uno de los máximos estandartes. Justamente, y tomando el nombre de una de las canciones de la banda comandada por Gustavo Cerati, la “Ciudad de la Furia”, Buenos Aires, capital de la nación, hoy en día cuenta con una vasta oferta educativa para aquellos que quieran ser parte de la historia musical de su patria.

Al navegar por cualquier buscador en pos de obtener información acerca de dónde realizar estudios musicales en el país, la mayoría de los resultados arrojados corresponderán a instituciones ubicadas en la Ciudad de Buenos Aires (y en algunos casos, que son los menos, en el Gran Buenos Aires).

Si bien en el resto de las provincias argentinas hay ofertas educativas relacionadas a la música, estas se ven disminuidas ante el extenso abanico de posibilidades que existen en la Capital Federal y que abarcan los diferentes niveles educativos. Por ejemplo, los chicos que concurren a la Escuela Primaria pueden optar entre 15 instituciones que están bajo la órbita del Gobierno de la Ciudad, en las que pueden iniciarse en el mundo musical. Allí aprenden sobre diferentes tipos de instrumentos y además se forman en asignaturas como Lenguaje Musical, Canto Coral, Conjunto de Cámara, Expresión Corporal y Danzas Folklóricas, entre otras.

Banda formada por alumnos de la escuela Palermo Sounder. Foto: El Destape Web.

A pesar de ser complementarias, estas escuelas son de vital importancia para la formación de los más chicos. No sólo porque brindan la posibilidad de aprender a tocar instrumentos de manera gratuita, sino porque además allí se enseña la lectoescritura musical, algo que a la postre, en caso de querer seguir profundizando en la materia, será de carácter obligatorio. A esto también se le suma la posibilidad de exponer los avances realizados en el Salón Dorado de la Legislatura Porteña, algo que puede ser un gran incentivo para los jóvenes músicos.

En la escala educativa siguiente, la Escuela Secundaria, también hay opciones variadas en cuanto a la formación musical. El gobierno porteño tiene a su cargo el Instituto Vocacional de Arte “Manuel J. de Labardén” y la Escuela Superior de Educación Artística en Música “Juan Pedro Esnaola”. Mientras que la primera ofrece cursos extracurriculares para los adolescentes, la ESEAM brinda la posibilidad de estudiar música y bachillerato en un mismo edificio (aunque siempre con la prioridad puesta en la formación musical, que culmina con el título de Intérprete).

También en este nivel educativo, se puede encontrar una propuesta innovadora ya dentro del ámbito privado. Se trata de Palermo Sounder, una escuela que permite cursar el bachillerato por la mañana y la carrera de música por la tarde, pero con la particularidad de tener una orientación contemporánea, en la que se aprende sobre géneros como el rock y el pop. Además, la formación incluye grabación y producción musical, enseñanza que es certificada por la Universidad Tecnológica Nacional (UTN).

La tendencia de incorporar lo contemporáneo es algo frecuente en la educación artística en la actualidad. Así como ocurre en la Escuela Nacional de Danzas “Aída V. Mastrazzi”, también ocurre en las instituciones de nivel secundario y, por supuesto, también en los niveles superiores. En esa escala, dentro de la Ciudad de Buenos Aires se hallan dos conservatorios que gozan de gran prestigio a nivel nacional: el Ástor Piazzolla y el Manuel de Falla.

El Conservatorio Superior de Música de la Ciudad de Buenos Aires “Ástor Piazzolla” es el heredero del reconocido Conservatorio Nacional de Música, que se fundó en 1924 y se dividió en dos instituciones en 1989: una de ellas fue el Ástor Piazzolla, para la educación superior; la otra fue la Escuela Nacional de Música, de enseñanza media. En el CSMCB, lo tradicional prevalece y la oferta académica incluye profesorados especializados en diferentes ramas de la música clásica.

Por su parte, el Conservatorio Superior de Música “Manuel de Falla” tiene otra orientación. Como contracara de lo tradicional, aquí lo contemporáneo es lo que se destaca, y puede optarse por carreras como las tecnicaturas en Jazz, Etnomusicología y Música Popular Argentina, entre otras diversas especialidades.

Coro de alumnos de la Escuela de Música “Juan Pedro Esnaola”. Foto: Facebook Escuela de Música “Juan Pedro Esnaola”.

Más allá de que muchas de las instituciones mencionadas sufrieron -y sufren- problemas edilicios por la falta de mantenimiento, perduran en el tiempo. Su nivel de educación y el reconocimiento obtenido hasta este entonces son otra muestra de la calidad de la educación pública nacional, que siempre debe mejorar, pero que también es una garantía para el pueblo argentino. Un pueblo ecléctico, que se deleitó con los cantos del “Zorzal criollo” allá por la década de 1920, o con las profundas e indescifrables letras de un loco con bigote de dos colores en la década de 1970, y que seguramente vibrará con algo de lo producido por aquellos jóvenes que hoy transitan las aulas porteñas en las cuales disfrutan gratuitamente de su pasión por la música.

Imagen destacada: Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires

Martín Bugliavaz
2° “B” T.N.