Los videojuegos pueden pasar de adicción a enfermedad

Los menores son los más afectados por este trastorno, por lo que la solución sería limitar los horarios de juego

Estar pendiente de los videojuegos tendrá como consecuencia un tratamiento para controlar la posible enfermedad.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) agregó un nuevo trastorno mental en su listado de enfermedades que es la adicción a los videojuegos. Este problema surge en niños, jóvenes y adultos, en quienes los juegos que requieren uso de Internet serán los que mayores problemas presentan, aunque no se descarta que los juegos offline llegan a esa adicción, pero de una manera más lenta. Muchos de estos juegos tienen el poder atrapar a los usuarios a tal punto que los empieza a aislar de todo lo exterior; por ejemplo, baja la atención hacia la familia, pareja, amigos, estudio e incluso el trabajo, ya que su pensamiento esta pendiente de que el estar concentrado en el objetivo del juego es más importante que el resto, y será en este momento cuando el jugador deberá solicitar ayuda.

Los niños viven en un mundo tecnológico avanzado, por lo que el inicio para prevenir estos trastornos está en los padres. Varios padres optan que el uso de celulares a corta edad (de 3 años en adelante) es un caso de inteligencia del menor ya que entiende el desafío que el juego le propone, aunque surgen otros casos en lo que ambos padres deberán ver cómo se comporta su hijo al momento de jugar con videojuegos. Si no responde de buena manera, lo aconsejable es limitar su tiempo de juego y así lograr que su concentración no este sólo en esa distracción.

Los signos o síntomas que podrían presentarse son: superar las 30 horas de juego semanalmente, no comer (sobre todo, la cena), la necesidad de jugar o respuestas emocionales intensas cuando esto no es posible, bajo rendimiento laboral o escolar por el juego, dificultad de dormir u otros cambios de hábitos. Sobre lo emocional, surgen golpes a sí mismo o incluso gritos y hasta llantos por no estar haciendo las cosas de la manera correcta. Los gamers lo identifican como un “desahogo” que los ayuda a liberar tensión o a relajarse. En el caso de las consolas de videos (PlayStation, Xbox, etc.) los que sufren son los joysticks. En el momento que una persona está muy enfadada tiende a romper el mando por la desesperación. Los videojuegos tienden a que una persona inicie una pelea con otra, tanto de manera Online como LAN (por ejemplo, juego de fútbol en una casa con amigos) lo que genera insultos, provocaciones o bromas que llevan directamente a peleas físicas.

Los problemas más graves se presentan en Estados Unidos. Muchos adolescentes y adultos ven que los videojuegos resultan ser una escapatoria de la vida cotidiana, aunque muchos tienen el pensamiento de que se logró una conexión social con los otros usuarios. La institución reSTART está dedicada a esas personas que tienen un problema con la adicción a Internet. Los especialistas que trabajan en la misma reciben llamados de padres que buscan con urgencia la separación de sus hijos y los distintos dispositivos que porten una pantalla que los distraiga de sus tareas principales como lo es el estudio.

“Estamos hablando de chicos jóvenes que dejan actividades cotidianas, que no trabajan, no estudian, pasan gran parte del día encerrados y casi no tienen contacto con otras personas. Es una patología muy grave cuando se da”, expresó Laura Jurkowski, psicóloga y directora de la fundación reConectarse, centro de especialización sobre adicciones a Internet, videojuegos y uso de la tecnología.

Una menor de 9 años en Gran Bretaña padeció estos problemas, pero pasó un extremo, ya que llegó a orinarse encima con tal de no cortar la partida que estaba jugando. La niña esperaba a que sus padres estuvieran dormidos para jugar al Fortnite en la madrugada, con lo cual, en el momento de estar en el colegio se dormía por el cansancio. Llegó a gastar U$S 50 por mes para fortalecerse en el juego, lo cual en una persona de su edad no es algo usual.

Una maestra citó a los padres para manifestarles que la menor decayó en sus notas, lo cual despertó preocupación. Al hablar con la niña sobre este tema, ella optó por reaccionar de manera agresiva hacia ellos. Esta situación llevó a que los padres le limitaran los tiempos de juego e incluso si no respondía de buena manera en el estudio, le sacaban de su poder la consola de videojuegos. En una oportunidad, el padre encontró a su hija jugando por la madrugada, a lo que decidieron consultar con especialistas para empezar un tratamiento con el fin de que tenga la vida de una niña de 9 años.

Matías Sánchez

Fuente: Diario The Mirror